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Debate nuclear y sentido común

    Mirando con atención a lo que está ocurriendo en la central nuclear de Fukushima, en Japón, tras el terremoto y el tsunami de los pasados días, la canciller Angela Merkel, que es actualmente la 'dama de hierro' de Europa, ha suspendido por tres meses la prórroga de las 17 plantas nucleares de Alemania. No es que la señora Merkel haya cambiado de opinión sobre la política energética de su país sino, sencillamente, que es sensible a un estado de alarma mundial, cuyas verdaderas consecuencias tardarán en ser determinadas y conocidas. Como ocurrió con la catástrofe de Chernobil, lo que sucede en la central nuclear de Fukushima (y por mucho que las circunstancias y las consecuencias puedan ser distintas)  tiene un gran peso sobre la opinión pública mundial, de ahí que la señora Merkel haya optado por un aplazamiento tras la impopular medida de prorrogar la vida de las viejas plantas atómicas alemanas.     Doctores tiene la ciencia, pero la política consiste en cooperar a que los ciudadanos se sientan seguros. En España también han saltado algunas alarmas, y se sigue con atención lo que ocurre en Japón: en primer lugar, la gran tragedia humana, pero también el desenlace de los daños de la central nuclear. Desde el PSOE se insiste en que “la alarma no es el mejor escenario para un debate”,  y desde el Partido Popular mantienen que ellos siempre han apostado “por la seguridad en todas las fuentes de energía”. También, desde la sociedad de las gentes de a pie, han surgido voces discrepantes, mientras se enfrentan el poderoso lobby nuclear y la opinión de los ecologistas.       Esperemos que el tiempo ponga las cosas en su sitio, y que termine por imponerse la verdad científica confabulada con el sentido común. Por cierto, un sentido común  (y cambiamos de asunto) que en Barcelona tiene una organización que asume la defensa de este valor humano que es la sensatez, tal como nos comentaba su presidente, Javier Martí- Y también ayer, ese 'Grupo Cívico Sentido Común' premió en Barcelona al Patronato de la Sagrada Familia, una institución que ha sido el motor de la continuidad del gran proyecto del arquitecto Gaudí. Quien les habla tuvo el honor de intervenir en el acto, y les aseguro que fue un tributo a los valores más nobles de la condición humana. Sentido común, pues, amigos, así en Japón como en Alemania como en este país maravilloso que es España, que se debate históricamente y a bandazos  entre Sancho Panza y Don Quijote, país apaleado tantas veces por la picaresca y por la intolerancia. Es decir  -e insistimos-  por todo lo contrario de lo que aconseja el sentido común. > Escuche las columnas de Luis el Olmo en vídeo:
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