www.diariocritico.com

¿Quién engaña a quién?

miércoles 08 de septiembre de 2021, 15:25h

No se puede saber quién engaña a quién. En estas fechas mágicas del independentismo catalán, entre la Diada y la mesita de diálogo, no se sabe ni el orden del día ni la composición de esta extravagante “tenida”. Pedro Sánchez no puede haber olvidado que la soberanía nacional reside en el Congreso de los Diputados y que nada de lo que se charle en esa mesita con delegados de su persona o de la otra persona, Pere Aragonès, carece del mínimo carácter imperativo y solo es una forma de perder el tiempo y prolongar la estabilidad de uno y otro, Sánchez y Aragonès, en la presidencia del Gobierno o en la presidencia de la Generalidad. Nada más cabe esperar de una mesa extrademocrática, paralela a los órganos institucionales del sistema, capaz de negociar sobre todo lo que está fuera de su alcance, autodeterminación, amnistía y referéndum, sin límites formales, entre delegados de dos personajes que fuera de las funciones que les competen en razón de sus cargos, carecen de ninguna cobertura institucional para establecer ningún acuerdo que desborde el marco de la Constitución de España sin aplicar los procedimientos legalmente establecidos por la norma suprema para sus modificaciones esenciales.

En España como en cualquier otro lugar del mundo. Ni Sánchez es España ni Pere Aragonès es Cataluña y lo que discutan fuera de las funciones competenciales de sus cargos es como agua que no mueve molino.

Pere Aragonès, cautamente, dijo que hablar de secesión “no es el camino” y emplazó el tema para el año 30 de este siglo. A saber dónde estará Pere Aragonès y, también, Pedro Sánchez, dentro de nueve años. El que venga después que cargue con las consecuencias y, mientras tanto, dulce es la vida del poderoso de mentirijillas. Se contentan con que la presencia de uno y otro en torno a una mesa de prestidigitador de la apariencia de una relación bilateral entre España y Cataluña. Suponiendo real dicha presencia, que será tan real como sea necesario para prolongar el equívoco de dos poderes equivalentes, la presencia de ambos en torno a una mesa no constituida con formalismos legales es igual que si deciden reunirse a tomar chocolate con churros.

Solo esa especie de sochantre conformista llamado Oriol Junqueras cree que la citada mesa “no se devalúa en ningún caso ni en ninguna situación”. Es, a su entender, un talismán capaz de conmover a “la comunidad internacional que hará gestos en la medida que nosotros actuemos”. ¿A qué comunidad internacional se refiere este iluso Junqueras? ¿A una comunidad de naciones que todas y cada una luchan en algún grado para mantener la integridad política de sus estados frente al tirón centrífugo de las tendencias tribales o indigenistas que en todas partes juegan a debilitar la fortaleza de las grandes unidades de convivencia democrática? Extraño sueño que, por otra parte, evidencia la impotencia de un separatismo que confía en que alguien venga a ayudarle desde el exterior. ¿Cómo puede pensar que ninguna nación que mantenga relaciones diplomáticas con España pueda interferir en la clave de nuestra unidad constitucional para ayudar –sea con dinero, con armas o con discursos– a unos partidos separatistas divididos, enfrentados y minoritarios en el seno de la sociedad catalana?

La plurinacionalidad de España es un tópico intragable para romper una de las nacionalidades más antiguas y enteras de la historia. Es por ello por lo que nunca ha existido “un plan para hacer la independencia”, como amargamente se quejaba Elisenda Paluzie presidenta de la Asamblea Nacional Catalana, que ve “poco realista” “pactar la autodeterminación con el Gobierno”. La verdad es que los partidos separatistas se odian entre ellos tanto como dicen odiar a España como Estado. Son mentes obsesivas, incapaces de percatarse de su propio descrédito y del declive de sus seguidores. Solo Pedro Sánchez les ayuda a mantener su fantasía arrastrando el prestigio de la presidencia del Gobierno de España por los suelos porque de ello depende la estabilidad de su Gobierno Frankenstein. Él es el gran embaucador que ha encontrado en Pere Aragonès el pequeño embaucador que le haga pareja jugando al listo y al tonto como los payasos circupísticos.

Este es el esperpento que vamos a contemplar escenificado en las próximas semanas. Para desprestigio de España y para minusvaloración económica y cultural de Cataluña. Vamos a vivir otro acto del inacabable sainete de intercambio de mentiras disfrazadas como diálogos de buena voluntad. Un largo sainete que empezó en un día lejano de concesiones imprudentes desde un Estado alegre y confiado en su propia potencia constitucional y su atracción integradora. Pero jamás se había llegado a la aberrante desfachatez del presidente Sánchez prestándose a jugar con el espejismo de que una mesita de jugadores tramposos pudiera poner sobre un tapete verde la esencia de nuestra nacionalidad y la supremacía de nuestras instituciones legislativas que se mantienen ajenas y distantes a este tipo de encuentros fuera del campo constitucional.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (1)    No(0)

+
0 comentarios