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Enemigo a las puertas

Enemigo a las puertas

martes 06 de enero de 2015, 11:05h

Cuando las noticias, con toque alarmista, llegan a los ciudadanos a través de los medios de comunicación, suele ser porque la amenaza o alerta que las genera tiene mucha más enjundia de lo que cabe imaginar, ya que de otro modo no alterarían la paz social y provocarían una inseguridad ciudadana generalizada, teniendo en cuenta que muchas de estas noticias proceden directamente de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado.

No es la primera vez, ni será la última que nos hablen de la amenaza yihadista que se cierne sobre España. Entre otras cosas, porque España tiene varios miles de ciudadanos, que aunque españoles por nacimiento y derechos, son de raza distinta a la de la mayoría, algo que también ocurre en Francia y Bélgica, principalmente, por su pasado colonialista. La diferencia de España con estos países, en cuanto a la alarma islamista que precede al yihadismo, es que los primeros tienen a los musulmanes "controlados" dentro de sus fronteras y, en muchos casos, son inmigrantes, no nativos, fáciles de regularizar, mientras que en el caso de España, las ciudades autónomas de Céuta y Melilla, no son precisamente, un claro ejemplo de integración, sino una afrenta colonial, para muchos, que les sitúa en la marginalidad respecto de los otros españoles de raza caucásica, algo que aprovechan los líderes extremistas islámicos, como el egipcio Al Zawahiri, lider de Al Qaeda tras la muerte de Bin Laden, para sembrar el odio y reclamar las dos ciudades autónomas en nombre del Islam.

No hace falta ver películas ni estadísticas para conocer una realidad que tan ajena nos parece a los que vivimos a este lado del estrecho de Gibraltar, tampoco hace falta ser ceutí o melillense, para darse cuenta de que la realidad de la que escribo es latente y patente desde hace siglos en estas dos ciudades autónomas y, que la miseria y el paro se cierne, precisamente, sobre los ciudadanos españoles de raza magrebí de los llamados barrios marginales, como el Príncipe o la Cañada de Hidum, donde se genera el caldo de cultivo del extremismo religioso y la delincuencia. Barrios deprimidos, como los de cualquier gran ciudad de la península, pero con el agravante de sentirse en tierra de nadie. Estos ciudadanos no se sienten precisamente marroquíes, porque en primer lugar no lo son, y en segundo lugar, Marruecos representa para ellos todo lo malo que les marca como "diferentes" al resto de españoles. Pero tampoco se sienten españoles, aunque lo sean de tercera o cuarta generación, porque su raza les autoexcluye de ese sentimiento patriótico que podamos tener el resto, aunque muchos de ellos sean militares, policías, guardias civiles o descendientes de los mismos. Algo que puede pasar en el futuro con ciudadanos de otras razas y costumbres.

Muchas son las razones, al margen de la amenaza yihadista, que tenemos los españoles para sentirnos recelosos con los moros. Imágenes y leyendas de un tiempo ido. De un tiempo en el que los soldados iban al magreb a prestar el servicio militar. De guerras sangrientas en el Rif, donde lucharon nuestros abuelos. Miedo a una cultura diferente, a una religión y unas costumbres que no dejan de asombrarnos, sobretodo por la vestimenta de las mujeres y lo ancestral que nos parecen a los occidentales.

En España el enemigo está a las puertas, porque vive y genera el odio, desde dentro, contra todo lo que supone discriminatorio. Pero no sólo por la amenaza terrorista que ya se ha cebado con este país, sino por el claro descontrol de las autoridades en materia migratoria, lo que a largo plazo generará focos yihadistas en barrios de ciudades como Barcelona y Madrid.

España, por proximidad y debilidad a la hora de ajustar políticas de prevención del terrorismo islamista, es el lugar propicio para que, en el futuro inmediato, se provoque una alarma social generalizada, y no sólo una alarma, sino que se consientan conductas y despropósitos de los ya residentes, encaminados al exterminio de lo que ellos llaman raza infiel.

España tiene un nivel alto de amenaza, en estos momentos, respecto al terrorismo islamista, es más, para los expertos policiales hay una elevada posibilidad de que pueda producirse un atentando inminente en nuestro país, lo que unido a hechos como el protagonizado hace unos días por un joven magrebí en el estación de Atocha, cuando amenazó con explosionar un artefacto, eleven el clima de inseguridad a cotas posteriores al 11M.

La realidad que no quieren ver nuestros políticos, las ONGs y asociaciones proclives a un mundo sin fronteras, es que de su utópica manera de entender la sociedad civilizada en la que vivimos, se pone en peligro a los ciudadanos que la integran y la propia estabilidad mundial. Entretanto debemos convivir con unos y otros, teniendo en cuenta que el enemigo se encuentra a las puertas.

Ismael Álvarez de Toledo

periodista y escritor

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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