Coincidiendo con el informe del Fondo Monetario internacional que augura que el Producto Interior Bruto de nuestro país caerá un 3% este año y un 0,7% el siguiente y que padeceremos más desempleo y una recesión más prolongada que lo que vaticinó en enero, en vista del descalabro de la producción en Europa y Estados Unidos durante los últimos seis meses, Zapatero sigue en el país de las maravillas y ha afirmado hoy en el Congreso que sus medidas anticiparán el final de la crisis.
Este gesto de patriotismo en el que se recrea y se empecina el Presidente del gobierno no es seguido ya ni por los suyos que empiezan a estar seriamente preocupados por la política de irrealidad que desarrolla el ejecutivo.
Cerrar filas y negar la crisis o hacer callar a quienes adviertan de riesgos o afirmar que ya estamos en situación de superar las dificultades es el único mensaje ortodoxo que se permite a los de la tribu socialista. Fuera de este mensaje no hay salvación, salvo para quienes ya no esperan nada, como es
Pedro Solbes que ahora exhibe sin disimulo su desacuerdo intelectual con su jefe.
La desgana de Pedro Solbes es sintomática, yo diría que crónica y

posiblemente se merezca algún otro calificativo esdrújulo, pero sobre todo refleja un inmenso aburrimiento que le hace recrearse en su suerte de ex ministro ahora que ya no tiene que decir cosas en las que no cree, ni por supuesto aplaudir la intervención de
Rodríguez Zapatero cuando dice que tiene la solución para la crisis económica.
El grupo parlamentario socialista aplaudió con desgana y con desconfianza a ZP, pero el ex vicepresidente Solbes ni siquiera se molestó en hacer un gesto de coincidencia con lo que había escuchado. La verdad es que ya no quedan patriotas ni siquiera en el PSOE, donde se han olvidado de aquella famosa frase que decía
“el pesimismo no crea empleo”, y por eso ZP sigue como el director de la orquesta del Titanic, haciendo que la música suene…mientras se hunde el barco