La humanidad no aprendió de las crisis petroleras de 1973 y 1979, ni siquiera del atentado del 11-Sep.
Nos encontramos en la etapa final de la Era del Petróleo con un lejano horizonte de las nuevas tecnologías y energías alternas sustitutas de los hidrocarburos, esto dibuja una nueva geopolítica y diplomacia porque las reservas de petróleo y gas que quedan en el subsuelo están irregularmente concentradas en zonas de conflicto. Esto se agrava con el crecimiento de la población que gracias al petróleo ha podido disfrutar de la prosperidad y el desarrollo aunque desenfrenado y desigual. Pero lo más grave es el deterioro del medio ambiente, por el calentamiento global que pareciera conducir a la humanidad al punto Omega. Sin dejar de mencionar en esta visión apocalíptica procesos recurrentes de pandemias y catástrofes naturales y tecnológicas, como es el caso que vivimos del virus que vino del cerdo y que puede contagiar al ser humano con la transmisión entre personas y en otras partes del mundo donde los más afectados son los jóvenes, aparentemente los más sanos, como ocurrió con la gripe española de 1918 ocasionada por una sepa del mismo virus. Es posible que la Organización Mundial de la Salud (OMS) pudiera catalogarla de pandemia, ya esto ocurrió con la gripe española de 1918-1920, con la gripe asiática en 1957 y con la de Hong Kong de 1968-1970.
El petróleo hizo posible el milagro de la industrialización y la globalización y facilitó la nueva realidad informática, todo dentro de una ausencia de imperativos éticos y morales, generando un sistema financiero cuya crisis estamos viviendo al estilo Ponzi, el creador de las pirámides y cadenas fraudulentas donde el sistema mundial se ha convertido en un gran casino dirigido por el lucro y la explotación. Como lo señala Edwart Lutwak todo es un juego de ganadores y perdedores en la economía mundial del tercer milenio. Gobiernos y empresas no piensan sino en la ganancia inmediata dejando de lado el patrimonio de las futuras generaciones jóvenes, así con los altos precios del petróleo, es el caso de Venezuela, se han dilapidado más de ochocientos mil millones de dólares hipotecando el futuro de nuestra población, es lo que señalaba Williams James al afirmar que la característica más significativa de la civilización moderna es el sacrificio del futuro por el presente donde todo se prostituye para este efecto. Esta civilización se inició con el carbón y la máquina de vapor y se desarrollo con el petróleo. Con la actual crisis financiera y con el fin de los hidrocarburos puede aparecer lo que algunos como James Howard han denominado el síndrome de una depresión suicida.
El mundo que tenemos y el que nos ha tocado vivir es producto en gran parte del petróleo, con una energía no renovable y a bajos precios, pero que está a punto de terminar sin sustitutos por ahora. En estos años hemos llegado al punto más alto de la producción mundial y comenzaremos a descender la cuesta hacia el desabastecimiento porque ya hemos explorado, extraído y procesado la mitad del petróleo de todo el planeta, especialmente el de más alta calidad, más económico y de más fácil manejo. El petróleo que queda será difícil de procesar y económicamente poco viable por las impurezas que contiene. En este momento del pico máximo de la producción petrolera y la explosión demográfica, hará más difícil la vida sin el recurso de los hidrocarburos, lo que anuncia una catástrofe si no se toman medidas urgentes por los Estados y la comunidad internacional. Una de las voces más claras ha sido la del presidente Barack Obama cuando ha señalado como acción prioritaria sobre la dependencia del petróleo y la necesidad de encontrar nuevas energías con el reforzamiento de la investigación. Me correspondió ser responsable de la Embajada de Venezuela en Kuwait, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos y ser testigo de la conciencia de la finitud de los hidrocarburos por esos gobiernos y los necesarios programas para sembrar el petróleo. Particular importancia ha tenido el proyecto del Emirato de Kuwait donde el 10% del ingreso de los hidrocarburos se ahorra para las futuras generaciones y se invierte en áreas distintas al petróleo, como también ha sido el caso de Dubai y Abou Dhabi con su milagro económico y financiero. La humanidad no aprendió de las crisis petroleras de 1973 y 1979, se sigue considerando que fueron situaciones transitorias, ni siquiera las lecciones de los atentados del 11 de septiembre de 2001 con la oportunidad de los cambios internacionales necesarios y de un nuevo paradigma en la política, la economía y la diplomacia. Ojalá que frente al drama financiero y económico que estamos viviendo y ante el fin de la Era de los Hidrocarburos, la humanidad pueda encontrar nuevos caminos de solidaridad, de cooperación, de justicia y de libertad, es la única manera de evitar el fin de la historia.
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