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Hans Magnus y la sombra de la ficción colectiva

miércoles 07 de diciembre de 2022, 13:16h

Parafraseando a Friedrich Engels en su discurso fúnebre ante la tumba de Karl Marx, el pasado 24 de noviembre dejó de pensar unos de los más grandes pensadores de nuestros días: el escritor, poeta, ensayista político, novelista, guionista teatral y radiofónico, reportero periodístico y traductor alemán Hans Magnus Enzensberger, considerado uno de los cuatro grandes intelectuales alemanes de su tiempo, junto a Günter Grass, Jürgen Habermas y Ernst Jünger, aunque él mismo se burlaba abiertamente de tal consideración.

En una entrevista concedida al diario El País en 2015, evaluaba así la categorización: “Todos somos unos viejos que llevamos décadas en el mundo de la cultura y resultamos un poco pesados a los demás. ¡Ortega y Gasset sí que era alguien! Tengo la impresión de que hubo un momento en el que los críticos quisieron deshacerse de nosotros. Pero al final vieron que no tenía sentido porque era una cuestión de tiempo. Solo tenían que esperar”.

Hace tres años, con noventa recién cumplidos, algunos medios dieron por error la noticia de su fallecimiento. En lugar de responder a lo Mark Twain con aquel histórico telegrama remitido al New York Journal que decía: “Las noticias sobre mi muerte, muy exageradas”, Enzensberger envió un comunicado a varias redacciones periodísticas desmintiendo el óbito y comprometiéndose, en un poemita, a que cuando de verdad dejara la vida terrenal lo haría por el aire y agarrado a un paraguas: “Desde vuestro punto de vista/ pareceré más y más pequeño/ hasta que haya desaparecido”. Concluía con un pacto: “No dejaré más que una leyenda”.

La leyenda de una obra colosal que en poesía se inició en 1957 con Verteidigung der wölfe/ Defensa de los lobos, mientras que sus primeros ensayos vieron la luz en 1961 con Brentanos Poetik, Einzelheiten/Detalles, en 1962 y Politik und Verbrechen/Política y delito, en 1964. En ese tiempo, ya había empezado a reflexionar sobre fenómenos, que a muchos se les antojan recientes, como el impacto económico y social que en Europa produciría el turismo de masas, o el efecto de las oleadas migratorias que empezaban a llegar al mundo occidental, al tiempo que comenzaba a participar activamente en movimientos de oposición extraparlamentaria del que nacerían, entre otros, los “partidos verdes”. De entre su ingente producción posterior, probablemente sobresale, por su impacto mundial, el libro de cuentos Der Zahlenteufel. Ein Kopfkissenbuch für alle, die Angst vor der Mathematik haben/ El diablo de los números, escrito en 1997, en el que un misterioso personaje, Teplotaxl, le enseña matemáticas al joven Robert a lo largo de doce sueños.

Un cuarto de siglo antes, había escrito un libro casi imposible de clasificar: Der kurze Sommer der Anarchie. Buenaventura Durrutis Leben und Tud/ El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Buenaventura Durruti, en muy buena medida fruto y reflejo de su pasión por la historia y cultura españolas, y de una lengua que manejaba con soltura académica. Traductor de Federico García Lorca, Pablo Neruda, César Vallejo o Rafael Alberti, conferenciante habitual en diversas instituciones y articulista en varios medios de comunicación españoles desde 1955, que le valieron, entre otras distinciones la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes y el Premio Príncipe de Asturias en 2002, y la Orden de las Artes y las Letras en 2009, en 1972 culminó una tarea que otros habían considerado antes como una quimera.

En el prólogo del libro cita al sin duda más relevante: el poeta, escritor, periodista, novelista y ensayista soviético ucraniano Ilya Ehrenburg, quien desde 1931 y con motivo de la proclamación de la Segunda República viajó con frecuencia a España, escribió un año después el libro España, república de trabajadores y conoció personalmente al proletario y militante anarquista libertario Buenaventura Durruti, que iría a morir de forma enigmática y nunca aclarada en el frente de la Ciudad Universitaria madrileña el 20 de noviembre de 1936. Tras sus primeros contactos y largas charlas, Ilya dejó escrito: “Este obrero metalúrgico había luchado en la revolución desde muy joven. Había participado en luchas de barricadas, asaltado bancos, arrojado bombas y secuestrado jueces. Había sido condenado a muerte tres veces: en España, en Chile y en Argentina. Había pasado por innumerables cárceles y había sido expulsado de ocho países”.

El contacto entre ambos volvió a ser estrecho tras el Golpe de Estado militar de 1936, que dio lugar a una guerra terrible que duraría tres largos años, durante los que, como corresponsal del diario Izvestia, Ehrenburg escribió numerosísimos artículos y los libros No pasaran y Guadalajara: una derrota del fascismo, publicados, respectivamente, en 1936 y 1937.

Con todo ese bagaje, el periodista y ensayista había llegado a la conclusión de que, a propósito de Durruti: “Ningún escritor se habría arriesgado a escribir la historia de su vida; se parecía demasiado a una novela de aventuras”.

Pero Hans Magnus Enzensberger sí que se sintió capaz y dispuesto a contraer tal contingencia, asumiendo, como dice en el Primer comentario de su libro, titulado La historia como ficción colectiva, de que para narrar la peripecia vital del anarcosindicalista español: “… el escritor tiene que renegar de su condición de narrador. En definitiva, su renuncia a la ficción oculta también el lamento de no saber nada más sobre Durruti, de comprender que de la novela prohibida solo queda el vago eco de conversaciones en un café español”. Así, Hans Magnus compone su obra con testimonios de los que conocieron al personaje, reportajes y discursos, entrevistas y proclamas, cartas, anécdotas, carteles y folletos propagandísticos: “La reconstrucción se asemeja a un rompecabezas, cuyas piezas no encajan sin costura”. Una definición que se asienta en su concepción de la historia como invención, nunca arbitraria, basada en los intereses de los que la cuentan y de los que la leen o escuchan: “Sólo el verdadero ser de la historia proyecta una sombra, y la proyecta en forma de ficción colectiva”. Dicho en breve: a día de hoy, imprescindible la lectura de El corto verano de la anarquía. Vida y muerte de Buenaventura Durruti.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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