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Nacho Sánchez (actor): "El teatro es un espacio para compartir soledades"

  • “No me canso nunca de conocer todas las vertientes que tiene esta profesión”
  • “Me gusta hacer equipo, hacer grupo”

miércoles 22 de agosto de 2018, 13:13h
Nacho Sánchez (actor): 'El teatro es un espacio para compartir soledades'
(Foto: Luz Soria)
Nacho Sánchez (Ávila, 1992), ha recibido a mediados de junio pasado en Sevilla, el Premio al Mejor Actor Protagonista en la XXI Edición de los Premios Max de las Artes Escénicas, por su trabajo en Iván y los perros, un monólogo dirigido por Víctor Sánchez en el que interpretaba a Ivan Mishukov, uno de los ‘niños de la calle’ en la Rusia del fin del comunismo. La historia, que parte de un hecho real, se convirtió en obra de teatro gracias a la dramaturga británica Hattie Naylor. A sus 26 años, Nacho se ha convertido en el intérprete más joven en lograr el premio en esta categoría. El actor abulense se impuso a los otros dos finalistas, Lluis Homar por su papel en Ricard III e Iñaki Rekarte por Soka (Cuerda), y revalida así un reconocimiento como actor que ya le llegó en 2016 en forma de premio al actor revelación de la Unión de Actores gracias a su trabajo en La piedra oscura, un montaje dirigido por Pablo Messiez a partir de un hermosísimo texto de Alberto Conejero.

Nada hace suponer que este joven (altura media, delgado, pelo muy corto, gafas oscuras de sol que cubren sus ojos grandes, inmensos, aspecto reflexivo y aire de buena persona…), de pequeño era un niño muy activo, incluso algo travieso, y a sus padres (ella, abogada, y él, médico, aunque nunca ha ejercido su carrera), no se les ocurrió mejor idea que el hermano mayor siguiese los pasos de la pequeña quien con apenas cinco años ya estaba haciendo teatro en el colegio Santa Teresa de la capital. A él le propusieron asistir también a esas clases extraescolares y, aunque en principio se negó, poco más tarde admitió la propuesta porque un amigo suyo estaba también matriculado. Allí comenzó su relación con el teatro a través de la directora abulense Pilar Rodríguez, con la que continuó trabajando en su etapa de instituto hasta que, a los 18 años, se decidió a estudiar Arte Dramático en la RESAD. “El único antecedente familiar que tengo –nos comenta irónico-, es mi abuela. Según me dice, salgo a ella porque es muy artista… ¡Cosas de las abuelas...!”.

Claro que una cosa es disfrutar en el colegio haciendo teatro y otra bien distinta adoptar ese camino como tu profesión. ¿Qué buscas con ello: el éxito, la fama, el reconocimiento social…? le preguntamos, a lo que el joven actor responde reflexivo y analítico: “Mis razones no van por ahí. Yo sin el teatro no podría funcionar. Para mí, el teatro es un espacio para compartir soledades, como he oído decir a alguien recientemente, y de forma absolutamente lúcida. Quienes hacemos teatro, al final, nos juntamos para no estar solos, para poder hablar conjunta y abiertamente de todo, para plantearnos todas las preguntas que nos bullen en la cabeza. Y lo hacemos, además, sin esperar encontrar respuestas, sino por algo mucho más importante, la posibilidad de compartir nuestras dudas. Y no solo entre nosotros, sino también con el espectador que es quien, al final, completa el círculo… Nosotros planteamos preguntas, y él puede contestarlas, o no…”.

“Mi mundo es todo incertidumbre”

Escuchando hablar a Nacho, uno percibe una madurez, un compromiso y una responsabilidad muy poco comunes en la gente de su generación o, al menos, eso nos parece a nosotros, y así se lo hacemos notar. Para el actor abulense algo hay de cierto en ello porque –nos dice- “sigo manteniendo contacto con mis compañeros de instituto y de teatro en Avila, y sí que noto una diferencia muy grande en nuestros mundos respectivos. Ni mejor ni peor en uno y otro caso, pero esa diferencia existe. Esa posible madurez creo que me la ha dado el teatro, aunque yo hablaría más de que mi vida se rige por otras normas. Ellos, posiblemente, buscan un trabajo más o menos fijo en donde poder ejercer su profesión cuanto antes, mientras que mi mundo es todo incertidumbre. Yo no trato cosas técnicas, sino emocionales, más personales, de mi propia vida, que luego las utilizo en el escenario. Eso, más que madurez, creo que te proporciona un conocimiento más profundo de tu personalidad y de tu entorno…”.

