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Algo asombroso

lunes 08 de junio de 2020, 10:12h
En muy pocas ocasiones se puede asistir a un espectáculo como el del pasado viernes, donde todos los pronósticos, incluso los más optimistas, sobre el informe del informe de empleo de EE.UU., resultaron ridículos.

Hay sesiones memorables. La del viernes fue una de ellas. La tradición impone que el calendario de cada mes en los mercados financieros no empiece realmente en base al almanaque gregoriano, sino que se inicia con el primer dato económico que refleja la marcha real de la economía norteamericana el mes anterior. Es el dato de nuevas nóminas no agrícolas que se publica el primer viernes de cada mes en EE.UU. Acostumbrados en el último ciclo expansivo, uno de los más prolongados de la historia, a una creación media de 200.000 empleos mensuales, los inversores profesionales, que dan enorme importancia al dato como precursor de lo que ofrecerán los demás que se publiquen durante el mes, van reduciendo su actividad conforme se acercan los minutos previos a su publicación, paralizándola prácticamente por completo en los segundos previos. A las 14.30 CET de cada primer viernes de mes, los terminales financieros lanzan simultáneamente el dato a nivel mundial, y la parálisis total se muta en décimas de segundo en un espectáculo de hiperactividad financiera. Así ocurre cada mes.

UN ERROR DE 10 MILLONES

Para quién ha asistido a una escena así, la respuesta al dato publicado el viernes tuvo que ser una especie de clímax, de culminación del espectáculo. Nadie estaba preparado para algo así. Se cuentan con los dedos de una mano los que en la Administración norteamericana tienen acceso a ese dato las 24 horas previas a su publicación. Acostumbrados a reaccionar en décimas de segundo en base a los pronósticos previos, variaciones de unas pocas decenas de miles a la baja o al alza respecto al pronóstico, marcan la pauta de lo que va a ser la evolución de los mercados hasta el dato del mes siguiente. Así era la vida antes del COVID-19. La pandemia ha generado unos datos económicos de magnitudes nunca vistas en la historia de los mercados financieros. La destrucción de empleo es más impactante, porque hablamos de personas. En abril se destruyeron 20,7 millones en EE.UU. Aún asombroso por su dimensión, se esperaba algo de esa magnitud. En mayo, cuyo dato se publicaba el viernes, se esperaba que, de nuevo, se destruyese empleo por millones. Acostumbrados durante años al pleno empleo, con una tasa que basculaba alrededor del 4%, se esperaba que se hubiesen destruido cerca de 8 millones de empleos, y que la tasa se hubiese disparado hasta el 19%. Cuando los terminales anunciaron que se habían creado 2,5 millones, lo ideal hubiese sido estar mirando al dedo, como los monos, en lugar de a la luna. El error de pronóstico era de nada menos que de 10 millones y la tasa de desempleo bajaba al 13,3% desde el 14,7% en lugar de irse al 19%. Algo así, si es asombroso. Afortunadamente en este caso para felicitarse del error.

¿Y EL DÓLAR? ¿QUÉ VA A HACER EL DÓLAR?

Muchas veces al día, los que tenemos como ocupación mirar a la luna y que el viernes hubiésemos deseado mirar al dedo por lo impagable del espectáculo, somos preguntados por pronósticos. Hay quien se atreve a poner en sus folletos de autopropaganda que son los que más aciertan. ¡Qué barbaridad! Lo menos bueno, es que no les va mal con semejante claim, pero es a costa de quién decide creer que efectivamente hay alguien que acierta. Todo el mundo acierta alguna vez, pero hay ocasiones tan maravillosas como lo que ocurrió el viernes, en las que el asombro es colectivo y nadie puede decir que lo esperaba. ¡Un error de 10 millones! Memorable. La mejor forma de empezar un fin de semana. Y ahora la pregunta: ¿y el dólar? ¿qué va a hacer el dólar? Eso merecería un emoticono.

José Manuel Pazos

Consejero Delegado del Grupo Omega Financial Partners
www.omegafinancialpartners.com

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