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Horror en Legutiano

Horror en Legutiano

Si algo ha caracterizado a ETA ha sido su perseverancia. Perseverancia en el horror y constancia, en su estrategia. Y ello siempre con la certeza de que los que matan no están solos. Es verdad que esta organización terrorista no es lo que era. Hace apenas quince o veinte años rara era la semana que no sumaba tres o cuatro víctimas. Pero ahí está. Y están también aquellos que no condenan sus crímenes y que comparten sus fines. Están también aquellos que creen en la política del apaciguamiento, como si ETA no fuera insaciable.

   Siendo esto así, también es verdad que se ha producido un importante avance moral. Ya no se entierra a los agentes de la Guardia Civil tapadillo y ya nadie osa decir "algo habrá hecho". El funeral celebrado ayer en Vitoria pone en valor la dignidad que siempre debió existir.

   A ETA hay que perseguirla, acosarla policial y judicialmente y, sobre todo, hay que deslegitimarla políticamente. No hay deslegitimación si, pudiendo emplear herramientas legales para que dejen de estar en los Ayuntamientos no se empleen _el Gobierno las tiene en su mano- y se confíe todo a la ficción de las 'mociones éticas'. ETA ha retrocedido en su capacidad operativa, pero no en su influencia política.

   Hace veinte años no estaba en el debate político consulta alguna, ni nadie podía sospechar que con el nivel de autogobierno y poder real que hoy manejan las instituciones vascas, el nacionalismo hoy esgrimiera su 'frustración' y que sus votos, los de quienes no condenan la violencia, en el Parlamento vasco merezcan la misma consideración que la de los partidos democráticos. Todo lo que sea vender desafección hacia España, reivindicar ser 'lo que no nos dejan ser', todas estas cuestiones aún planteadas de manera democrática son rendijas por las que ETA se cuela para decirse a si misma 'algo de razón tenemos'.

   A ningún partido se le puede pedir que renuncie a sus objetivos, pero sí que, según las circunstancias, module sus pretensiones. Tiene razón el PNV cuando pide que los demás no caigan en equívocos. "No compartimos ni sus medios ni sus fines", ha dicho Urkullu, hombre al que no se le puede achacar miramiento alguno con los terroristas; pero sí cabe hacer una pregunta: ¿ha hecho el nacionalismo democrático todo lo que está en su mano para acabar con ETA? No hay un solo nacionalista al que no le repugne el crimen, pero ¿qué tiene que pasar para escuchar a Ibarretxe 'vamos a por vosotros'?.

   Lo prioritario para el País Vasco es la libertad de sus gentes y ésta libertad no pasa por los planes de Ibarretxe, ni por las llamadas 'mociones éticas'. Pasa, por duro que sea, por el grito unánime de 'vamos a por vosotros'. Con la ley, con el Estado de derecho, con todas las garantías constitucionales incluso para aquellos que las desprecian, estaríamos más cerca del éxito si Ibarretxe no desperdiciara oportunidades para ponerse al frente de esa manifestación. La lírica que habla de tristes amaneceres suena a broma cuando su consejero de Interior, Javier Balza, dice que ¡ojo! que de debilidad nada de nada. Hay que apretar los dientes porque jornadas como la de Legutiano se van a repetir.
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