Pero Nacho, ya bien avanzada nuestra conversación, se contradice –o, más bien, se sincera, y llama a las cosas por su nombre-, cuando afirma que “mi acceso a la RESAD me hizo madurar muy rápido, muy de golpe, porque recuerdo cómo entré en la Escuela, y como me encontraba un año después. Mi cabeza y mis intereses estaban ya en un lugar muy distinto del que tenía en el instituto. Estudiar Arte Dramático, actuar, y conocer a gente que comparte conmigo los mismos intereses, ha sido muy importante para mí. Finalmente, no es que convivas y compartas las cosas en el proceso de estudio, ensayo y representación de las obras sino que eso se traslada también a la relación personal con todos esos compañeros…”.

La carrera actoral de Sánchez no ha podido empezar con mejor pie porque, desde el principio, para La piedra oscura, solo han habido palabras de admiración, de asombro, de alegría y de entusiasmo. Ahora, le llega un Max –uno de los premios teatrales más prestigiosos de España-, por su monólogo en Iván y los perros, pero es que su papel en He nacido para verte sonreír, tampoco se quedó a la zaga en cuanto a riesgo y autenticidad. Ni una sola palabra pronunciaba el personaje que encarnaba Nacho en los casi noventa minutos de función. Estamos –no cabe duda alguna de ello-, ante uno de los actores que más darán que hablar en los próximos lustros en España. Con todo, el abulense no deja de tener muy bien plantados los pies en la tierra: “la verdad es que el Max no me ha desestabilizado mucho. De hecho, el premio ha provocado más bromas y coñas entre mis amigos, que otra cosa. También es verdad que teñidas de algo de admiración y de alegría…”. ¿…De algo de envidia también? –le interrumpimos-, y Nacho asegura que no, que de ninguna manera. “Si la hay, es envidia sana… Un amigo me dijo, por ejemplo, que le encantó que me dieran el premio, aparte de que según él, me lo merezco, porque en realidad el premio se lo están dando a toda una generación de actores que venimos pisando muy fuerte… Y, me decía, en fin, que ‘creo que no saben lo que han hecho’, como diciendo que no son muy conscientes de la veda que han abierto con la concesión de este premio”.

El actor nos confiesa que antes no percibía exactamente así el Max, pero ahora cree que, en buena parte, la visión de su amigo es la correcta: “Efectivamente, me parece que el premio es para toda la gente joven con la que yo trabajo habitualmente, que forma parte de pequeñas compañías, y que, en general, está pasando penurias en el día a día. Yo era el más joven de los tres finalistas y, en cierto modo, creo que el jurado también premiaba esto”.

Autor: Dani de Jorge

“¡He tenido mucha, mucha suerte…!”

Pero la sinceridad de las palabras de Nacho, tampoco pueden hacerle olvidar –le comentamos-, que muchos de sus amigos y compañeros de generación y de profesión, lo mismo estarían dispuestos a matar (metafóricamente hablando, claro…), por tener la posibilidad de actuar en El sueño de la vida, de Conejero, a las órdenes de un maestro como Lluis Pascual, como muy pronto le va a ocurrir a él. “Hay algo muy salvaje en la profesión –nos responde-, que hace que la competitividad sea muy fuerte, aunque al mismo tiempo sea una profesión que juega con algo tan íntimo como las ilusiones, los sueños, y por eso es difícil llegar a ese lugar donde tú crees que puedes llegar… Yo he tenido mucha, mucha suerte, pero tengo amigos actores que son buenísimos y que todavía no han podido dar ese paso que les haga enlazar varios montajes que, a su vez, les permita tener algo más de estabilidad económica y emocional…”.

“Yo, para entrar en La piedra oscura, tuve una suerte inmensa –continúa relatándonos Sánchez-. Llegué al taller de Pablo Messiez a través de una carambola que comenzó con un encuentro con un viejo compañero de la Escuela, con el que tampoco me unía una gran amistad, que me animó a presentarme al taller (‘investiga, porque creo que no tienen al chico joven’, me dijo…). Estuve más de dos meses intentando meterme en el taller, llamando al María Guerrero, al Valle-Inclán, intentando averiguar quién hacía el casting… Nadie me decía nada. Llegué a escribir, incluso, a Alberto Conejero a través de Facebook… Mi compañero volvió a entrar en contacto conmigo para advertirme que ya tenían seleccionados a quince actores para hacer el taller con Messiez. Desesperado ya, entré también en contacto con La Zona, que coproducía el montaje, y, después de hablar con Nadia Corral –a quien tampoco conocía de nada, aunque hoy tengo una buena amistad con ella-, mi contumacia me llevó después a escribir también directamente a Pablo Messiez que, finalmente, me dijo que sí, que me había admitido al taller”. Y todo eso ocurría solo unos días después de que Nacho Sánchez terminase la carrera en la RESAD, así es que sí, no hay más remedio que admitir que la suerte tiene un papel en nuestras vidas, pero seguramente sin haber estado acompañada de su tenacidad, su voluntad y su fe, tampoco la suerte habría hecho su efecto.

