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Hijos adoptados

martes 19 de diciembre de 2006, 10:54h
Actualizado: 10 de octubre de 2007, 11:36h
La adopción es un gesto de solidaridad. Conlleva el criterio de una familia para un niño y no de un niño para una familia.

Por eso, se han de valorar suficientemente las características y motivaciones de los padres adoptantes, las solicitudes deben ser exhaustivamente seleccionadas, estudiando la idoneidad, porque al fin ambas partes aportan felicidad.

Si bien cabe preguntarnos si hay excesivas trabas legales para adoptar un niño, si el tiempo se dilata en exceso o es coherente con la trascendental decisión que conlleva, si existe suficiente coordinación entre los organismos oficiales para la adopción internacional entre el país del que procede el niño y al que llega o se está delegando en exceso en asociaciones y empresas particulares

Adoptar supone un compromiso vital, y no cabe mantener el criterio de la posibilidad de devolución como si de unos grandes almacenes se tratara. No existen devoluciones, sino abandono.

Adoptar es a un niño, a ese niño, no a cualquier niño, no cabe desplazarse a un país y ante problemas burocráticos “cambiarlo” por otro. Nada tiene que ver la adopción con la compraventa de niños, como estos terribles anuncios de Internet que dicen: “Los nuestros, sin defectos”. O se está alerta y se es estricto o se mercantilizará la crianza.
Los niños adoptados no son especiales. En ocasiones se crean falsas expectativas, fantasías difíciles de llevar a buen puerto, pues los niños no siempre se integran perfectamente en el núcleo familiar establecido.

Lo único seguro en la adopción es que si bien se evita un parto, la relación padres-hijos va mucho más allá del concepto “es sangre de mi sangre”.

Por lo antedicho los equipos psicosociales pertenecientes a la Administración deben apoyar desde la proximidad a padres e hijos adoptantes. Realizar un seguimiento de la relación de los padres y niño adoptado, una vez realizado el trámite, es decir, ¿preocupa y ocupa el después tanto como el antes?

Los hijos adoptados pueden tener algunas dificultades iniciales como la necesidad de estar siempre con los padres, acaparar objetos, poner a prueba normas y límites, falta de control de impulsos, hiperactividad, escasa tolerancia a las frustraciones, baja autoestima, autolesiones y agresividad, dificultad para verbalizar recuerdos y sentimientos del pasado, aparición de enuresis secundaria, olvidos frecuentes, dudas (no saben que se espera de ellos), enlentecimiento evolutivo, dificultades en el sueño, introversión, comer de forma ansiosa, secuelas de hospitalismo.

Los padres adoptantes puede sentirse desorientados ante algunas conductas del niño, desbordados ante la demanda de contacto físico y cariño, incapacidad para abordar conductas de rechazo, rabietas, etc., ser incoherentes, mostrando en ocasiones rigidez y en otras siendo desbordados sin establecer límites, cansancio, interiorización de que se ha perdido intimidad, culpabilidad cuando se castiga, solicitud de que el niño exprese agradecimiento, percepción de aislacionismo, si el niño se vincula más con la pareja, ambivalencia, se quiere al niño, pero hay momentos que no se sabe qué hacer con él (por sus conductas complejas).

La revelación de la adopción puede producir una permanente intranquilidad paterna. Los padres de un niño adoptado deben descartar desde el principio la idea de no revelarle el hecho de la adopción. Los hijos tienen el derecho a conocer su realidad, algo que con sensibilidad se puede hacer saber antes de empezar la escolaridad (dependiendo de la madurez) con el objeto de evitar que la noticia llegue “por otros conductos”.

Dejándole claro que fue deseado y esperado,  que ser adoptado significa que se crece en el corazón, no en el seno de la madre, que su presencia ha llenado de alegría y felicidad a sus padres, que siempre va a ser querido y miembro de esa familia aunque a veces haga cosas para ser rechazado, la verdad será aceptada por el niño con normalidad.

Los niños de aquí y de allí van asimilando con naturalidad el proceso de adopción nacional e internacional, derribando fronteras legales y mentales, estableciendo  las bases reales para que el derecho de todo niño a tener una buena familia sea una realidad.
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