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Linchar a Camps

martes 10 de marzo de 2009, 13:21h
El otro día una persona del entorno de Francisco Camps me comentaba que el presidente del gobierno valenciano es incapaz de dejarse invitar a una cerveza. Y esa afirmación más que nada retrata el carácter de un político que ha pretendido hacer de la honradez y honorabilidad una marca personal.

A falta de argumentos sólidos, desde que se iniciara la 'Operación Gürtel', se han inventado una serie de historias, se han filtrado, se ha puesto en marcha el ventilador para llegar… al acusa que algo queda.

Quien haya leído el auto de Garzón, se habrá preguntado dónde han quedado todas las informaciones que fueron rebozadas de maledicencia y porquería con tal linchar al líder de los populares valencianos.

No estaría de más hacer repaso de algunas de ellas. Se habló, por ejemplo, de unas tramas en las poblaciones de La Nucía y en Xilxes con referencias a dos PAI que nunca fueron aprobados y que ni siquiera aparecen en la instrucción de Garzón.

Tampoco hay que olvidar el asunto del stand de la Comunitat Valenciana en Fitur obra de Orange Market. Durante días se puso en tela de juicio el método de contratación por parte del Gobierno valenciano. ¿Y en qué ha quedado todo? En nada de nada. Ni Garzón, ni nadie han podido probar cualquier falta de legalidad o transparencia en la adjudicación, pese a que eso implicase entrar hace un mes en las instalaciones de la Conselleria de Turismo y llevarse el eco mediático correspondiente.

La Copa América, la Volvo Ocean Race o la Fórmula 1 fueron otros de los objetivos de quienes se han empeñado por todos los medios de mancillar la imagen del gobierno valenciano. De hecho, la empresa Valmor Sports que organiza la competición automovilística tuvo que salir públicamente a través de un comunicado para afirmar que no había tenido ninguna vinculación con las empresas investigadas por la Audiencia Nacional.

En el tiempo transcurrido hasta la aparición del auto, se ha intentado por todos los medios vincular con la trama cualquier labor gestora del Ejecutivo de Camps. Todo para que al final apareciera la cuestión de los trajes, de los que ni se ha podido probar que fueran regalados, ni que Camps fuera sobornado.

Hay quienes dicen que la mano negra está dentro del propio PP y otros que dentro del PSOE. Lo cierto es que sea quien sea se ha lanzado a una campaña desbocada a por un político que libra y gana batallas en las urnas. Lo demás me parece una indecencia.
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