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Olaya Brandon, diseñadora de caracterización: “Ya sé que este no es el único sector en el que se pide a todo el mundo que haga de todo”

> “Hay que tratar de diseñar las cosas de forma que todo sea más llevadero”
> “La técnica de maquillaje del actor, básicamente es la misma que se utiliza en Bellas Artes”

domingo 17 de marzo de 2019, 11:03h
Olaya Brandon
Olaya Brandon
Olaya Brandon ha pasado de la moda al diseño de caracterización con la misma naturalidad que uno se cambia de carril en una autovía. Nació en Santiago de Compostela hace 34 años y allí estudió Diseño de Moda en la escuela de arte EASD Mestre Mateo, que luego completó en la Escuela Superior de Diseño de Madrid. Más tarde, también en Madrid, se formó en la rama de caracterización, maquillaje y peluquería de cine, teatro y moda tanto en el Instituto del Cine de Madrid como en Workshop experience (Universidad Juan Carlos).

Pero como es intelectualmente inquieta, y está siempre en la búsqueda de nuevos campos en la creación, “sigo acudiendo a cursos monográficos a la escuela de escultura y fx Bárbara Almart, en cuanto puedo…”. No es, pues, extraño que su trabajo haya estado ligado a la creatividad, el diseño, la moda y el espectáculo: ilustradora para la Mercedes Fashion Week y Planeta de Agostini dentro del equipo creativo de la diseñadora Kina Fernández; maquilladora en la serie de televisión Yo Quisiera; en el proyecto club clandestino Medias Puri; en Uñas Chung Lee, y, finalmente, se ha adentrado con el mismo ímpetu que éxito en el mundo del teatro en donde ha diseñado y fabricado, maquillaje, peluquería y prótesis de la saga The Hole, La Familia Addams y El jovencito Frankenstein. “He tenido mucha suerte -afirma tajante la gallega-, porque he tropezado muy pronto con LETSGO, la productora para la que trabajo y con la que he podido participar en estas dos últimas producciones, que ha adaptado y dirige Esteve Ferrer. Con ellas he podido aprender y desarrollarme, a la vez que trabajo, y eso es una gran suerte”.

Olaya está en estos últimos tiempos como coordinadora del departamento de maquillaje y peluquería en la productora para la que trabaja .Y, como nos hemos dirigido a ella como Diseñadora de caracterización, lo primero que preguntamos a Brandon es en qué consiste exactamente esa disciplina. Lo tiene muy claro: “el caracterizador se ocupa de crear los efectos, el maquillaje y la peluquería de cada personaje en cualquier espectáculo”.

Vamos a hablar, pues, de caracterización en el teatro, pero antes quizás convendría remontarnos a los primeros tiempos en que el hombre y la mujer decidieron alterar ligeramente su fisonomía recurriendo a pinturas y a complementos para ensalzar su aspecto físico: “hace ya muchos siglos que, no solo la mujer, sino también el hombre utilizaba colorete en ciertas épocas, por ejemplo en la Edad Media. Y más aún con el uso de maquillaje y pelucas en los siglos XVIII y XIX. Ocurre otro tanto con el uso del tacón, que aunque hoy es casi exclusivamente femenino, fueron los hombres los primeros en utilizarlo…”. Claro que el uso del maquillaje ha dado más quebraderos de cabeza y sustos inesperados en épocas anteriores que en la actual, decimos a Olaya, y ella lo corrobora al afirmar que “los productos que se utilizaban entonces eran muy peligrosos y era relativamente frecuente que, incluso, la gente se muriera por intoxicaciones por el exceso de cal que se echaba en la piel, o por el mercurio que se aplicaba para darse colorete incluso en los labios. ¡Se hacían auténticas salvajadas…!”.

Confieso que no he acudido a ninguno de los musicales en los que ha intervenido Olaya Brandon, pero varios amigos aficionados al teatro musical me han contado verdaderas maravillas del trabajo de diseño de caracterización en estos montajes, y esa es la causa de que hoy hablemos con esta joven diseñadora gallega, afincada en Madrid desde hace cuatro años, aunque ha pasado ya por unas cuantas ciudades más en su corta pero intensa carrera profesional. “Trato de llevar al teatro todo lo que he estudiado en los campos de la moda y del cine”, nos dice.


“No estamos olvidados, ni mucho menos…”

A pesar de que ha tenido recientemente un pequeño accidente y el traumatólogo le ha inmovilizado el hombro derecho, Olaya viene perfectamente maquillada al lugar de encuentro para la entrevista, deshaciendo así el mito de ‘en casa del herrero, cuchillo de palo’: “trato de salir siempre maquillada a la calle y, aunque me ha costado un poco poder hacerlo con la mano izquierda, lo he conseguido. Lo hago más para proteger la piel de la gran polución que hay en Madrid, que por puras razones estéticas. Aunque el maquillaje también tiene otras muchas propiedades (hidratantes, etc.), que hacen aconsejable su uso de forma habitual”.

