Diario de Verano - José Suicida Tomás
martes 12 de agosto de 2008, 10:09h
Me encantó la columna de ayer de David Gistau. Entre otras cosas, criticaba que muchos españoles no identificados habitualmente con los gestos que los extranjeros nos atribuyen, es decir el toreo, las castañuelas y los piropos, los sacan a relucir a la menor oportunidad, siempre y cuando se encuentren en el extranjero y acompañados de compatriotas. Ejemplo: Nadal y otros atletas españoles en el desfile de Pekín, haciendo las banderillas y toreando. Y sí, la verdad es que no hay nada más español que un mallorquín toreando. Sólo me faltaba ver a Josep Lluís bailando por bulerías en Tokio.
La cuestión es que los toros están presentes en nuestra “cultura”. Me retracto. Están presentes en nuestras costumbres. A mí, particularmente no me mola nada esa fiesta. Sé que no es políticamente correcto decirlo. Sé que muchos me darán explicaciones durante horas explicándome que los toros han nacido para eso. Pero, ¿qué quieren que les diga? Me dan mucha pena los morlacos cuando agonizan. Seré muy sensible o no entenderé de arte, pero me dan pena. Soy así. Me importa un comino que sea la fiesta nacional. También me dan un poco de pereza las sevillanas, sobre todo después de escucharlas más de media hora. Y la sardana, ni te cuento. (Por lo que veo soy bastante poco española). A lo que iba, que la fiesta nacional me resulta bastante…increíble. La observo como espectadora, desde la barrera (y no literalmente) porque me interesa lo que es noticia, así sea un partido de water polo. El caso es que estos días me he quedado un poco flipada con José Tomás.
El torero de Galapagar es pelín raro. Freud seguro que hubiera hecho ya un análisis de su personalidad. Yo, que tengo menos estudios psiquiátricos que el menda, diré que el tal Tomás está pelín pirado. Que (digo yo que no entiendo de toreo) una cosa es ser valiente y otra cosa es estar como loco firmando corridas para suicidarte. No me salen las cuentas. Los toreros suelen llegar a la profesión por esa frase tan manida de “más cornás da el hambre”. Una vez que ya se han llenado los bolsillos y se han comprado el Mercedes y la finca en Andalucía, se suelen retirar una temporada…para luego volver…y volver a retirarse…y vuelta a empezar. Luego los hay que son carne de revista de papel couché, especialmente si se casan con una tonadillera o la hija de un reputado ganadero. Así, entre corrida y corrida, se ganan unos cientos miles de euros casándose en sus majestuosas fincas, bautizando a los retoños…y vendiéndolo todo a la revista que mejor pague (suele ser Hola).
Pero José Tomás no cumple ninguno de estos requisitos. Sale con una cajera de supermercado con poco glamour para Hola. Muy discreta (aunque fíate tú de las discretas, así era Belén Esteban y mírala ahora), no se le conoce reportaje alguno en finca. No deja que sus corridas sean televisadas por televisión. Entonces, si nada de esto sucede y cada vez que sale a la plaza va con clara intención de suicidarse. ¿Qué quiere? Una muerte televisada no, está claro. No lo entiendo. Los detractores de los toros estarán encantados de que esto suceda (yo no, mi religión no me permite alegrarme de tragedias ajenas).
De todas maneras me pregunto una cosa. ¿Por qué las corridas de toros de José Tomás se llenan? ¿Porque es bueno o porque mucha gente está sobrada de morbo y quiere ver una muerte en directo? Porque si esto es así, no me negarán que estamos como en Roma. No, si ya lo decían los emperadores romanos: al pueblo, pan y circo. ¿O no?