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Turbulencia reeleccionista

Turbulencia reeleccionista

jueves 07 de mayo de 2009, 12:57h

Por culpa de la ambigüedad sobre la reelección, las peleas entre los uribistas son más duras que el enfrentamiento entre el Gobierno y la oposición.

La teoría que los uribistas clase A utilizaron para defender la segunda reelección se está viniendo abajo en forma estrepitosa y seguramente en privado ya no se la creen ni sus propios creadores. Según ella, el Presidente no quiere un tercer periodo pero aun así dejó rodar varias iniciativas para introducirlo en la Constitución por razones de alta estrategia política: mantener la gobernabilidad, evitar el “sol a la espalda”, asegurar la lealtad de los seguidores y mantener a raya a la oposición.

La hipótesis de que, mediante la ambigüedad frente a la reelección, Uribe buscaba todo menos un tercer periodo es muy poco creíble. Aunque provenía de sus seguidores, era negativa para el jefe: llevaba la acusación implícita de que el Gobierno estaba dispuesto a poner en jaque la institucionalidad para ganar unos puntos en las encuestas, lo cual es sinónimo de irresponsabilidad en materia grave por su desequilibrio entre los medios utilizados y el fin a conseguir. Pero más allá de su legitimidad, la supuesta jugada maestra ha sido nociva para el Gobierno y para el Presidente.

Hay que ver las peleas en que se han trenzado los uribistas. Son mucho más agresivas que los golpes que se intercambian el Gobierno y la oposición. En Cúcuta, Germán Vargas Lleras y Andrés Felipe Arias propiciaron un incidente porque se encontraron en el mismo escenario. En Bogotá, Martha Lucía Ramírez y el jefe de su partido, La U, Luis Carlos Restrepo, se pelean la curul que hasta ahora ha ocupado la ex Ministra. En Cambio Radical expulsaron a Roy Barreras quien, cargado de tigre, se pasó a La U. En el conservatismo, sotto voce, los partidarios de la reelección hablan pestes contra quienes defienden la consulta, y todos atacan a Noemí Sanín porque boga y porque no boga. ¡Qué tal lo que le ha dicho su copartidario Andrés Felipe Arias!

Las consecuencias negativas del ‘no pero sí’ presidencial han afectado al Ejecutivo. Este gobierno que, con razón, reclamó el crédito de que sus ministros permanecían para darles continuidad a sus tareas y para preservarlos de los apetitos burocráticos que siempre terminaban en ‘crisis de gabinete’, ahora se deshoja por cuenta de la reelección. Ya se fue Andrés Felipe Arias, de Agricultura, para ser candidato por si acaso la reforma de la Constitución se frustra. También salió Juan Lozano, para el Congreso. Y Juan Manuel Santos espera una improbable mayor claridad sobre las intenciones de su Jefe, y es casi seguro que dejará su crucial cartera para aspirar a la Presidencia si por algún motivo Uribe no puede.

La turbulencia reeleccionista también ha soplado en el Congreso. El complejo trámite del referendo y de los amagues de actos legislativos han desplazado a los demás proyectos desde el año pasado y ahora es poco probable que las mayorías gobiernistas puedan actuar: tanto en Cambio Radical, como en La U y en el conservatismo, hay sectores que preferirían un candidato propio —Vargas Lleras, Santos, Arias, Holguín— antes que un tercer cuatrienio de Uribe. La ambigüedad tiene atorada la máquina legislativa.

Y a propósito: ¿será que los partidos de la coalición de Gobierno saldrán a votar el referendo? Porque si no se juegan a fondo, la probabilidad de alcanzar los 7.2 millones de participación que se requieren va a ser aun más difícil. En resumen, la falta de claridad del Presidente frente a la reelección, descuadernó la política y no es extraño que haya crecido tanto el uribismo antirreeleccionista. ¿Se imaginan cómo sería la turbulencia en un tercer periodo?

 

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