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El disparatado incremento de los precios de la electricidad y el gas vistos desde Italia

martes 21 de septiembre de 2021, 13:29h

Casi todos los meses, me llega un boletín del Instituto Bruno Leoni desde Italia. En el último, viene un artículo de Carlo Stagnaro, que me ha parecido digno de reproducir y comentar, lo titula “Transición ecológica suspendida por lluvia”, en el que afirma que los incrementos en la factura de luz y gas reflejan un nuevo equilibrio -veremos qué tan temporal y qué tan permanente- entre la oferta y la demanda. Por un lado, la demanda de gas (para usos industriales y para generación eléctrica) se ha disparado en todo el mundo, impulsada tanto por la recuperación económica post-Covid como por las necesidades de refrigeración veraniegas. Por otro lado, los precios del CO2 también han subido como consecuencia de las más recientes reformas del mecanismo del RCDE -que tenía precisamente esta finalidad- y también porque, paradójicamente, el elevado precio del gas ha estimulado un mayor uso del carbón, con mayores emisiones y, por tanto, una mayor demanda de permisos de emisión.

Detrás de estas dinámicas económicas, amplificadas por una serie de circunstancias específicas (por ejemplo, interrupciones por mantenimiento y accidentes en algunos oleoductos desde Rusia), hay, sin embargo, tendencias más profundas. Una se refiere a las políticas medioambientales: es lógico que, si queremos perseguir seriamente los objetivos de la descarbonización, los precios del CO2 no pueden más que aumentar. El otro se refiere a nuestra controvertida relación con los combustibles fósiles. Solo han pasado unos meses desde que la Agencia Internacional de energía pidió que se detuvieran todas las iniciativas de exploración en busca de nuevos yacimientos. De hecho, la inversión en este sentido ha estado disminuyendo durante algunos años. Y podrían caer aún más como resultado de las opciones políticas de los países con respecto a la producción nacional (Italia, por ejemplo, no ha publicado nuevos títulos exploratorios durante algún tiempo) y, sobre todo, de las crecientes dificultades para financiar estas actividades (como lo confirma el debate sobre taxonomía). En resumen: lo que está sucediendo es perfectamente coherente con las políticas y la retórica de los últimos años.

Ahora, es comprensible -pero erróneo- que queramos arreglar el problema tomando iniciativas desordenadas de mitigación de precios. España acaba de introducir un impuesto sobre los supuestos beneficios adicionales de los productores de electricidad. Lo que es distorsionar el mercado, Sánchez ha obrado como Maduro en Venezuela, ¡exprópiese! Naturalmente, las nucleares se han revolucionado, proponiendo el cese de su actividad, cuando hace ya muchos años Felipe González decidió nuestro parón nuclear, haciéndonos depender de la electricidad de las nucleares francesas, con su coste por supuesto, lo que lógicamente debía aumentar al final los precios si estos se deciden por subasta, es decir por mercado. También ha influido la política de Zapatero de subvencionar las renovables; huertos solares, molinillos etc., pero el problema más importante es el coste del Gas de Argelia y Marruecos que viene a sustituir el carbón. Seria necesario replantear toda nuestra política energética y hacer inversiones que reduzcan el origen de los costos, además de retirar los impuestos indebidos, que hacen un galimatías, comprender una simple factura de electricidad.

Varios países europeos continua Stagnaro, están considerando la reducción temporal del IVA. Italia, por segundo trimestre consecutivo, prevé una maniobra extraordinaria para aligerar el peso de las cargas parafiscales en el proyecto de ley. El problema es que los cambios en los precios solo reflejan cambios en los fundamentos: transmiten un mensaje de que este tipo de medidas corren el riesgo de distorsionarse o ponerse a cero. Sería apropiado reflexionar sobre la fiscalidad de la energía y el uso de los ingresos relacionados, para restaurar la racionalidad de un sistema que ahora se ha ido de las manos. Pero tiene sentido hacerlo mirando a largo plazo. Las intervenciones puntuales sobre la base de la emergencia no hacen más que traicionar la falsa conciencia de aquellos que en días pares quieren la revolución y en los impares la suspenden por lluvia. Los italianos, tienen suerte su presidente es Mario Draghi, el nuestro es Pedro Sánchez.

Bernardo Rabassa

Presidente de clubs y fundaciones liberales. Miembro asociado de Alianza Liberal Europea (ALDE). Premio 1812 (2008). Premio Ciudadano Europeo 2013. Medalla al Mérito Cultural 2015. Psicólogo social. Embajador de Tabarnia.

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