jueves 25 de enero de 2007, 20:51h
Actualizado: 19 de septiembre de 2007, 18:32h
La ciudad de Davos en Suiza que al parecer inspirase a Thomas Mann en su famosa novela “La Montaña mágica” vivía de la nieve y del turismo hasta que en los años 70 el profesor Klaus Schwab empezó a reunir a economistas y expertos para discutir las innovaciones del mundo económico, reuniones que concluyeron en la articulación del Foro Económico Mundial que han dado fama mundial al nombre de Davos.
El discurso de apertura del Foro Económico Mundial que trata de abordar la recta final de la Cumbre de Doha a favor de la liberalización de los intercambios, y asimismo la lucha contra el cambio climático como nuevo y principal desafío correspondió a la Canciller de Alemania Angela Merkel, actual Presidenta del Consejo de la Unión Europea y Presidenta del G-8 que comprende a los países más industrializados del mundo, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Rusia, Japón, Alemania, Francia e Italia.
Ante 24 Jefes de Estado o de Gobierno, 85 Ministros de Economía y Finanzas y 2400 empresarios, académicos y profesionales, Angela Merkel planteó nuevas formas para resolver los principales problemas de la globalización. Sobria y firme, con buen humor y con la misma naturalidad con la que el pasado domingo se reunió con Vladimir Putin en el Balneario de Sochi, en el Mar Negro, para pactar sobre suministro de recursos energéticos de Rusia a Europa, Angela Merkel apostó por el diálogo flexible para terminar con éxito la Ronda de Doha sobre la liberalización del comercio, aludiendo a nuevas formas de diálogo entre los poderosos países del G-8 y los países emergentes, Brasil, China, India, Sudáfrica y México, países a los que invitará como Presidenta del G-8 a la Cumbre que se celebrará en junio en Heiligendamm, precisando que la responsabilidad del éxito se apoya sobre muchos hombros y todos deben acercar sus posiciones para liberalizar los intercambios.
Tras la suspensión de las negociaciones de la Ronda de Doha a finales de junio del pasado año por la incapacidad de llegar a acuerdos sobre asuntos claves como la reducción de las tarifas agrícolas y de bienes industriales, Angela Merkel apostó ahora por llegar a un acuerdo este año en la liberalización de los intercambios, y como novedad aludió a la intensificación de las relaciones económicas trasatlánticas y a la reducción de los costes derivados de las diferencias en la regulación de las transacciones para lograr un Acuerdo de Libre Cambio Europa-Estados Unidos, uno de sus grandes objetivos en su reciente visita a los Estados Unidos.
Angela Merkel consideró que concluir favorablemente la Ronda de Doha, avanzando en las negociaciones para la liberalización de los intercambios es una ventana de oportunidades que se tiene que aprovechar. Presentándose como una verdadera defensora de la liberalización del comercio a escala mundial y abordando asimismo la reducción de las desigualdades globales dando forma política a la globalización, alertó a cualquier tentación proteccionista de Europa, una Europa cada vez más pequeña, cuya población en 1957 representaba el 21% de la mundial y que en 2050 bajará al 7% y solicitando a los europeos que abandonasen su eurocentrismo.
Junto a la liberalización de los intercambios, Angela Merkel planteó la necesidad de afrontar el cambio climático y la pobreza, asegurando los abastecimientos de energía y afrontar la reducción de CO2 para luchar contra el cambio climático, afirmando que junto con el éxito económico aumenta la responsabilidad de mantener a nuestro planeta vivible en paz y prosperidad durante las próximas generaciones.
Por ultimo calificó de muy razonable e inspirador de esperanza el paquete de medidas energeticas anunciado por el Presidente de los Estados Unidos George W. Bush en el discurso del Estado de la Unión , manifestando que EE.UU. “sabe ahora que las nuevas tecnologías para la eficacia energetica son totalmente necesarias”, pero también dijo que la política sola no sirve para prevenir las consecuencias del cambio climatico haciendo un llamamiento para llegar a un acuerdo vinculante al considerar que el discurso del Presidente americano era “mucho más abierto” que su posición anterior sobre el cambio climático y su negativa a firmar el Protocolo de Kyoto.