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Las vacaciones de la crisis (Capítulo IV)

Las vacaciones de la crisis (Capítulo IV)

martes 14 de agosto de 2012, 15:54h
Casi con nocturnidad y alevosía dejamos el chalé de mi amigo Antonio en La Antilla y, sin despedirnos de nadie, no sea que a alguien le diera por echarnos en cara nuestra desinteresada y generosa amistad, hicimos las maletas y emprendimos el viaje en dirección a Sevilla. Y es que aunque nuestro destino final era la costa almeriense, para pasar otro fin de semana de gorra en el apartamento de Juanito en Roquetas, soy consciente de que no se puede abusar y, antes, hay que dejarse caer por casa para darle una vuelta al piso que lleva cerrado un par de semanas y en estas fechas siempre hay amigos de los ajeno que está a la que salta. Además, mi parienta, que es mucho de la Virgen de los Reyes, no quiere perderse la procesión, que maldita la gracia que me hace a mí con el madrugón que hay que pegarse y con la calorina de estas fechas estivales. Bueno, si he de serles sincero, también tengo que reconocer que mi paso por Sevilla tiene algo que ver con estas "vacaciones gorronas" que nos hemos planteado meticulosamente este año. Mi señora tiene una amiga que se llama Reyes y que celebra por todo lo alto su onomástica con unas pantagruélicas fiestas en las que no falta de nada. Así que aprovecharemos la etapa urbanita hispalense para acudir a su terraza, en el Aljarafe, y ponernos ciegos de viandas. Una comilona gratis total es una comilona irrenunciable y no se puede dejar pasar así como así. Sobre todo si en el bolso guardas unos "taper" y los vas llenando sin que se den cuenta. En contrapartida, me acercaré a un chino que yo conozco y le compraré cualquier chorrada de cinco euros que dé el pego. Con tal de que se crea que se la hemos comprado en Puerto Banús, y para eso mi señora es capaz de convencer al más pintado, cumplimos el trámite.

Mi gozo en un pozo. Estoy comprobando que la crisis es más dura de lo que pensábamos. Me acerco al chino de mi barrio y me lo encuentro cerrado y con el clásico cartel de "se alquila". Esto es bastante peor que el cierre de sucursales bancarias. Que un chino dé el portazo significa que la economía española está en las últimas. Ni deuda pública ni prima de riesgo ni crack de la bolsa. Si "Te-fun-doo" (que así se llama la tienda de ropa) cierra, significa que estamos en las últimas. No, si al final voy a tener que acudir a las rebajas del Corte Inglés y tirar de tarjeta para buscarle una pulserita de bisutería y así cumplir con Reyes. Aunque aun me queda otra opción que es la de comprarle un pañuelo o un abanico de los que venden los manteros en la Avenida o en la calle Tetuán y sacarlo por tres euros tras el regateo. O en último caso emular a Sánchez Gordillo y unirme a una partida de sus colegas los del SAT para asaltar cualquier supermecado de productos gourmet. Así podría agenciarme un par de botes de colonia, un pañuelo de seda o una caja de buen vino y unos patés para quedar como si fuéramos unos potentados. Hombre, yo no tengo inmunidad parlamentaria como el alcalde de Marinaleda, pero visto lo visto y el miedo que le tiene el Gobierno a plantarle cara a estos nuevos bandoleros campesinos, no creo que la Policía me reciste y menos que me detenga. Si Gordillo es el Robin Hood de los supermercados, yo soy el Diego Corrientes de las tiendas gourmet que es más de aquí y no chapurrea el inglés de Nottinghan. A lo mejor les digo que lo robado es para acabar con la huelga de hambre de los presos de ETA, del Otegi y compañia, y cuela. La necesidad es la necesidad y, dado el estado de mi cuenta corriente de Cajasol, no hay nadie más necesitado que yo en estos momentos.

El único problema que se me plantea es que la parienta, mi señora, se empeña en comprarse unos trapitos para acudir a la fiesta de su amiga Reyes. Y. claro, no está la cosa como para dispendios. Sobre todo porque tiene más peligro que una caja de bombas. Imagino que les habrá pasado a todos ustedes. No hay nada más peligroso que regalarle a una mujer un pañolito mono. Inmediatamente se ponen las pilas y buscan un vestido a juego, unos zapatos, una camisa, unas pulseras y el pañuelo en cuestión, que costó un par de euros, te sale, como poco, por quinientos del ala. Así que con cara de cordero degollado le digo:

-Mira, Pili. En estos momentos no podemos permitirnos esos gastos. Así que ponte cualquier cosa fresquita y veraniega para salir del paso que tampoco es que vayamos a una recepción real o a la boda de los Príncipes. Total, con la poca luz que tiene Reyes en su jardín no se va a notar nada si repites cualquier modelito.

-Ni hablar, Pepe. Bonicas son mis amigas. Te hacen la radiografía nada más llegar. Sobre todo la víbora de Paquita que te da dos cariñosos besos de saludo y te está clavando el cuchillo por la espalda. Así que no hay más que hablar. Yo no estoy dispuesta a hacer el ridículo una vez más. Llama ahora mismo a Cofidis el dinero directo y le pides mil euros, que ya se los pagaremos cuando nos toque la primitiva.

Y dicho y hecho. Mil euros más a la cuenta de débitos. Menos mal que la crisis se está acabando y que los alemanes nos van a intervenir pronto para salvarnos a nosotros y a los chinos, que si no...Eternamente agradecido santa Angelita Merkel.
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