¿Maquillaje?, ¿caracterización?, ¿hablamos de lo mismo o hay matices al respecto?: “cuando hablamos de maquillaje entendemos por él lo que podría llamarse el maquillaje social, o de fantasía, que consiste simplemente en pintarse la piel con productos adecuados para ello. Para mí la caracterización consiste más en transformar a una persona en algo distinto. Y tampoco hablamos de lo mismo cuando nos referimos a los FX, los efectos o las prótesis, que cuando hablamos del maquillaje de caracterización. Tú puedes hacer que una persona se parezca a otra, simplemente con este tipo de maquillaje, o puedes hacer también –como es frecuente en el cine-, heridas o cortes, más o menos leves. Los efectos, por el contrario, exigen la utilización de moldes de látex, prótesis, postizos y otros elementos que van adheridos a la piel para transformar la forma real de la cara o de la cabeza, pongamos por caso”.

Olaya sitúa en su justa medida el papel de los caracterizadores en los equipos artísticos de las producciones teatrales: “es cierto que figuramos siempre en la cola de los programas, después de todas las demás áreas (escenografía, vestuario, iluminación…, y, al final, suele venir eso de caracterización y/o maquillaje), pero no estamos olvidados, ni mucho menos, que es lo importante. Creo que esto obedece únicamente a una jerarquía de orden porque nosotros necesitamos ver todo lo demás para poder crear. Yo no puedo hacer el maquillaje o la peluquería sin saber antes qué vestuario es el que se ha decidido utilizar. La razón es muy simple: hay que fijarse muy bien, previamente, en volúmenes, colores, etc.”.

Aunque Brandon no ha estudiado Arte Dramático, conoce muy bien la importancia que se da en las escuelas al maquillaje y que los actores comienzan muy pronto a practicar con él: “en el 90 por ciento de los teatros los actores se maquillan ellos solos, incluso aunque el teatro cuente con equipos de maquillaje y peluquería. Yo, por ejemplo, me encargo de diseñar y de enseñar a los actores de las producciones en las que intervengo, cómo maquillarse correctamente. Eso les interesa a las productoras, por evidente ahorro de costes y de tiempo, pero la calidad final no puede ser la misma que si interviniesen directamente técnicos de peluquería y maquillaje. Y ya sé que este no es el único sector en el que se pide a todo el mundo que haga de todo… Sólo para la peluquería, por ejemplo, sería necesario que los actores estuviesen en el teatro dos horas antes de comenzar la función, para retoques de peinados y pelucas, etc. Y, en el caso de El jovencito Frankenstein, para colocar prótesis y demás, que es imposible que puedan hacérselo ellos solos… Al final todo depende del nivel económico de la productora, pero lo ideal sería que tuviesen personal cualificado para todo. Aunque maquillaje y peluquería no es lo mismo, “hoy se pide que el maquillador sea peluquero, y viceversa, y eso no es tan fácil, como tampoco lo es que un tapicero sea chapista, o que el chapista sea tapicero”.


“Necesito algo mucho más creativo que maquillar a un político”

Pero como aquí de lo que se trata es de conjugar calidad y eficacia, parece que no hay muchos caminos distintos al de la supervisión y la formación permanentes: “efectivamente, aunque la calidad final no es la misma, hay que conjugar los criterios de empresa con la mayor calidad posible. En otras palabras, que no queda otra que intentar diseñar las cosas para que todo sea más llevadero. Yo estoy muy encima siempre y, aunque los actores se automaquillen, estoy ahí cerca para los posibles retoques, y las chicas de peluquería también andan encima para ayudarles. Es la única forma de que todo siga la misma línea, de que todo esté cuidado hasta el extremo que se pueda. Y mucho más aún en producciones tan complicadas como son Los Addams o El jovencito Frankenstein, en donde la caracterización y el maquillaje tienen un papel muy importante”. Hay una diferencia radical entre el maquillaje convencional -o social, como antes lo llamaba Olaya- y el de teatro. Mientras uno sirve fundamentalmente para proteger la piel y se utiliza también con fines de realce personal, el maquillaje en teatro está orientado fundamentalmente a pronunciar o matizar ciertos aspectos de la fisonomía del actor para que lo acerquen más a la del personaje que va a encarnar. Brandon concreta diciendo que “para transformar al actor en el personaje de Igor hay que aplicarle maquillaje 2D, para pronunciar la nariz, que sus ojos sean saltones, etc., para intentar que se parezca al personaje de la película, para que los espectadores lo recuerden…”. Le pedimos, de paso, que nos aclare algo que hemos leído sobre el tema, y es lo de la técnica del claroscuro en el maquillaje del actor: “básicamente es la misma que se utiliza en Bellas Artes. Es muy agradecido conocer lo más posible de arte, porque después en el maquillaje te va a hacer falta con muchísima frecuencia. Lo que hacemos es que, con oscuros, hundimos donde queremos hundir, y con blancos, al contrario, se resaltan esas facciones. Sólo con esta técnica, se pueden dar volúmenes o quitarlos, en la zona que quieras, y transformar así un poco las facciones. En teatro esto se utiliza muchísimo porque la distancia hace que se vean en tres dimensiones ciertas partes de la cara. Es lo mismo que cuando vas al Prado y te acercas o te alejas para contemplar las pinceladas o la imagen compacta en un cuadro de Velázquez”.

