El presidente Correa utiliza la palabra “barbaridad” en muchas de sus intervenciones, cuando se refiere a los tiempos anteriores a su gobierno y a las acciones de sus adversarios. Hay frases que le son muy queridas, como “no permitiremos”, “esto tiene que cambiar” y “es una vergüenza”, entre otras.
De manera que un estudio de su léxico tal vez pondría en aprietos a los centros de educación superior en donde realizó sus estudios. O a los que luego lo convirtieron en docente.
“Barbaridad”, según la Real Academia de la Lengua, alude a un “dicho o hecho necio o temerario”. Además, se emplea a la hora de calificar una “acción o acto exagerado o excesivo”.
No hay que ser demasiado ducho en materia política y económica, para darse cuenta de que en los más de dos años que llevamos con el economista Correa al frente del Estado, hemos tenido muchas acciones excesivas, exageradas, incluso necias y hasta temerarias.
Sus relaciones con la prensa, por ejemplo, se ubican en ese contexto. También la manera de tratar a quienes acusó y mandó a detener por supuestamente hacerle un mal gesto o decirle algo inconveniente. Hay expresiones gruesas dedicadas a organizaciones y movimientos sociales o políticos que se atrevieron a criticar sus medidas. En las relaciones internacionales en este sentido hay un catálogo de términos antológicos.
Ahora, en medio ya de la campaña electoral y en sus giras proselitistas, en sus alocuciones incesantes, ya pueden anotarse muchos dichos y hechos de este tipo. ¿Una limitación de su personalidad? No, tal vez otra barbaridad.