Todo parece indicar que la posición de rebeldía permanente adoptada por
María San Gil vino motivada por la labor de
agi-prop llevada a cabo por
Jaime Mayor Oreja. Todos saben que San Gil es la ‘pupila’ de Oreja -el ex ministro es su auténtico mentor- y las maniobras de éste habrían determinado que la entonces presidenta del PP vasco le arrojara el guante a la cara a Rajoy.
Pero lo que no se sabe hasta ahora es qué motivó que Mayor Oreja agitara de esa forma las aguas revueltas del PP vasco: según nuestros medios, que poco antes,
Mariano Rajoy ya le había dicho a Oreja que no pensaba en él como secretario general del PP en sustitución de
Ángel Acebes, que ya había anunciado su retirada. Un cargo que luego, en el Congreso Nacional de julio en Valencia, recaería en
María Dolores de Cospedal.
A partir de entonces, la rebeldía de San Gil motivó una situación de cisma en el PP vasco, felizmente solventada con la elección de
Antonio Basagoiti como presidente del PP de Euskadi. Pero en la sede nacional en la calle Génova, que sabían -y saben- de los manejos de Mayor Oreja no se han olvidado de aquello. Aunque aún no está decidido, todo parece indicar que Rajoy se inclina porque Mayor Oreja no encabece la candidatura del PP en las próximas elecciones europeas.
Marejada parlamentaria
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Pero la marejada dentro del PP no ha amainado, ni mucho menos, sino que arrecia después de la tregua veraniega. Ahora las aguas están revueltas, tanto, que este mismo lunes la portavoz parlamentaria, Soraya Sáenz de Santamaría, les ha echado una buena bronca a los parlamentarios populares: les ha venido a decir algo así como que empiecen a trabajar en serio y que se dejen ya de conspiraciones de salón.
El enfado final de Sáenz de Santamaría vino determinado -
según ya hemos contado en nuestro diario e-Xclusivo-, por el ‘papelón’ que su Grupo hizo en la sesión de control en la que no intervenían ni
Rodríguez Zapatero ni el líder de la oposición. La imagen de un hemiciclo vacío y faltando, además, un diputado del PP que debía formular una pregunta a
Pedro Solbes ha creado una pésima imagen en la sociedad.
Tras aquella comentada ausencia Sáenz de Santamaría se mostró muy dura con sus diputados. Su enfado llegó por e-mail, en el que, junto a la foto del despoblado hemiciclo, les advertía de que aplicaría sanciones disciplinarias contra todo el que no cumpliera con sus obligaciones parlamentarias. Ese mismo día, Sáenz de Santamaría llegó a declarar en una entrevista que aquel que no quiera ir al Congreso “debe renunciar a su escaño”.
Ahora bien, según contábamos ya, la reprimenda no ha caído nada bien entre determinados diputados: precisamente entre los que andan por los pasillos de la Cámara Baja cuestionando la labor de Soraya y alimentando la idea de que la responsable del Grupo ‘margina’ a unos y ‘premia’ a otros, según sus afinidades con la actual cúpula del partido.
Pero Soraya no se ha amilanado, ha llamado a todo el Grupo a rebato y les ha venido a decir algo así como que empiecen a trabajar en serio y se dejen de conspiraciones de salón. Vamos, que al que no le guste, que se vaya, pero que ya es hora de arrimar el hombro.
FAES amaga, Aguirre atiza

La situación ha venido a empeorar desde la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) que preside
José María Aznar. Un informe del profesor
Miguel Ángel Quintanilla Navarro, que mereció un lugar destacado la pasada semana en todos los medios de comunicación, se ha convertido ya en el banderín de enganche de los descontentos del PP.
Aunque ese informe se ha publicado por activa y por pasiva -pueden verlo de forma íntegra
PINCHANDO AQUÍ-, conviene destacar algunos parrafitos del mismo:
“Desde las pasadas elecciones de marzo, el Partido Popular se halla inmerso en un estado de confusión que parece motivado por diferentes causas, confusión que como era previsible se está reflejando en los distintos congresos que ha celebrado el partido o en su no-celebración. De todas esas causas la más importante para el futuro de la política española es la que podríamos denominar ‘crisis ideológica’, una crisis de perfiles imprecisos e incluso negada con frecuencia por algunos de aquellos a quienes se les atribuye su responsabilidad”.
Sigue afirmando Quintanilla:
“No es gratuito pensar que la actual dirección del partido considera necesario modificar algunas de las principales ideas que han caracterizado al PP durante los últimos años. A esta modificación se ha aludido con las expresiones “centrar” el partido, hacerse cargo de las transformaciones que ha experimentado la sociedad española, reubicarse en una posición más próxima a la que ocupa el PSOE y adoptar un comportamiento moderado, entre otras”, algo que duele en la ‘vieja guardia aznarista.
Y un parrafito final:
“Se afirma, sobre todo, que el PP debe revisar su relación con los partidos nacionalistas y que hay que hablar con todos antes de adoptar una postura, algo que quizás parece más razonable cuando se trata de personas que acaban de conocerse que cuando se refiere a partidos que llevan décadas dejando testimonio de lo que piensan en todos los medios de comunicación a diario y sobre los que uno lleva opinando en público ese mismo tiempo”. Otra de las cosas que duelen en esa misma vieja guardia.

En definitiva, el trabajo de Quintanilla, al venir bendecido por FAES, ha tenido el efecto casi ‘banderín de enganche’, como decíamos, y los críticos han comenzado a surgir de nuevo. En ese sentido, la presidenta madrileña,
Esperanza Aguirre, parece haberse reconvertido en punta de lanza. No sólo en su pelea con
Ruiz-Gallardón, que arrecia día a día, sino en crítica medida a la dirección nacional.
A todo ello hay que sumar otros factores no tan externos, como la ruptura en Navarra con la UPN de
Miguel Sanz. Todo un caldo de cultivo que amenaza con estallar tras las dos pruebas electorales que debe afrontar el PP en unos meses: los comicios vascos y gallegos.