“Lo más divertido y lo más bonito de la profesión es poder hacer que el maquillaje transforme a alguien hasta el punto de hacerle parecer un idiota, o un tío inteligente –apostilla Brandon-. Muchas veces hacemos que el más guapo de la función sea el tonto del pueblo. O lo transformamos en un abuelo, o en un jorobado. Y, -como sucede en Frankenstein-, podemos hacerle recuperar en escena a su imagen real, y que vuelva a ser el más guapo…”. Lo mismo –le decimos a Olaya- has equivocado tu camino y deberías dedicarte a modificar la imagen de ciertos políticos, porque posiblemente te resultaría más rentable. “Todos los políticos –nos responde- tienen ya sus maquilladores y sus asesores de imagen. Pero no creo que me haya equivocado porque tengo inquietudes mucho más artísticas, que no podría desarrollar con ellos. Vengo del mundo del arte, he pasado por el vestuario, el maquillaje, etc., y necesito algo mucho más creativo y de fantasía que maquillar a un político. Si tuviera que hacerlo, a mí me parece que no lo utilizaría para esconder algún defecto físico suyo, o para realzar sus aspectos más positivos. Me parece que es más apropiado que salga de forma natural, tal como es, porque lo que los votantes buscamos es transparencia y no que nos maquillen todo tanto. Cuanta mayor sea la imagen de naturalidad que transmita, nos parecerá que también será más natural con nosotros”.

Es lógico pensar que el maquillaje a aplicar sea distinto en función de la distancia en la que el público va a ver a los actores: “si la distancia es pequeña, el maquillaje tienes que hacerlo mucho más social. Ocurre lo mismo cuando de lo que se trata es de que los actores interactúen entre el público. Hay otros espectáculos en donde hay que procurar que el maquillaje se vea bien tanto de lejos como de cerca y, entonces, lo que intento es que los acabados (los bordes) del maquillaje sen lo mejor acabados posibles. En el teatro, hay que jugar con la premisa de que una prótesis vaya a durarte toda una semana, aunque por seguridad puedas tener varias. En el cine, sin embargo, las prótesis que se utilizan son de usar y tirar. Y, si tuviera que hacer una obra de las características de Los Addams o El jovencito Frankenstein para un teatro pequeño, pensaría más en el maquillaje de cine que en el de un gran teatro, en donde las distancias son mucho mayores. En estos espacios, la distancia hace desaparecer bordes y hace que todo se vea mucho más empastado y más pulido”.

Con todo, la prueba definitiva hay que hacerla con la luz final que vaya a utilizarse y “por eso, antes de cerrar nada, vamos poniendo a los actores sobre el escenario y probando maquillajes con todas las luces que se van a utilizar finalmente en el espectáculo porque hay ciertas luces que se complementan con el maquillaje y, de repente, desaparece el color, y entonces hay que hacer varios cambios en los tonos utilizados”. Y Brandon vuelve a referirse a Frankenstein para ilustrar el que ha sido el trabajo más difícil de su carrera como caracterizadora “porque aquí, no sólo lo he diseñado todo, sino que lo he fabricado yo misma, con mis manos. He utilizado fundamentalmente látex aunque también hay prótesis dentales y posticería facial. De ahí la importancia de estar más que familiarizada con las Bellas Artes (pintura, escultura…) para hacer bien tu trabajo. Me pasé todo un verano entre pinturas y escayolas –comenzamos en junio, y estrenamos en octubre-, para poder tenerlo todo listo. Y, finalmente, el diseño se va perfilando sobre la marcha, porque son muchas las cosas que cambian en el transcurso de su fabricación. Un diseño normal puede terminarse en un mes, más o menos, pero uno de las características de este musical exige mucho más tiempo al tener que fabricar nosotros mismos las prótesis, las pelucas, etc.”.

“Lo que más hago en el teatro con el maquillaje es resaltar la expresión –termina diciéndonos Olaya-. Aunque siempre me leo primero el texto, después les pregunto a los actores para ajustar más la caracterización al personaje, tal y como lo concibe el actor, porque es él quien tiene que defenderlos sobre el escenario. Y suelo preguntarle más a él que al director, una vez que este ya me ha dado las pautas generales”. Es, al final, la experiencia la que sirve de base a este trabajo que, en general, creemos que adolece de una buena literatura técnica sobre el tema. Brandon nos lo confirma al afirmar que “sí, desde luego, uno trata de buscarse la vida por donde puede. A través de cursos y de información procedente sobre todo de publicaciones especializadas que se editan en Estados Unidos y en Japón”. Estamos, pues, esperando algún manual actualizado, y lo más completo posible, y en español, sobre la caracterización, en su más amplio sentido, que pueda cubrir esta carencia. Lo mismo acabamos de hablar con alguien que podría firmarlo en unos cuantos años. Pasión, interés y formación, desde luego, no le faltan a Olaya Brandon.
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