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Escrache

Escrache

lunes 15 de abril de 2013, 09:58h

Cada cierto tiempo aparecen palabras en el uso cotidiano que antes no estaban, y que reflejan una forma de expresión, un comportamiento o una definición ante un hecho o circunstancia de modo excepcional. Hasta hace unos meses mucha gente desconocía el término 'Escrache'. Sin embargo, ahora mismo está en boca de todos por las acciones de protesta que están llevando a cabo la Plataforma de Afectados por la Hipoteca y el tratamiento informativo, a favor y en contra de los medios de comunicación, según del pie que cojeen.

Según el Diccionario de Americanismos de las Academias de la Lengua el término se refiere a "la manifestación popular de denuncia contra una persona pública a la que se acusa de haber cometido delitos graves o actos de corrupción y que, en general, se realiza frente a su domicilio o en algún otro lugar público al que deba concurrir la persona denunciada".

De hecho la palabra escrache proviene del americanismo 'escrachar', término que significa, entre otras cosas, "dejar en evidencia a alguien". El Escrache es una forma de protesta ante una situación límite para muchas familias. Al margen del significado o de la utilización del término en países como Argentina, en lo que concierne a España, es una forma de denuncia pública ante el domicilio de los que tienen responsabilidades en los gobiernos, para afearles su conducta y recriminarles la falta de soluciones ante situaciones que ellos mismo han provocado y sobre las que tratan de escurrir el bulto, sin responsabilidad o culpa.

Muchas son las opiniones que estos hechos acarrean; a favor y en contra, pero hay que tener en cuenta, que tanto si se analiza de una manera positiva como negativa, siempre nos encontramos a quien de la protesta obtiene su papel de víctima o verdugo, según el color del cristal con que se mire. No faltan voces críticas, sobretodo desde el gobierno, que denuncian esta situación y que aprovechan los recursos informativos y mediáticos para hacer campaña en contra, llegando a tildar de comportamiento antidemocrático, incluso añadiendo términos nazis, para intentar confundir a la opinión pública y criminalizar a aquellos que protestan.

Lejos de tomar parte por uno u otro bando, si es que de guerras se trata, lo primero que hay que pensar es en las víctimas. Toda contienda, por leve que sea acarrea víctimas y en este caso, las víctimas son los hijos y familiares de los contendientes, por seguir con el símil. Tanto unos como otros, no han buscado ser protagonistas de nada, sin embargo la situación económica y política por la que atraviesa España, pone a ambos en primera línea informativa, si bien no es lo mismo ser víctima de las víctimas, que ser víctima de los verdugos.

Si de comportamientos antidemocráticos hablamos, sería bueno señalar, aquellos que por el uso de la fuerza sacan a las gentes de sus casas -como en el gueto-, al más puro estilo fascista, usando a la policía que todos pagamos para satisfacer la avaricia de los bancos y proteger a la clase política que olvida que está al servicio de los ciudadanos y no de los poderosos banqueros que viven en otro país del mundo, entre lujos, mientras España y sus ciudadanos se desangran y suicidan por algo que nunca buscaron y sobre lo que nadie se atrevió a advertirles, porque todos chupaban del bote.

Manteniendo mi imparcialidad sobre los escraches, como periodista, no puedo, como ser humano, no alinearme con los más débiles, exigir en las puertas de sus casas, en los bares y restaurantes o en cualquier acto publico, a los políticos, que cumplan con el compromiso que tienen con los ciudadanos, que hagan prevalecer la Constitución sobre la vivienda digna y sobretodo, que sean humanos.

No me da ninguna pena el hijo de un político que sufre escrache en la puerta de su casa, a sabiendas de que tiene seis más, en la playa o la montaña, donde guarecerse. Me da pena el hijo de un trabajador que ve como a sus padres les echan de su casa, los arrastran por la calle, les pegan, les empujan, los encarcelan, y aún así les quitan el techo donde cobijarse y encima lo tienen que seguir pagando. Situaciones que en muchos casos se parecen a aquellas que hemos visto en las películas donde a seres humanos se les ponía una estrella de David cosida en la ropa.

Puede que dentro de poco empecemos a ver así a muchos ciudadanos de este país, con una estrella pegada en la ropa, denunciando que son las víctimas de los bancos y de los políticos, que sin miramiento alguno se ensañan con ellos. Menos mal que la razón no ampara a esta clase canalla de dirigentes y muchos son, como Esperanza Aguirre, los que claman en voz alta contra los atropellos de los bancos sobre los ciudadanos y no se esconde a la hora de criticar al gobierno que sustenta su partido.

Ismael Alvarez de Toledo

Periodista

www.ismaelalvarezdetoledo.es

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