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La neo-dictadura y sus callejones

La neo-dictadura y sus callejones

jueves 23 de abril de 2009, 19:17h

Por su naturaleza y contenido, la neo-dictadura venezolana a la vez se refuerza y se debilita

Al calor de la discusión sobre el tipo de régimen político que tenemos, se ha fortalecido en el país la noción de que estamos ante una nueva forma de dictadura, al que corresponde llamar neo-dictadura o dictadura de nuevo cuño.

Se trata de un gobierno autocrático, en manos de un gobernante que tiene pleno control de todos los otros poderes del Estado, gracias a lo cual puede manejar a discreción las formas y los espacios democráticos que ese completo dominio de los poderes le permite tolerar. Así, manipula los procesos electorales, descabeza liderazgos, persigue selectivamente, hostiga la libertad de expresión, criminaliza y somete a control estatal cuanto se le antoja... Todo ello, en el contexto de un proceso incesante de acumulación de poder en manos de ese gobernante, de ese neo-dictador. La novedad está en que, al mismo tiempo, se da la existencia de unas libertades, de unos espacios, de unas elecciones, de unas organizaciones, donde es posible la crítica pública, la protesta, la denuncia, la resistencia pública, el intento de derrotar con la mayoría a las fuerzas que respaldan la neo-dictadura. Hay que subrayar este elemento: a la neo-dictadura le es inherente el rasgo de que no puede cerrar esos espacios y libertades, ni hacerlos ilusorios. Por mucho que los hostigue, restrinja, administre, ahí están, conservando un núcleo irreductible de realidad. Si ese núcleo desaparece, se entra en una dictadura pura y simple, y el juego es otro.

Hasta lo que llevamos dicho, el concepto de neo-dictadura puede adaptarse a diversos contenidos ideológicos. De repente podría decirse que el gobierno de Pinochet, ideológicamente tan distante del de Chávez, se convirtió en sus últimos años en una neo-dictadura, de una dictadura pura y simple que era en los primeros. Aquí viene entonces la importancia de los contenidos ideológicos y la competencia técnica, en su combinación con los recursos democráticos.

Porque si la neo-dictadura está orientada por una ideología inservible y es técnicamente muy incompetente, va a tener efectos perjudiciales cada vez más visibles sobre la mayoría de la sociedad. Efectos popularmente visibles que, al combinarse con esos espacios democráticos donde ya está alojada la mitad de la población y con las acciones que desde allí, irreductiblemente, pueden llevarse a cabo, tienen la potencialidad de reventar los torniquetes y muros neo-dictatoriales, y de impedir la clausura definitiva de los ámbitos democráticos y hasta de revertir su estrechamiento.

Las neo-dictaduras como la nuestra hacen a la vez dos trabajos. Refuerzan sus mecanismos de poder autocrático y malgobiernan. Así lo hace la de Chávez. Por un lado, multiplica y aprieta sus clavijas y sus instrumentos de persecución y control. Por el otro, y sin poder evitarlo, produce, amplía y profundiza sus errores fundamentales.

Podemos decir que, por este último aspecto, y desde la perspectiva de su propio debilitamiento, Chávez está haciendo "su parte" del trabajo. Somos los demás los que tenemos que hacer la nuestra.

Por ahora, esto se traduce en un descontento social y psicológico que es más amplio que el descontento político, y que sólo con mucha lentitud se traduce políticamente. Hay un desfase allí entre la insatisfacción social y psíquica de la población y su expresión política. Para cancelar progresivamente ese desfase, y que el cumplimiento de Chávez de su "misión" de malgobernar nos rinda frutos democráticos, las fuerzas que adversan la neo-dictadura tienen que cumplir la suya, en especial las fuerzas políticas. La sociedad democrática exige de parte ellos más desprendimiento y más orientación. Les corresponde llenar su papel de dirección de esa sociedad a través de tres o cuatro grandes vectores: unidad y coordinación; una oferta alternativa básica y común; seguimiento y denuncia de la crisis y respaldo de los conflictos que genera; defensa cerrada de los espacios de libertad.

Es también importante revisar y modificar el formateo mediático a través del cual las posturas democráticas están siendo transmitidas a la población.

Por su propia naturaleza y contenido, la neo-dictadura venezolana a la vez se refuerza y se debilita. Para que esto último compense y prevalezca sobre lo primero, las fuerzas políticas democráticas tienen que llenarse del sentido de urgencia, celeridad, activismo, que corresponde. Ya se acabó el margen para las excusas, las justificaciones y la espera.

dburbaneja@gmail.com

 

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