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Hillary Clinton, la mujer incombustible

Hillary Clinton demostró este martes a los que escribieron su epitafio político tras su derrota en Iowa que sigue viva y coleando al desbancar a sus rivales demócratas en las elecciones primarias de Nuevo Hampshire.

Esa capacidad para salir a flote en los momentos difíciles es uno de los rasgos de la personalidad de la senadora por Nueva York, acostumbrada a capear todo tipo de tormentas personales y políticas.

Nacida en 1947 en Chicago, Hillary se crió en un hogar estricto, en donde no estaba bien vista la debilidad de carácter.

Los medios estadounidenses citan con frecuencia una anécdota de su padre, Hugh Rodham, quien después de que la pequeña Hillary llegase un día a casa con las máximas calificaciones escolares, apostilló que estudiar en ese colegio debía de ser muy fácil.

Su madre, Dorothy, tampoco se anduvo con contemplaciones en otra ocasión cuando la joven Hillary se quejó de que alguien se metía con ella en la escuela, a lo que su progenitora respondió que en la casa de los Rodham no había lugar para los cobardes.

Esa rígida educación hizo, según los analistas, que Hillary desarrollara una fachada de hierro, que le ha ayudado a encajar los golpes políticos que ella y su marido han tenido que afrontar, pero que ha dificultado, también, su conexión personal con los votantes.

Su carácter racional, atípico, según algunos, de la personalidad femenina, se ha interpretado en más de una ocasión como una señal de falta de claridad y, peor todavía, como falsedad.

La ex primera dama se ha presentado como la candidata con más experiencia en los pasillos del poder, lista para asumir el timón de la primera potencia mundial desde el primer día.

Asegura, además, ser la demócrata mejor preparada para hacer realidad un "cambio" necesario en un país dividido tras los dos mandatos de George W. Bush.

Esa mezcla de experiencia y cambio no logró calar en Iowa, donde los votantes vieron a Hillary como una representante del "estatus quo", una impresión reforzada por la constante presencia de su marido, el ex presidente Bill Clinton, en su campaña electoral.

No falta quién apunte que Bill le está devolviendo los favores que le hizo ella al perdonarle sus sonadas infidelidades.

En la mente de muchos estadounidenses está grabada todavía la imagen de los Clinton cruzando los jardines de la Casa Blanca en 1998 después de que se destapase que Bill había mantenido un romance con Mónica Lewinsky, una becaria de la residencia oficial.

Los Clinton partían entonces de vacaciones con su hija, Chelsea, en medio, agarrándoles la mano.

Hillary tenía toda la pinta de estar furiosa, pero aun así permaneció al lado de su marido.

Era la segunda vez que se mantenía firme ante los escándalos de faldas de su esposo.

En 1992, cuando Gennifer Flowers reveló que había tenido un romance con Clinton, protagonizó otro momento inolvidable al aparecer con su marido en el conocido programa de televisión de la cadena CBS "60 Minutes", en el que afirmó: "estoy sentada aquí porque le quiero".

El sacrificio la recompensó políticamente al ser elegida al Senado en el 2001.

Los estadounidenses decidirán en los próximos meses si ven en ella las cualidades necesarias para nombrarla la segunda Clinton y la primera mujer en llegar a la Casa Blanca.

La política es una cristiana metodista educada en algunos de los centros más prestigiosos del país, como la Universidad de Yale.

Casada desde octubre de 1975 con Bill Clinton, tiene una sola hija, Chelsea Victoria.

En su 60 cumpleaños, en octubre, confesó haber pedido llegar a la Casa Blanca cuando solicitó un deseo al soplar las velas.

"Obviamente deseo y espero ganar", aseguró entonces, a lo que añadió que estaba dispuesta a hacer "todo lo posible" para que su deseo se convierta en realidad.


 

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