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Un 'tsunami' reformista se cierne sobre España una semana después del 25-M

Un 'tsunami' reformista se cierne sobre España una semana después del 25-M

> La carrera por los cambios afecta también, aunque se note poco, al Partido Popular. Y a la actitud frente a Cataluña

sábado 31 de mayo de 2014, 10:37h
Siete días que han empezado a cambiar España. Los movimientos en el mundo político, azuzado por los resultados de las elecciones del pasado domingo, han sido frenéticos. Más allá de lo evidente, también lo están siendo en el seno del PP, más lento de movimientos reformistas que el PSOE, pero consciente de que, simplemente, así no se puede seguir, por mucho que se declare, y lo sea, vencedor en los comicios y por muchos 'brotes verdes' que registre la economía y que siguen sin hacerse patentes para el común de la ciudadanía.
Una semana después de la celebración de las elecciones europeas, todos los sectores políticos constatan que un auténtico 'tsunami' se cierne sobre la política española, en busca de cambios que acerquen al electorado a unos partidos hacia los que la ciudadanía ha mostrado cuando menos desapego. El PSOE, el más castigado por los votantes, está liderando una acelerada reconversión, cuyos detalles conoceremos a partir del lunes, pero todo indica que la 'estrella emergente' en el partido, la presidenta de la Junta andaluza, será secretaria general y, luego, candidata a La Moncloa tras las primarias. Puede que sea aún un poco pronto para ver dónde quedarán las restantes figuras que se postulan para ocupar las máximas responsabilidades en el que aún es el principal partido de la oposición: Eduardo Madina, Pedro Sánchez o Carmen Chacón son los nombres que ya han emergido, pero puede haber otros que meditan su salida al ruedo, como el navarro Juan Moscoso. También la semana que viene conoceremos algunos detalles acerca de lo que quieren los militantes más destacados del PSOE, más allá del apoyo, que se perfila como prácticamente unánime, a Susana Díaz.
 
--Atención a Esperanza Aguirre--

Ocurre, sin embargo, que la evidencia de la desafección ciudadana también salpica, con su rotundidad, las playas del Partido Popular, donde ya han comenzado a estudiar posibles cambios y reformas que van mucho más allá del inmovilismo mostrado, al menos oficialmente, por un Mariano Rajoy centrado, al parecer, en lograr situar a los representantes españoles en cargos clave en una Unión Europea en cuyo seno también se adivinan cambios propios de una nueva era: tanto en Gran Bretaña, en Alemania -menos--, en Italia o, sobre todo, en Francia, se advierten terremotos acaso no de la intensidad del que está experimentando España, pero sí de consideración, en el sentido de que los líderes han comprendido que no pueden seguir gobernando como se ha hecho tradicionalmente hasta ahora. Y lo propio ocurre en las estructuras de la propia Unión, donde los 'manejos' de la poderosa señora Merkel no van a poder impedir, ni ya lo pretenden, la elección de Juncker como presidente de la Comisión.

Y en el PP, advierten algunos medios que son buenos conocedores de las interioridades del partido en el poder, se ha abierto una reflexión muy seria que va en una triple vía: primero, cambios legislativos en profundidad -que afectarían también, y esta hipótesis se abre paso al fin en círculos monclovitas, a la Constitución, en lo que se refiere a la relación con Cataluña y a la estructura territorial, así como a temas que ya están 'desfasados', como los artículos que afectan a la sucesión en la Corona, al Senado, al servicio militar y a la incardinación de España en Europa. Segundo, reforma en la estructura del Gobierno, pese a las patentes reticencias de Rajoy, cuya tozudez en este terreno "va más allá de lo razonable", según reconoció a quien suscribe un miembro del Ejecutivo. Tercero, la reforma en el seno del propio partido: el PP, admiten cualificados militantes, no funciona correctamente, como se ha evidenciado, una vez más, en la campaña electoral. La secretaria general tiene malas relaciones con un vicesecretario y con la propia vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, quien, pese a las críticas de algunos ministros -el famoso 'grupo de los cinco'--, mantiene su poder e influencia, y a la que se considera eje de los impulsos reformistas. Y atención, por cierto, a los 'populares' madrileños (a Esperanza Aguirre, por tanto), que, inmersos en la angustia de tener que ganar sus propias elecciones en marzo, están tratando de convertirse en los abanderados de los cambios 'desde el poder'.

--Diálogo catalán a tres--

Crece en el PP el número de partidarios de iniciar 'ya' un diálogo con Artur Mas, que evite la que otros consideran ya casi inevitable entrega de las estructuras de poder catalán a Esquerra Republicana de Catalunya. No deja de ser significativo que desde el Círculo catalán de Economía le hayan soltado a la cara al president de la Generalitat que debe dar "otra oportunidad" al diálogo. Y piensan que debe ser un diálogo a tres, en el que esté muy presente Duran i Lleida y en el que intervenga activamente -sospecho que ya lo está haciendo-el 'enterrado' (lo dijo él con humor en Sitges) Rubalcaba, aun después de que abandone su cargo de secretario general del PSOE en el congreso extraordinario que él mismo ha convocado y que no parece que vaya a ser tan confuso ni tan complicado como algunos medios, acaso hostiles, han vaticinado en los últimos días. Habrá que aguardar a ver si se produce un acuerdo de fondo entre los que se habían manifestado aspirantes a candidatos para dirigir el partido, y que se han visto patentemente sorprendidos por los cambios de rumbo tras las elecciones.

Un cuarto frente abierto por el PP será el de la lucha contra la corrupción, la propia y la ajena. La dureza en los planteamientos hacia quien fuera uno de los principales políticos en la Comunidad valenciana, Rafael Blasco Castany, es todo un indicativo.

Queda, en fin, el fenómeno emergente, 'Podemos', cuyo dirigente, Pablo Iglesias, modera su lenguaje y se muestra posibilista a la hora de analizar el futuro: aseguran que ya están en marcha los contactos 'preliminares' con Izquierda Unida de cara a formar un frente para las elecciones municipales y quizá autonómicas en varios puntos de España, señaladamente Madrid. SE diría que ya se advierte en el horizonte, con diez meses de antelación, una nueva, larga, transformadora, precampaña electoral, algo que "curiosamente, puede ser para bien", en opinión de parlamentarios de todos los grupos consultados por este periódico.

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