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Zapatero hace ‘las europas’

Zapatero hace ‘las europas’

Zapatero emprende esta semana el que puede ser uno de sus viajes más importantes: a la ‘cumbre’ europea. En la que, ciertamente, el tema estrella será Grecia, las ayudas complementarias a la muy decaída economía helena. Pero donde tampoco cabe desconocer que se mira de reojo a España. El presidente lleva, piensa, los deberes hechos: las reformas laboral y financiera más o menos hilvanadas . Veremos.   Veremos, sí, porque el decreto de negociación colectiva, apresuradamente aprobado hace una semana por el Consejo de Ministros, comienza su andadura parlamentaria este miércoles, y experimentará sin duda notables transformaciones: Zapatero necesita, si de veras no quiere adelantar las elecciones, superar este trámite. Y, para encontrar las alianzas necesarias –ya está en ello--, o al menos para lograr que Ciu y PNV se abstengan, tendrá que hacer no pocas concesiones.   El caso es que, con un texto que no puede desagradar a la gran patrona(l) Merkel, Zapatero se presentará ante sus colegas europeos en busca de una aprobación que no solamente dé oxígeno a España en los mercados, sino que también, cuestión secundaria pero importante, que le dé oxígeno a él mismo ante el debate sobre el estado de la nación, que se celebrará a finales de este mes con perspectivas poco halagüeñas para el presidente del Gobierno frente a un Mariano Rajoy crecido.   La verdad es que la reforma laboral está hecha a retazos, con algunas incongruencias, y va a servir poco, en mi opinión, para la creación de puestos de trabajo, aunque Zapatero insista con mucha frecuencia en lo contrario. Pero sí es cierto que, formalmente, puede calmar las ansias de sangre española de algunos mercados, de algunos medios especializados anglosajones y de ciertas agencias de calificación que buscan hacer su agosto en primavera gracias a nuestro país.   Pero, al tiempo, es innegable el descontento interno, claramente manifestado, por si hicieran falta pruebas, este domingo en las calles. Es palpable el deterioro de la imagen de los sindicatos –que están realizando un notable papel de contención de las iras de un importante sector de la ciudadanía--. Y tampoco puede negarse la existencia de una cierta fractura social. Gran parte de todo ello se ha ido gestando a lo largo de un año vivido por el presidente del Gobierno bajo la presión de los ‘motores’ de la UE, Francia y Alemania.   Hay que reconocer que el presidente español, con todo su talante, no ha sabido o podido hacerse un hueco con el suficiente peso específico entre los líderes europeos. Tampoco el poder económico de España lo facilita. Pero ello no obsta para admitir que España cuenta ahora menos que antes internacionalmente. Por decirlo algo frívolamente, ni Zapatero ha aprendido idiomas lo suficientemente bien –aunque algo sí haya aprendido--, ni la actual ministra de Exteriores, Trinidad Jiménez, tiene entre sus colegas el reconocimiento que sí tenía el diplomático Moratinos, que este domingo se enfrenta en Roma a las elecciones para convertirse, o no, en director general de la FAO, la agencia alimentaria y de agricultura que es una de las más importantes de las Naciones Unidas.   Para colmo, Zapatero está a punto de perder a uno de sus más importantes y competentes asesores internacionales: su secretario general, el diplomático Bernardino León, que, Catherine Alshtom –‘miss Europa’—mediante, podría convertirse en una suerte de embajador extraordinario europeo cerca de la ‘primavera africana’. Un bonito cargo para una de las personas que más benéfica influencia ejerce en La Moncloa junto con el jefe del Gabinete José Enrique Serrano. Dejar partir a León es otro paso más en el largo adiós que ya ha emprendido un Zapatero que, sin embargo, aún tiene que dejar algunas cosas atadas y bien atadas. Por ejemplo, lo de este próximo fin de semana en el Consejo Europeo.  
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