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El trotskysmo llama tres veces

El trotskysmo llama tres veces

viernes 13 de abril de 2007, 12:44h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
Este hermoso país conocido en el mundo entero por su “excepción francesa” en ámbitos tan diversos como la diplomacia, la cultura, o la gastronomia, tiene en lo político y electoral una diversidad en la que vale la pena detenerse: la presencia de tres candidatos que se reclaman del trotskysmo en una elección presidencial. En el 2002 tuvieron mas de 10% de votos.
  
Sesenta y siete años después del asesinato de Trotsky,  sus herederos políticos  en Francia  siguen presentes en la arena política  de esta sociedad del espectáculo y del consumo,  arrastrando la energia vital del viejo León Davidovitch, pero también las divisiones endémicas de aquella y hoy olvidada Cuarta Internacional.
   
La  influencia en el debate político de las ideas  del anciano bolchevique, crítico y enemigo del estalinismo,  han marcado a varias generaciones en el mundo entero.  Aquí los ex troskystas son multitud entre los consejeros y políticos  socialistas, pero también en otras profesiones  como la prensa , la cultura o el mundo empresarial.  Incluso a Lionel Jospin le  reprocharon haber coqueteado con el trotskysmo. A algunos que querían cambiar el mundo, el mundo les cambió,  mientras que otros sin conseguir cambiar nada, han mantenido la llama de la protesta extra parlamentaria, en defensa  de los asalariados.  Si bien en Europa  la  clase obrera industrial está en vias de desaparición,  los trabajadores pobres son mayoria en este mundo desarrollado en donde la riqueza sigue estando como siempre muy mal repartida.  La fuerte presencia del movimiento trotskysta en Francia se explica sobretodo por su implantación en las organizaciones  sindicales, en aplicación de la teoria de Don León sobre el “entrismo”.
   
Seis veces candidata a la presidencia de la República, Arlette Laguiller, empleada bancaria hoy jubilada,  ha sido  durante estos últimos años la más popular de los candidatos “trotskystas”. Pero Olivier Besancenot, empleado de correos  y candidato de la LCR, Liga comunista revolucionaria, sucesor del histórico Alain Krivine, le ha  comido plano en la escena de la comunicación. Su campaña electoral es mas realista, menos  ideológica y esquemática que la de Laguiller, más centrada en las luchas sociales y  los efectos de la mundialización, cuando no se deja  encerrar en estériles discusiones sobre la  antaño tan esperada Revolución. Para Besancenot esta es su segunda  candidatura como para  recordar que “el cartero llama siempre dos veces”. Los profetas de los institutos de opinión le  auguran incluso un mejor resultado que a la veterana Arlette.
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