Las demandas y esperanzas respecto a la Constituyente resucitaron a la ideología que representaba una verdadera excusa intelectual para proteger sólo los hechos favorables a la tesis de romper con el orden neoliberal y destruir el viejo Estado neo-colonial, negando o impidiendo cualquier otro tipo de perspectivas.
Hicimos una Asamblea Constituyente en Bolivia solamente por motivos ideológicos. La ideología regresó con fuerza al redil de las excusas prácticas suprimiendo todo criterio de la eficacia y restando cualquier valor de refutación para los fracasos; esto se observaba claramente en las constantes alusiones de Evo Morales a que “el pueblo jamás se equivoca y es por esto que la Asamblea era la única prueba de verdad para la re-fundación boliviana”.
La ideología de la Asamblea era una excusa moral porque todas las posiciones ideológicas capturaban ahora el lugar de la moral: lo que para unos era un crimen, para otros era una virtud y viceversa; por lo tanto, la absolución y condenas ideológicas de todas las organizaciones políticas (de izquierda o derecha) delimitaban el terreno deleznable de las futuras deliberaciones a partir del 6 de agosto de 2006. Con la convocatoria oficial a la Asamblea Constituyente, la democracia en Bolivia dejaba de ser un punto de llegada determinado y conocido porque el país se encontraba en una verdadera transición hacia otro orden democrático. La pregunta sobre hacia dónde estaba yendo Bolivia con la Asamblea se convirtió definitivamente en una indagación acerca de la democracia verdaderamente posible pero cuyas connotaciones institucionales eran totalmente borrosas.
Un factor pendiente luego de ser aprobada la Ley de Convocatoria en marzo del año 2006 fue la notoria ausencia de una política de pactos. Si bien los acuerdos primordiales sobre el número de constituyentes y los alcances de su mandato habían sido un éxito importante, faltó una visión substancial que encarnara diferentes opciones para negociar los elementos centrales de un nuevo tipo de sistema democrático. Estuvo ausente un liderazgo (o un conjunto de líderes) que agrupe las voluntades para sustentar futuros compromisos con el objetivo de crear el poder de cambiar realmente las estructuras del orden democrático. A pesar de la aprobación de la ley, estuvo claro que tampoco existían las condiciones para superar la crisis de la propia política porque las señales que emitieron el Parlamento y el Presidente Morales fueron de ruptura, amenazas, desconfianza y planes desestabilizadores que probablemente impactaron ante la opinión pública como un signo de que la política en Bolivia siempre era una dosis más de los mismos defectos.
De alguna manera, en marzo de 2006, el entonces presidente del Comité Cívico de Tarija, Francisco Navajas, fue quien demandó fortalecer la posibilidad de mayores acuerdos, pidiendo al Vicepresidente Álvaro García Linera y al MAS un proceso mucho más sostenido en el tiempo para encontrar pactos previos pre-constituyentes que, por ejemplo, consideren el respeto al territorio, su patrimonio y permitan la vigencia de las autonomías departamentales en el nuevo texto constitucional. Navajas quería asegurar que Tarija no pierda el 11 por ciento de las regalías provenientes de la exportación del gas natural, solicitando el inicio inmediato de una concertación multi-departamental para complementar la Ley de Convocatoria con orientaciones que garanticen pactos anticipados con el fin de contribuir a la toma de decisiones en la Constituyente y la reestructuración del Estado.
¿El número de asambleístas y la forma de elegirlos resolvió la crisis de representación en Bolivia? Considero que no, pues la crisis de contenido de la política y las dificultades para construir nuevas formas de poder democrático y democracia gobernante seguían siendo resistentes al cambio, tanto en las acciones y declaraciones del MAS, como en el conjunto de liderazgos del viejo régimen agrupados en Podemos, los fragmentos del MNR y UN que tenían presencia en el Congreso. La crisis de representatividad era un efecto directo de la crisis de la misma política. Avanzar con paso firme hacia la Asamblea Constituyente no fue solamente una increíble novedad histórica y favorable, sino también la chispa y el fuego lento de la vacilación sobre hacia dónde finalmente el país estaba adentrándose. Las prácticas de los partidos no expresaron actitudes diferentes durante todo el proceso de negociación de la Ley de Convocatoria y el resultado final después de ejecutar la Asamblea en diciembre de 2007, fue una Bolivia más polarizada.
Sociólogo político, investigador de Yale World Fellows Program, franco.gamboa@yale.edu, franco.gamboa@gmail.com