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La llave maestra

miércoles 05 de abril de 2017, 11:35h

La presentación a las Cortes de los Presupuestos Generales del Estado del ejercicio vigente supone la exhibición por parte del Gobierno de la llave maestra que abre las puertas de una legislatura de dimensión normal. Se supone que si las previsiones se cumplen, a partir del mes de Mayo, florido y hermoso, quedará atrás el ambiente de inestabilidad que hace un año había provocado con su “no es no” una fuerza parlamentaria entonces más dedicada al obstruccionismo que a una oposición razonable. Era el tiempo de las investiduras frustradas y de los acuerdos imposibles. Los grandes partidos constitucionales parecían impotentes, a pesar de su mayoría absoluta, para actuar con sentido del Estado en beneficio del interés nacional. Muchos españoles parecían intoxicados por los hongos venenosos que la triste lluvia de la crisis había hecho proliferar.

Hoy las matemáticas parlamentarias no han cambiado pero el ambiente permite negociar sin escándalo estrategias de estabilidad por parte gubernamental y silencios significativos por parte de la oposición. Aquellos días de incertidumbre parecen una pesadilla angustiosa. Una gestora socialista consciente prestó el gran servicio a España y al futuro de la socialdemocracia de frustrar la obstinación de un ególatra incapaz de comprender que sus enemigos no eran sus adversarios naturales sino quienes jugaban contra la legitimidad del sistema constitucional y contra la unidad del Estado español.

Hoy, aquel ególatra sigue soñando con sublevar las bases de su propio partido contra sus dirigentes experimentados, dispuesto a aliarse con quienes se pongan una careta de progresistas para tratar de infiltrarse en el gobierno de una nación liberada, desde hace muchas décadas, de las tentaciones de un frentismo populista. Pero el tiempo de la confusión ha pasado. Actualmente el partido socialista está en condiciones de enmendar unos Presupuestos Generales del Estado razonables sin necesidad de presionar desde un frente obstruccionista del sistema sino como mantenedor de propuestas alternativas. Por ello puede observar sin escandalizarse que se trabaje en componer unas matemáticas entre intereses diversos para evitar enmiendas de totalidad.

El valor de que se respire un ambiente tolerante para que se aprueben unos Presupuestos con casi medio año de retraso no reside tanto en el presente 2017 como en el próximo 2018. En el caso previsible de que en torno al grupo parlamentario del PP se pueda configurar una concurrencia suficiente para que los presupuestos se debatan positivamente, el Gobierno estaría, de nuevo, en condiciones de prorrogar los de 2017 y alejar la necesidad de una indeseada convocatoria electoral adelantada que no se considera conveniente para ningún partido ni es demandada por la opinión general. Si, tras el año de gobierno ya pasado, el Gobierno dispone de dos años sin obstrucción se podrá considerar vencido el síndrome de inestabilidad. Si el Gobierno puede cumplir una legislatura de duración mediana, como poco, con reveses pero sin tapones, la política española será un factor de serenidad en los complejos momentos que vive la Unión Europea.

La previsión de unos presupuestos aceptables no tendría gran valor si solo lo contemplásemos como la forma de mantener a Rajoy unos años en la Moncloa. Pero lo cierto es que esa perspectiva de unos Presupuestos generalmente aceptables está apoyada en la indiscutible realidad de una recaudación fiscal creciente, basada en el aumento del consumo de los ciudadanos y en la capacidad de las empresas para soportar un impuesto de sociedades sin arrugarse. Esto manifiesta una actividad económica ascendente, un paro descendente y la capacidad de que nuestra nación cumpla con sus compromisos sociales y de seguridad en el interior y mantenga su presencia y compromisos de solidaridad y defensa en el exterior.

La diferencia entre 137 escaños hasta los 175 necesarios para superar las enmiendas de totalidad de unos Presupuestos Generales no hubiese sido un recorrido posible sin una economía suficiente para pagar las costuras de acuerdos y mantener el aparato público de bienestar y la fortaleza suficiente para soportar los sarpullidos regionales. De la soledad angustiosa al acompañamiento confortable no se pasa por razones simplemente tácticas sino por la existencia de una recuperación real que interesa a casi todos, incluyendo a la oposición, salvo a aquellos alborotadores que solo saben alzar su voz en las encrucijadas de putrefacción o de desastre. Por ello es de prever que la negociación presupuestaria se podrá producir en el límite de lo necesario, sin escándalos ni aspavientos.

Es una situación tranquilizadora que no tiene porqué empeorar sino mejorarse cuando, en paralelo, el partido socialista recupere su capacidad de alternativa y su papel destacado en el seno de la política interior y como parte de la socialdemocracia europea. No se trata simplemente de prorrogar el marianismo sino de la derrota de la amenaza contra todos del frentepopulismo que enseñó su sucio plumero en los días inquietantes de una crisis nacional e internacional que puso en cuestión el prestigio de España dentro de una Europa libre y moderada pero, a su vez, herida de Brexit. Todo hace suponer que, en esta primavera, España va a poder aportar a sus ciudadanos y a sus socios de la mermada Unión Europea un suplemento de crecimiento económico y fiabilidad institucional. Por ello se deben tomar como bienvenidos estos Presupuestos, aunque sean pagados con sobreprecio.

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