Nacho se siente atraído por todos los aspectos que rodean al teatro, desde la dramaturgia a la dirección, desde la luz al sonido, pasando por la videoescena o el movimiento de actores: “me gusta todo, y por eso me encanta también el trabajo que hago con mi compañía, Los números imaginarios. Ahí escribo, dirijo mis propios textos…, como hacen también los otros miembros de la compañía (Antiel Jiménez, Paola de Diego, Miguel Ruz Velasco, Carlos Gorbe, Daniel Jumillas, Patricia Ruz, Irene Doher, Pablo Gómez-Pando, Irene Serrano, Alejandro Pau, Luis Sorolla, Gon Ramos y Marta Matute), y al final todo eso se ensambla y aparecen los mundos de cada uno de nosotros, que son muy diferentes pero que congenian muy bien. Ese es un espacio de confianza total que no se podría dar de otra forma. Esta fórmula te activa mucho la cabeza y fomenta la creatividad de manera brutal”. Fruto de este trabajo ha sido, por ejemplo, Ensamble ‘Hijos de Grecia’, presentada este verano en el Corral de Comedias de Alcalá de Henares, casi doce horas de creación colectiva que encendieron el patio de butacas del teatro alcalaíno y en el que Nacho se convirtió en Filectetes, el abandonado, el repudiado, el apaleado, enterrado en vida en una isla y resucitado en tan solo 21 segundos de existencia.

Esa curiosidad infinita del abulense le está llevando también ahora a hacer incursiones en el campo de la danza: “la expresión a través del cuerpo me gusta, me siento muy cómodo con ella… Pero es que también me apasiona el mundo de la luz o el sonido, tanto como el de la escritura o la dirección. No me canso nunca de conocer todas las vertientes que tiene esta profesión, porque todas ellas están interrelacionadas, y acudo con frecuencia a guías, a expertos que me ayuden a internarme en todos estos mundos”.

Los valores de la vida, para Sánchez, están muy relacionados también con los que persigue en su profesión, “al menos con lo que yo pienso del teatro –afirma convencido-. Creo que, al final, lo que pasa es que la vida y el teatro se entremezclan tanto que los valores por los que te riges, se contaminan unos con otros y acaban siendo comunes. Por ejemplo, lo colectivo me parece fundamental y ahora mismo, en la sociedad que nos ha tocado vivir, que aboga tanto por lo individual, y que parece decirnos que tú eres el único responsable de tus bienes y de tus males, me parece que es una inercia en la que todos estamos metidos, pero tenemos que ser muy conscientes de que, finalmente, el ser humano no es eso. Al hombre no se le puede considerar aisladamente… Estamos constantemente luchando para no estar solos, y es solo el contexto que tenemos el que está abocando a que con tu soledad, te creas autosuficiente, y que te eches a la espalda todos tus logros y todos tus fracasos…”.

Enganchados en la red

Otro signo de la madurez intelectual y vital del joven actor lo da el hecho de que apenas sí está enganchado a las redes, ni siquiera al móvil. Los necesarios WhatsApp y los correos iniciales de contacto para preparar nuestro encuentro estuvieron en sus buzones respectivos no solo unas horas sino, incluso, algunos días, algo absolutamente inusual en los tiempos que corren, y más aún para un joven de veintitantos que, en general, considera casi un fracaso demorar una respuesta más allá de un par de minutos. En el caso de Sánchez, no es así: “ya sé que el móvil es mi ventana al mundo, pero he abandonado todas las redes sociales. Mantengo únicamente el correo electrónico, el WhatsApp y las llamadas telefónicas, claro. Las redes me sobran porque intento que esta realidad virtual no me cope todo… Ha sido una especie de intuición que tuve cuando me sorprendía mirando lo mismo 80 veces al día, y era una sensación que no me gusta nada. Además, me molesta mucho que haya gente que utilice las redes para hablar de ti, tanto cosas buenas como malas, como si realmente te conociese. Llega a parecer, en ciertos momentos, que las redes son la verdad absoluta por encima de la propia vida, y eso no es cierto. Un post puede hacer que reviente una obra, para bien o para mal –enfatiza con firmeza y convicción-. Sé que mi postura es muy radical, pero todo este ruido que generan las redes me parece que no es bueno porque le falta reflexión y porque, además, surge desde una especie de escafandra irreal desde la que se parapetan muchos para lanzar sus dardos… En todo caso, no estoy diciendo que yo renuncie para siempre a este otro tipo de realidad, pero en estos momentos sí, porque he visto que me generaban dependencia y ansiedad, y son dos sensaciones que no me gustan nada… Ahora dedico unos minutos al día para despachar los mensajes y los correos y ya está. Y, cuando viajo, el móvil lo olvido totalmente y, aunque lo llevo conmigo, solo atiendo a alguna cosa grave”.

