La noticia de un nuevo relanzamiento de la coalición de izquierdas ha propiciado que el agitador y eurodiputado Alvise Pérez se apunte el tanto de ese impulso del espectro político progresista.
El reciente resultado de Se Acabó la Fiesta (SALF), que pese a no obtener representación en las Cortes de Aragón, se considera positivo para el ultra y líder de las 'ardillas', habría provocado ese un movimiento en el tablero electoral de Castilla y León.
Cree Alvise, o así lo ha manifestado en redes sociales, que él ha forzado a Sumar, Podemos, Izquierda Unida, Comuns y Más Madrid a plantear una alianza de urgencia. Omite el resultado positivo de Vox, que ha doblado escaños en Aragón.
Cálculos electorales
El sistema electoral de la comunidad castellano y leonesa, que no cuenta con una circunscripción única sino con 9 provincias de magnitudes pequeñas, convierte la fragmentación en un riesgo letal.
Bajo la aplicación del método D’Hondt, un resultado de SALF situado entre el 4% y el 5% regional podría ser suficiente para empujar a la izquierda alternativa hacia la irrelevancia parlamentaria, tal y como ya ocurrió en Aragón con la desaparición de Podemos.
La clave del peligro reside en los umbrales electorales. Aunque la ley establece un mínimo del 3% de voto válido por provincia, el umbral efectivo en circunscripciones que reparten pocos escaños (entre 3 y 6) suele elevarse hasta el 10% o 20% según la competencia. En este escenario, la irrupción de un nuevo actor con voto apreciable introduce más divisores en la tabla de cocientes, desplazando a los partidos medianos que luchan por los últimos escaños. Si las fuerzas a la izquierda del PSOE compiten por separado, corren el riesgo de quedarse sin representación a pesar de sumar miles de papeletas en el cómputo global.
D’Hondt y el efecto del "último escaño"
La consolidación de SALF en el 4% o 5% autonómico no se traduce de forma uniforme en todas las provincias, pero su capacidad para concentrar voto en capitales (con bolsas del 6% al 8%) altera quién se adjudica el escaño final. En provincias de baja magnitud, casi todo se decide en los restos; si la izquierda alternativa compite dividida con marcas de baja implantación y se queda en un 6% o 9% provincial, el competidor extra (SALF) aprieta el reparto y suele provocar la caída del tercer o cuarto actor del tablero.
Ante esta amenaza matemática, Alvise considera que los partidos que integran la órbita de Sumar e Izquierda Unida ven en la coalición o "marca paraguas" la única salida para garantizar la supervivencia. La creación de una candidatura única por provincia permitiría maximizar la disciplina del voto útil interno y proteger ese último escaño en disputa.
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