Marco Rubio, secretario de Estado norteamericano, ha lanzado en la Conferencia de Seguridad en Munich un claro mensaje a los europeos. Defendiendo en todo momento las políticas del presidente Trump en materias sensibles como la inmigración irregular y el cambio climático, ha dejado muy claro que Estados Unidos va a definir el nuevo orden internacional y lo quiere hacer con sus aliados y amigos europeos pero siempre con las pautas marcadas desde Washington.
Lo que resulta más novedoso e interesante es la argumentación y el tono utilizado por el político norteamericano al defender la revitalización y defensa de la civilización occidental. Él mismo se ha puesto como ejemplo de los orígenes hace 250 años de los Estados Unidos al señalar que “somos hijos de Europa” y “podemos hacerlo solos, pero preferimos que sea con Europa”. Es muy significativa la actitud del que es actualmente mano derecha de Trump.
Habla que la unión entre norteamericanos y europeos no es solo política y económica, es sobre todo espiritual y cultural, haciendo referencia a la historia, la fe religiosa cristiana, la lengua y señalando numerosas aportaciones europeas al desarrollo social de los Estados Unidos. Lo que ha reclamado de una manera directa y clara a los europeos es que recuperen el orgullo de ser europeos, su historia, sus tradiciones, sus sacrificios y no tengan reparos en mostrarse fuertes con capacidad para garantizar su propia seguridad y defensa. Rubio ha subrayado que no quieren una Europa débil, “porque nos hace débiles a nosotros” y que se está construyendo un nuevo siglo de prosperidad con el objetivo de reindustrializar la economía y reconstruir la capacidad para defender a nuestra gente y ha recalcado que se trata de construir un siglo con una nueva y fortalecida civilización occidental.
En la Conferencia, numerosos asistentes han interrumpido en tres ocasiones con aplausos el discurso de Marco Rubio cuando insistía en la unidad entre norteamericanos y europeos y cuando interpelaba a los actuales dirigentes a recuperar los valores que en el siglo anterior hicieron fuerte a la civilización occidental, capaz de enzarzarse en dos guerras mundiales y lograr superarlo después. El fondo de la cuestión es el mismo que aborda el presidente Trump y en algún aspecto el que mencionó el año pasado en el mismo foro el vicepresidente JD Vance pero cambia esencial y notablemente el tono, las formas, el respeto y la puesta en valor de la alianza trasatlántica durante tantos años que ha mostrado, con cariño incluso, pero con firmeza, el responsable de la diplomacia norteamericana y de la seguridad nacional. Y, aunque todavía es muy prematuro, el que puede ser el sucesor de Donald Trump.