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El tremendo error de Boris Johnson con los Erasmus

lunes 28 de diciembre de 2020, 08:38h

Prof. Rogelio Pérez Bustamante
Catedrático Jean Monnet
Prof. Julio Guinea Bonillo
Universidad Rey Juan Carlos

El pasado 24 de diciembre, Reino Unido y la Unión Europea anunciaban a las 14:44 que habían llegado a un acuerdo sobre sus futuras relaciones económicas una vez que finalizase el Acuerdo transitorio de Retirada. En el primer momento destacamos las consecuencias negativas que acarrearía económicamente una salida sin Acuerdo, pero el Acuerdo al que se ha llegado deja en una precaria situación a los estudiantes universitarios que le reprochará la historia. Analizando los términos de la nueva relación con la Unión Europea, hay una omisión que salta a la vista en las más de 1200 páginas de Acuerdo: la retirada del Reino Unido del programa Erasmus.

De los cuatro documentos publicados por la Comisión Europea el 26 de diciembre: el Acuerdo de Comercio y Cooperación, el borrador del acuerdo de seguridad de la información UE-Reino Unido, el proyecto de acuerdo nuclear civil UE-Reino Unido y el proyecto de declaraciones UE-Reino Unido, ninguno menciona la palabra Erasmus. El consorcio que representa a las 137 universidades en Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, Universities UK International (UUKI), ya había valorado el programa ERASMUS como un elemento muy positivo en el conjunto de la economía británica, pues, aunque anualmente suponía un coste al erario público de 177 millones de libras, los estudiantes de otros Estados de la Unión Europea gastaban en el país, en el marco del programa, unos 420 millones de libras.

El saldo resultaba claramente positivo, pero el gobierno de Boris Johnson ha dicho que pertenecer al programa Erasmus+ no se contemplaba por su alto coste en el presupuesto nacional. El gobierno conservador, dirigido por Boris Johnson, mintió en sede parlamentaria, cuando destacó el 15 de enero de 2020 en la Cámara de los Comunes, en respuesta al diputado del Partido Nacionalista Escocés, Douglas Chapman, que le inquirió saber el futuro del programa Erasmus y Johnson tomó la palabra y dijo Mr. Speaker: “lo que está diciendo el honorable diputado no tiene sentido, no existe ninguna amenaza al programa Erasmus. Vamos a continuar participando, los estudiantes de Reino Unido podrán seguir beneficiándose de las ventajas de los intercambios con nuestros amigos y compañeros europeos, igual que ellos podrán seguir haciendo, viniendo a este país”.

En definitiva, esta iba a ser una prioridad para el gobierno conservador y no tenían que preocuparse porque el Reino Unido se mantendría dentro del marco de intercambio y formación europeo.

Esa mentira es el paradigma más expresivo del fenómeno mismo del Brexit porque en la rueda de prensa del pasado día 24 de diciembre realizada por la Presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen y el negociador principal de la UE, Michel Barnier, afirmó que “el gobierno británico decidió no participar en el programa de intercambio Erasmus”. Por lo tanto, fue una decisión unilateral y entendemos que serán enormemente perjudiciales las consecuencias de una decisión tan miope y egoísta que sufrirán las próximas generaciones.

El espíritu del programa se remonta a la idea de promover intercambios culturales, sociales y académicos entre estudiantes europeos, cuando en 1969 la educadora y consultora científica de la conferencia permanente de rectores universitarios italianos, Sofia Corradi, lo empezó a promover y se ha ganado el cariñoso sobrenombre de "Mamma Erasmus". Años después la idea la retomaría la asociación de estudiantes EGEE (États Généraux des Étudiants de l'Europ) fundada por Franck Biancheri, que en 1986-1987 convenció al presidente francés, François Mitterrand, de apoyar la creación del programa.

De la colaboración entre AEGEE y la Comisión Europea, especialmente de Domenico Lenarduzzi, a quien se le conoce como Padre del programa Erasmus y que en una entrevista en el 2011 respondía que, el propósito de su diseño, obedecía a la necesidad de construir ciudadanos europeos y vincularles en la edificación del proyecto político europeo.

En 1987 nació el ERASMUS (por sus siglas en inglés de European Region Action Scheme for the Mobility of University Students). Este plan se convirtió en una parte integral de los programas Sócrates I (1994-1999) y Sócrates II (2000-2006) de movilidad de estudiantes. A partir de 2007 se convirtió en uno de los elementos del Programa de aprendizaje permanente (2007-2013) y desde 2014 se constituiría en el pilar central de la acción educativa de la Unión Europea.

