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De Pedro I el cruel a Mariano Rajoy

En 1366 Pedro I se enzarzó con su hermanastro Enrique en la que es tenida por la Primera Guerra Civil Española: enfrentó a dos hermanos y chocaron dos concepciones de la misma sociedad. Ambos contendientes eran hijos de Alfonso XI, pero Enrique era bastardo. Pedro I reinaba pero no era un tipo muy espabilado. De hecho, fue su escaso criterio, su incapacidad para la estrategia política y su constante felonía incumpliendo cuanto pactó lo que le llevó a perder una guerra que debió ganar por recursos, legitimidad y alianzas. 650 años después veo con tristeza que, a pesar de las mejoras obvias del progreso, los españoles seguimos sin superar los desbarajustes de entonces. Así, por ejemplo, a nuestro presidente se le considera hombre poco cumplidor en casi todos los ámbitos y una de las razones por las que Pedro I perdió su reino fue, precisamente, sus traiciones a franceses, gallegos, leoneses, aragoneses, valencianos, portugueses, a su esposa Blanca de Borbón, a su amante María de Padilla… En 1360 la población estaba descontenta con sus señores porque dilapidaban los haberes comunes y los señores, por su parte, estaban hasta el moño de sostener al rey con sus tributos y recibir a cambio bastante menos de lo que aportaban. Hoy estamos hartos de los políticos porque dilapidan lo recaudado y administran lo común con prodigalidad e ignorancia. Por su parte, los políticos autonómicos declaran la injusticia que supone recibir menos de lo que se da al estado central minando irresponsablemente el valor de la Casa Común y gestionando con igual negligencia. En los tiempos de Pedro el Cruel la Guerra de los 100 años marcaba nuestras alianzas con los europeos y hoy, a siete siglos de distancia, lo hace la guerra de Libia y su pretenciosa Odisea del Amanecer. En el XIV España sufría una crisis económica provocada por la guerra, la pésima gestión (política) de los negocios y la incapacidad de los señores feudales para modernizar la explotación agraria. En 1381 la Banca Gualbes de Barcelona quiebra por una acumulación de pésimos negocios (activos tóxicos) y arrastra en su caída los negocios con otros puertos del Mediterráneo. Sumemos que el estancamiento de la natalidad provocó un incremento de la población hebrea y árabe en las ciudades cristianas y supuso un creciente nivel de “conflictividad social” (del que quiso aprovecharse Pedro I) y recordemos que también en aquellos años remotos se produjo el primer gran cambio climático de la era moderna, la Pequeña Edad de Hielo, que complicó aún más el desarrollo agrario.   En los tiempos que vivimos España sufre una crisis económica aguda por la pésima gestión del sistema productivo, estamos asistiendo a la voladura controlada del sistema de Cajas de Ahorro, la baja natalidad ha provocado un aumento de la población inmigrante que algunos quieren aprovechar electoralmente y el cambio climático es una de los ejes principales a considerar en el nuevo ciclo. En el siglo XIV la corrupción política se convirtió en un problema “nacional” por primera vez y en 1345 fue famoso el caso de Licras, procurador del rey de Navarra que se hizo millonario robando al erario. Detenido por agentes de la reina Juana II, fue juzgado y condenado: se le arrastró por las calles de Pamplona, se le cortó la lengua al pie del patíbulo y fue ahorcado. Hoy, siete siglos después, más de 500 casos de corrupción de PSOE y PP esperan turno judicial y el más famoso se llama Gürtel. Solo que la ley actual es francamente más benévola. Finalmente, en 1369 Enrique derrotó a Pedro I, le sucedió como Enrique II e inauguró la dinastía de los Trastámara que 100 años después eclosionaría en los Reyes Católicos. Este rey ha pasado a la historia también por las llamadas “Mercedes Enriqueñas”, concesiones y subrogaciones de la autoridad real a los señoríos y reinos periféricos. Las villas se hicieron Realengas, Abadengas y Señoriales en función de la menor o mayor autonomía de que gozaran. No sé qué pensarás, lector, pero a mí se me parece mucho esto a lo que se viene practicando entre el gobierno de la nación y los gobiernos autonómicos desde 1979. Algo sí ha cambiad entre el siglo XIV y el XXI. Entonces modelaban el castellano letrados como el Arcipreste de Hita, el Marqués de Santillana o don Juan Manuel. Hoy, en cambio, tenemos que soportar la sintaxis de Ruiz Zafón, las bobadas de Boris Izaguirre o partos como La catedral del Mar del pesadísimo Falcones. Tal vez por eso Cebrián y Ansón son académicos y tal vez por eso padecemos a Zapatero y sufriremos a Rajoy Brey con bastante probabilidad. ¿Cómo era aquello de que los pueblos que olvidan su historia están condenados a repetirla
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