La única adicción que confiesa Nacho es la música, a la que está conectado muchas horas del día, a través de Spotify: “escucho todo tipo de música, soy muy ecléctico en mis gustos musicales (rock, clásica, jazz, flamenco, música electrónica, blues, el folklore sudamericano y español y, mucho menos, el pop). Las listas que tengo son muy bizarras y, aunque ya sé que este es también un elemento más que te ata al teléfono, me consuelo pensando que, al menos, este lo elijo yo”.

Amante del trabajo en equipo, a Nacho le parece que esa es una de sus mayores virtudes como persona y como hombre de teatro (“ahí me desenvuelvo muy bien; me gusta hacer equipo, hacer grupo, y que la dinámica de trabajo en él sea fácil, y transite con las menores trabas posibles…”). Paralelamente, se considera “y esto es bueno y malo a la vez”), muy crítico y tanto con lo que hace él mismo como con lo que hace el resto del equipo en la producción en la que esté trabajando en ese momento. “En mi compañía se me permite mucho esto –nos dice-, y en otras no tanto. De todas formas, soy muy consciente de que, muchas veces, un exceso de crítica solo conduce a obstaculizar el buen desarrollo de un proyecto, y trato de tener mucho cuidado con esto. Creo que esa crítica debería poder hacerse en todos los montajes y con ella, derribar un tanto la jerarquía del director, sin que ello sea obstáculo para que, en fin, sea él quien decida, quien guíe, pero que eso no sea un obstáculo para la opinión, para la prueba de otras miradas. El teatro, siempre, es el fruto de todo un equipo, no de una sola persona”.

“La elección de un tipo de trabajo u otro (televisión, cine, teatro…), depende mucho de tu situación vital en cada momento. Yo ahora no tengo grandes responsabilidades, que vayan mucho más allá que pagar puntualmente mi alquiler. Si tuviera hijos, casa, coche y todo eso, lo mismo vería las cosas de otra forma, pero mi situación actual me permite estar muy tranquilo y estar más liberado, así es que en estos momentos hago exactamente lo que me interesa. Y eso incluye proyectos que, además de ser superinteresantes, los elijo también porque me abren puertas a otros mundos que desconozco, o que quiero probar”.

La lectura siempre le acompaña y esta -además del teatro, claro-, está más orientada al pensamiento y al ensayo que a la novela: “ahora tengo sobre mi mesita un libro titulado Psicopolítica, de un filósofo coreano llamado Byung-Chul Han; tengo también, y por razones obvias, mucha obra de Lorca, para ir metiéndome ya en situación para El sueño de la vida, que comenzaremos a ensayar dentro de unos meses; y, ahora, como hemos estado trabajando con el Ensamble, he leído cosas muy diferentes relacionadas con la tragedia griega… Novela leo muy poca porque, más que nada, no tengo mucho tiempo seguido para poder dedicarle a este tipo de lecturas si no quieres perder el hilo”.

Haciendo tantas cosas, y de forma tan apasionada, no es muy difícil concluir en que la vida de Nacho está sumida en un cierto caos de horarios: “me gusta ese cierto desorden y, la verdad, no me veo inmerso en una rutina de vida muy marcada, que vaya mucho más allá de los horarios necesarios para los ensayos, cuando estamos preparando algún montaje, o los de las funciones cuando ya hemos estrenado”.

La conversación amable, sincera y profunda con el actor de Ávila, toca a su fin. El joven vuelve a su guarida, -hoy situada al otro lado del Manzanares, muy cerca del antiguo estadio Vicente Calderón-, a seguir buceando entre música y música, cigarrillo y cigarrillo, en su mundo, en sus pensamientos, en sus dudas. Nosotros, entretanto, aguardamos expectantes la altura que tomará este virtuoso del escenario en el triple o cuádruple salto mortal que seguro que supondrá su próximo trabajo en el escenario. Y sabemos que la suerte volverá a aliarse con quien tanto la persigue y la merece.

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    Últimos comentarios de los lectores (1)

    49841 | Rosario de Hevia Morera - 23/08/2018 @ 10:10:25 (GMT+1)
    Fue un placer ver a Nacho Sánchez, en el Teatro Principal de Valencia, es un actorazo, gracias por darme ese regalo ,VERTE ACTUAR.????????????????????

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