Lejos del glamour de diseñadores y modelos, Cibeles cuenta con dos centenares de trabajadores sin los cuales no habría pasarela. ¿Cuántos canapés se consumen? ¿Quién arregla el imprescindible aire acondicionado? ¿Qué comen las modelos? Es la 'cara B' de la gran semana de la moda de Madrid.
Luces, música y... ¡acción! Con una frenética cuenta atrás, en la que todo está calculado al milímetro, comienza en Pasarela Cibeles el primer desfile del día de un renombrado diseñador y sus modelos de talla internacional.
Son las diez de la mañana, pero para el equipo de mantenimiento de la gran carpa que alberga la Semana de la Moda de Madrid en el Retiro, la jornada ha comenzado dos horas antes. Antonio y Sergio, responsables de electricidad y climatización, hacen una revisión general de sistemas antes de que comience el 'show'.
"Sólo las luces de la pasarela tienen 250.000 vatios de potencia, eso sin incluir los ventiladores, cámaras frigoríficas y todos los ordenadores. No puede fallar y no lo hace, aunque alguna vez salta un diferencial y hay que arreglarlo", explican. Las quejas, como suele pasar, vienen por el aire acondicionado: "La temperatura es estándar, pero siempre hay quien lo quiere más alto o más bajo".
500 comidas y 1.000 refrescos
De la infraestructura general puesta en marcha por Ifema, a las provisiones. Antes incluso que los técnicos han llegado a la carpa los responsables de Mónico Gourmet, que desembarcan a las siete de la mañana para tener listos los más de 1.000 refrescos, 150 bocadillos, 600 canapés, 500 comidas y las más de 400 tazas de café que se consumirán al día.
"Somos los primeros en llegar y de los últimos en irnos", asegura a Madridiario Raul Elías, jefe de catering, "y el ritmo es totalmente frenético, sobre todo después de cada desfile". Él nos desvela que el producto estrella en Cibeles son las bebidas con cafeína, que los canapés "no duran ni media hora en las mesas" y que la alimentación de las modelos, lejos de típicos tópicos, está realmente cuidada.
"Existe un gran surtido de ensaladas y pasta de primero; después, dos pescados y dos tipos de carne con sus respectivas guarniciones, con variedad de manzanas, plátanos, naranjas de postre", añade Raul. Además, los camareros llevan fruta a los talleres de maquillaje y peinado a las modelos cuando estas necesitan comer entre horas.
¿Quien cuida de nosotros?
Justo antes de que la Pasarela abra sus puertas, el equipo de seguridad dirigido por José Palomo ha terminado la inspección del recinto y los vigilantes ya están apostados en las entradas del mismo: "La gente que viene aquí es muy respetuosa y pocos intentan colarse. Nuestra función es disuasoria, pero si no hay acreditación no se puede pasar".
Igual de atentos a todo lo que ocurre se encuentra el servicio sanitario de la feria, compuesto por un médico, un técnico de ambulancias y una enfermera que atienden en su mayoría pequeños cortes y dolores de cabeza producidos por el estrés y el esfuerzo.
En medio de la vorágine de carreras, pocos reparan en las imprescindibles señoras de la limpieza. Dos equipos de ocho personas cada uno se reparten una jornada de 14 horas en las que no hay tiempo para detenerse. "Te encuentras papeles, restos de maquillajes y pañuelos por todos lados, pero la gente nos agradece mucho el trabajo y es muy amable", afirma Angelita escoba en mano. "Somos parte de la Pasarela aunque estemos detrás del escenario. Sólo la pisamos para dejarla como una patena. Es nuestro momento de gloria", bromea divertida.
Las 'virguerías' se pagan aparte
De todas las personas que componen la 'trastienda' de Cibeles, los más próximos al halo de éxito que envuelve a diseñadores y modelos son los técnicos de sonido y luces. El reconocido David Dalmau, toda una institución tras 19 años como dj oficial de la Pasarela, mezcla para los creadores la música que ellos le dan, "y a veces es todo un reto".
"Ellos te dan una pieza que les inspira, que dura 30 segundos, y tienes que ingeniártelas para remezclarla y estirarla durante 3 minutos. Eso, o encajarla con otra pieza que viene a continuación cuyo ritmo y velocidad no tiene nada que ver. No hay tiempo para estresarse porque todo es muy rápido, pero a la vez es genial", cuenta Dalmau, que utiliza seis altavoces Meyer cuyo valor ronda los 6.000 euros por unidad.
La iluminación, parte imprescindible de todo desfile, corre a cargo de otro histórico en Cibeles, Ramón Castells (de Moonlights), que tiene a su disposición 300 focos para 'diseñar' la luz apropiada a cada tipo de mujer. "Hay una iluminación uniforme, aunque se admiten variaciones. Eso sí, si alguien pide una virguería, eso se paga aparte, y cuesta caro", afirma Castells antes de ponerse los cascos, colocarse frente al ordenador y dar el ok para que el 'show' de Cibeles continúe.