Día oficial de la discapacidad
miércoles 03 de diciembre de 2008, 16:49h
Actualizado: 15 de diciembre de 2008, 12:34h
El Día Internacional de la Discapacidad es otra fecha oficial más en la que todos se muestran sensibles a las necesidades de estas personas, comprensivos con sus reivindicaciones y atentos a que no se note que las barreras arquitectónicas siguen impidiendo su movilidad y que sus relaciones con los demás no se dan en igualdad de condiciones.
Las entidades representativas de los discapacitados físicos, intelectuales o sensoriales aprovechan el sentimiento de reinas por un día para mostrar a los demás lo que les cuesta moverse por las calles, hacerse entender y encontrar un empleo. También muestran el dibujo de la ciudad respetuosa con los derechos de todos, accesible por todos los lados y levantada pensando en todos sus habitantes y no al revés, es decir, cuando son los vecinos los que tienen que adaptarse a los diseños arquitectónicos de la modernidad y el desarrollo.
Los partidos y las instituciones se ponen sus mejores trajes para ofrecer sus mejores avances y propuestas. Los socialistas tienen dudas sobre el copago en los servicios que la Ley de Dependencia contempla porque los discapacitados ven con malos ojos eso de pagar por tener una atención que les hace más iguales a los normales y proponen crear una Comisión Permanente en la Asamblea de Madrid dedicada a vigilar el cumplimiento de las obligaciones de las administraciones con este colectivo. El PP está encantado con apoyar la puesta en marcha de esta iniciativa y con aceptar la segunda consideración del secretario general de los socialistas madrileños, Tomás Gómez, después de decir sí quiero a la Comisión de Estudio sobre la Sanidad Pública de la Comunidad de Madrid, ya en marcha y que está sirviendo para bien poco.
Desde el Gobierno regional festejaron el Día de la Discapacidad con la presentación de una nueva tarjeta identificativa que facilitará a estas personas cualquier trámite administrativo relacionado con su consideración de persona coja, ciega, sorda, muda o con trastornos intelectuales.
Las celebraciones oficiales de tan señalada fecha me supieron a fruta amarga cuando comentando con un buen amigo la buena disposición de todo el mundo a trabajar por un mundo mejor para todos, incluidos los discapacitados, me soltó una fresca antes de contarme la odisea vivida junto a su hija, discapacitada física e intelectual de cerca de 40 años.
Ella, Lucía, va camino del Hospital Gregorio Marañón para curarse alguna dolencia, en el coche preparado para ella, comprado con ayuda pública y conducido por su padre. A la entrada del centro sanitario, un señor con pinta de agente de seguridad privada ordena al conductor que deje a la herida en la sala de urgencias y que saque el carro de allí, sin darse cuenta que el aparcamiento para minusválidos es para los coches con autorización, con independencia de que el conductor sea el afectado.
El padre, después de perder el tiempo tratando de que el segurata piense y le permita dejar el vehículo que sirve de piernas a su hija, obedece y saca el coche a la calle para aparcarlo pronto y regresar con su Lucía, quien ya se había hecho sus necesidades fisiológicas encima. Después de encarrilar la atención a su pequeña y ver que la deja atendida y en buenas manos, sale a recoger su vehículo y comprueba que ha sido multado en dos ocasiones. Aporrea el cristal de su multado coche, que no ha podido ser aparcado en el lugar destinado para discapacitados en el Gregorio Marañón (porque el de la puerta cree que el cojo de turno tiene que ir al volante para no perder sus privilegios).
Después de acordarse de los cuñados de los responsables políticos encargados de vigilar que se cumple todo lo que prometen en el Día Oficial de la Discapacidad, se pone a denunciar a todos los que se han pasado por el forro de los pantalones los derechos de las personas como Lucía, o como yo mismo, que vemos que no paran de legislar sobre estos asuntos tan interesantes en fiestas conmemorativas. Que miren las sedes de sus partidos e instituciones para comprobar si son totalmente accesibles y si tienen entre sus empleados el número de discapacitados que las leyes señalan que tiene que haber en empresas de más de no sé cuántos trabajadores. Cuando tengan la respuesta, que me avisen.