Esperancita y Pepiño
martes 14 de abril de 2009, 13:13h
Actualizado: 16 de abril de 2009, 13:14h
Cuesta recordar los tiempos en los que se llamaban ‘Esperancita’ y ‘Pepiño’. Ahora son Don José y Doña Esperanza, el Señor Ministro y la Señora Presidenta. Pero hasta hace bien poco se enviaban mensajes llenos de cariño en forma de diminutivos. ¿Qué ha cambiado? Pues está claro que no sólo el titular de Fomento. Con Magdalena Álvarez han sido cinco años de “La Edad de Hielo” y con José Blanco, de dulce y bucólico que parece todo, estamos estrenando “La Edad de la Inocencia”. Tanta ternura escama. Pero está claro que la política del enfrentamiento constante en Madrid al PSOE no le ha salido bien.
Ahora bien: tampoco se engañen. Llegarán los tiempos de volver a llevarse mal que a los políticos parece que les pagan para eso por mucho que nos duela. Pero hay que reconocer que en apenas una semana han cambiado más las relaciones entre Nuevos Ministerios y la Puerta del Sol que en los cinco años del “Magdalenato”.
La última vez que Aguirre pisó Fomento fue hace más de año y medio. Un frío mano a mano con Magdalena Álvarez que no sirvió de nada porque todo lo que allí se negoció está empantanado, parado y bien parado. Está por ver si la reunión de esta semana con Blanco va a servir para algo pero de momento la música ha cambiado. El “buen rollito” tendrá que dejar paso a las decisiones concretas y hay pendientes unas cuantas. La ampliación de cercanías que es como la fe: consiste en creer en lo que no se ve. Cinco veces presentado, cinco veces negado. Y el tren sin ampliar. Hay que hablar de la gestión de esos trenes de Cercanías para ver si el gobierno central tiene las narices de cedérselo a Cataluña y no hacer lo propio con la Comunidad de Madrid. Hay que hablar de la gestión de Barajas, para ver si interesa. Hay que hablar del uso compartido de recursos de ADIF para llevar el metro a Majadahonda y Torrejón. Y hay que hablar también de ese proyecto que tan poco gustaba a la ministra Álvarez: el cierre norte de la M50.
Y la reunión del miércoles también servirá para cambiarle el paso a Tomás Gómez. El secretario general de los socialistas madrileños ha salido al paso, como ha podido, de los desplantes de Maleni hacia Madrid. Está claro que ha calado hondo el mensaje de “ni un euro en obra nueva” que tantas veces repite el gobierno regional. Y lo repite, porque es fácil demostrarlo después de cinco años de enfrentamientos. Ahora si a Blanco y a Aguirre les da por bailar está claro que alguien tendrá que tocar el violín. Por mucha rabia que le dé, igual le toca a Tomás Gómez. Se acabó la era Álvarez: comienza la era Blanco.