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Reflexiones de un frustrado poeta

Reflexiones de un frustrado poeta

miércoles 19 de marzo de 2014, 14:05h

Nadie es quien para escrutar los misterios y designios divinos, según la creencia de cada uno, pero bien se puede afirmar que el poeta romántico se muestra de más rica y poderosa sensibilidad para sentir y expresar mediante símbolos, orales o escritos, tales misterios como si de una liturgia se tratase. Y la salvación del mundo parte siempre de la poesía y del misterio.

La poesía es el más legítimo diálogo entre los hombres que habitan este mundo, diálogo a veces duro en la poesía trágica y amorosa, porque el desamor no es otra cosa que una tragedia sangrienta que nos recuerda todo aquello que hemos amado. El amor pasajero no deja de ser algo extraño, foráneo, transitorio y secundario. Pero el amor que se queda, el verdadero, se aferra al corazón como una hiedra, y extiende sus trepadoras ramas por todo nuestro ser.

Sólo la poesía romántica logra hacer pueblos equilibrados, en los que se mantiene despierta el hambre de la inmortalidad y unos hombres que en su indiferencia viven en pos de lo absoluto y la creencia en que existe algo superior, porque lo llevan en las raíces de su propia existencia. Sólo de unos pueblos así puede nacer una solución justa y humana a la crisis moral de nuestro tiempo. La poesía lo es todo, ya que no sólo ofrece al hombre el sentido de la vida, sino también el inestimable sentido del más allá.

Si el poeta romántico llega con frecuencia a caer en el fatalismo, lo hace al sentir su vida fundida tan íntimamente con el amor, porque se siente a sí mismo al borde de la pasión desmedida que este le ofrece. La pasión del poeta arranca de su sangre, que unas veces discurre con pasión terrenal y otras con pasión celestial, pues el amor tiene que ser por fuerza algo divino.

La poesía romántica nace conservando los versos y las notas características de cada país, con una cadencia prosaica y versaica nacida genuinamente de la experiencia personal, y que constituye un exponente de las pasiones humanas, y expresa vigorosamente la sensación de la poesía, en la inmediatez con que el hombre; el poeta, se halla atado a este mundo, y también esa pena de la separación entre la prosa y el verso.

Esa negación virtuosa que tengo con la poesía, no me impide descubrir la belleza entretejida de los versos que el poeta lanza a su amada. He amado la poesía a través de Benedetti, y a sus reflexiones más íntimas me encomiendo al escribir. En realidad, la poesía no es sino una táctica amatoria, de acercamiento a la belleza, y como en los versos de Benedetti...

Mi táctica es

mirarte

aprender como sos

quererte como sos

 

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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