La adopción del reglamento Erasmus+ supuso el punto de no retorno porque una vez que fue firmado el 11 de diciembre de 2013, se dispuso de un techo de gasto de 14 700 millones de euros hasta el 2020 para acciones y programas en el ámbito de la educación, la formación, la juventud y el deporte, combinando todos los planes en ese campo, hasta entonces de la Unión Europea, incluidos: el Programa de aprendizaje permanente que contemplaba las becas Erasmus, Leonardo da Vinci, Comenius, Grundtvig; la juventud en acción y cinco programas de cooperación internacional como Erasmus Mundus, Tempus, Alfa, Edulink y el programa de cooperación con países industrializados. Erasmus va a contar en el próximo marco financiero plurianual con más de 30.000 millones de euros, se ha consolidado y extendido como una pieza central de las políticas de la Unión.

Resulta entendible que el Reino Unido no quiera participar en el Programa Erasmus, escudándose en el coste económico porque Erasmus ha gestado una identidad europea y ha involucrado a los jóvenes en el proceso de construcción de la Unión, acrecentando su espíritu político y cultural en el continente en torno a la idea de la unificación política europea. Este es el verdadero valor que desprecia una persona como Boris Johnson, que estudió en Eton College gracias a una beca King y, posteriormente, gracias a otra beca pudo estudiar el programa de Clásicas, Literae Humaniores, en Balliol College de Oxford y que ha vuelto la espalda al engrandecimiento europeísta de su país. Cuando finalizó los estudios, el propio Johnson, trabajó brevemente en una consultora y posteriormente en el diario The Times, del que al poco fue despedido por publicar falsedades. Enviado por el Daily Telegraph como corresponsal a Bruselas, desde un primer momento se convirtió en un gran crítico del proyecto europeo, precisamente en los años en los que más avanzó gracias a la comisión Delors. Se dice que la Primera Ministra Margaret Thatcher valoró muy positivamente sus artículos euroescépticos, aunque eran enormemente tendenciosos. En cualquier caso, fue un tiempo muy bien aprovechado por Johnson para hacerse un hueco a nivel mediático y posteriormente saltar a la arena política donde sería elegido diputado, posteriormente alcalde de Londres y gran Brexiter convencido.

Las decisiones que hoy adopta el Primer Ministro no solo suponen un embuste grosero ante la opinión pública, sino que evidencian lo barato que socialmente sale en las sociedades modernas no cumplir los compromisos afirmados en sede parlamentaria, máxime cuando los británicos se toman muy en serio el Parlamento. A la vista está, el Ejecutivo puede llegar y vomitar mentiras que luego no le ocurre nada a su prestigio, pero sí les ocurre a los más de 30.000 alumnos británicos que se quedarán sin poder viajar a universidades europeas bajo el programa Erasmus y tendrán que acudir a los consulados de los Estados europeos en los que quieran estudiar. Igualmente, los estudiantes de otros Estados de la Unión Europea que habían soñado con cursar el próximo curso un Erasmus en Reino Unido les saldrá tres veces más caro y aquellos que se decidan costearlo por su propia cuenta, tendrán que acudir a un Consulado británico para solicitar un visado de estudios y poder estudiar en el país.

Reino Unido ha optado por crear su programa alternativo, llamado Turing, en honor al ilustre científico Alan Turing, quien en su tiempo la sociedad conservadora británica le rechazó por su condición de homosexual y le obligó a realizar un tratamiento de castración tomando estrógenos. La depresión ligada al tratamiento y la humillación sufrida fue, a juicio de muchos historiadores, el motivo que lo llevó a suicidarse el 7 de junio de 1954. Hoy un gobierno conservador rescata la figura de este matemático inglés, científico de la computación, de la lógica, criptoanalista y filósofo; instrumentalizándole, para dar una patada al programa Erasmus y dotarlo con la irrisoria cifra de 100 millones de libras.

Por lo pronto, el gobierno de la República de Irlanda ha confirmado que seguirá costeando el programa ERASMUS a los norirlandeses y el gobierno de Escocia ha rechazado abiertamente no permanecer fuera del programa Erasmus, está incrementando su deseo de independizarse de Reino Unido, para convertirse en un Estado independiente, dentro de la Unión Europea. Es posible que tras las elecciones legislativas el 6 de mayo de 2021, si vuelve a revalidar su victoria Nicola Sturgeon, los nacionalistas escoceses invoquen su derecho de autodeterminación y organicen un nuevo referéndum de independencia. El veto de Reino Unido a los Erasmus va a propiciar la mayor desunión del país en siglos de historia y la desafección de los jóvenes con estas decisiones políticas que van en contra de una mentalidad propia del siglo XXI, en un país que siempre puso en su mástil la bandera de la globalización y de la libertad.

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