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Bajo mínimos

Bajo mínimos

Hace falta estar ciego para no negar que el PP está bajo mínimos por más que Mariano Rajoy se empeñe en lo contrario. Y si no respondan a esta pregunta: ¿para qué ha servido la Convención que el  PP ha celebrado éste fin de semana? Por más que Mariano Rajoy insiste en que él garantiza la unidad de su partido, lo cierto es que solo hay que mirar a Esperanza Aguirre y a Alberto Ruíz Gallardón para comprobar que la animadversión entre ellos ha llegado a unos límites que está dañando a su propio partido.

O el malestar indisimulado de muchos populares, convencidos de que Rajoy no es el líder que les puede llevar hasta la Moncloa, por más que Mayor Oreja en un ejercicio de buenismo político haya dejado dicho que en el PP no hay división entre quienes defienden una línea más dura y quienes prefieren un perfil más centrista. Mayor Oreja lleva demasiados años haciendo política como para pretender que los ciudadanos acepten, como si fueran tontos, su afirmación de que no hay división interna en las filas populares.

Pero lo peor no es solo esa falta de tirón en el liderazgo de Mariano Rajoy, sino esa guerra sucia que se ha descubierto hay en las entrañas del partido, en que ex policías y espías, que trabajan en supuestas unidades de seguridad y atendiendo a no se sabe que intereses, se dedican a escudriñar en la vida de dirigentes del PP.

Es tal el lío y lo podrido que huele todo el asunto de espionaje en la Comunidad, que no solo afecta a Esperanza Aguirre sino a todas las estructuras del PP, y una vez más se ve a Mariano Rajoy que no sabe por dónde tirar.

Todo este caos que se vive en el PP es terreno abonado para quienes están lanzando el rumor de que José María Aznar podría volver a desembarcar en la política activa. Quienes defienden esta posibilidad cuentan que si el PP obtiene un mal resultado en las elecciones gallegas y vascas y además sufre un revés en las europeas, entonces, Aznar, a petición de sus "leales" dentro del partido, podría dar un paso al frente. Claro que también los hay que dicen que Rodrigo Rato también está agazapado a la espera de ser requerido por las bases de su partido.

En mi opinión, y en lo que se refiere a Aznar, segundas partes no serían buenas, sobre todo porque no creo que Aznar pueda concitar ni siquiera el apoyo de todo su partido, pero además su carrera política está marcada por el estigma de la guerra contra Iraq. El caso de Rato es diferente porque puede concitar no solo el apoyo de una amplia mayoría de su partido y además no contar con demasiada animadversión fuera de éste. El caso es que el PP no termina de encontrarse a sí mismo y con el espectáculo de los espías de la Comunidad de Madrid, la situación se ha agravado si cabe aún más.

Lo peor es que para un país es un desastre no contar con un partido de la oposición creíble y potente.
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