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La resaca

La resaca

Malas noticias poselectorales
 
Llevamos una semana de resaca poselectoral. No creo que esa resaca dure mucho: algo más, en todo caso, que los buenos propósitos o los alardes que todos hacen en el sentido de que han entendido el mensaje de las urnas. Quién sabe: Zapatero, en todo caso, no parece decidido a mover un solo dedo en dirección opuesta a la que se ha marcado: mucho ideologismo, pactos con los pequeños de la izquierda y ni agua al principal partido de la oposición. Donde, más allá de la euforia pasajera por los resultados del pasado 7-j, tampoco parecen haberse analizado a fondo las razones por las que al PP le llegó un triunfo por lo demás algo apretado.
 
Es el caso que, tras las elucubraciones de unos y otros, después de las bravatas, llega la hora del realismo. Ese realismo con el que compareció la vicepresidenta económica, Elena Salgado, tras el Consejo de Ministros del viernes para decirnos que la recuperación va a tardar, que el desempleo se va a mantener y…que los impuestos van a subir, en lugar de bajar.
 
Y puede que el frío realismo de la señora Salgado, olvidados algunos brotes verdes del ayer, sea lo que ahora conviene. Lo que ocurre es que parece que se ha esperado hasta después de las elecciones europeas (pero tan nacionales) para hacer estos anuncios y practicar estas subidas sobre los hidrocarburos. Claro, no se deben anunciar las catástrofes a los electores hasta que estos hayan cumplido su tarea eligiendo; eso lo sabe el gobernante más merluzo. Pero si tan urgente era poner en marcha estas medidas, si tan necesario concienciar a la ciudadanía sobre el estado real de la situación ¿ha sido patriótica la demora, solamente para ver si se arrancaban algunos votos más?
 
Sobre corruptos y otras subespecies
 
Claro que aquí nadie sabe por qué la tendencia del votante medio va por un lado unas veces y por otro otras. Parece que el uso de un avión oficial por el presidente del Gobierno para acudir a un mítin tiene efectos más negativos en las urnas que el ‘caso Gürtel’, pongamos por caso. Pero ese resultado no legitima conductas ni finaliza el proceso: ahora ha llegado la hora de los jueces.
 
 Por ejemplo, al tesorero del PP, Luis Bárcenas, parece haberle llegado esa hora, si se admite la recomendación del fiscal anticorrupción, que no quedará otro remedio que admitirla. La larga mano judicial, que suele ser lenta y pesada, puede ser, sin embargo, bastante más acelerada que la reacción política de un Mariano Rajoy que parece seguir apostando, pese a todo, por su tesorero. O puede que no le quede más remedio que mantener esta apuesta, tan arriesgada: ¿qué información poseerá quien durante años ha conocido por dentro las finanzas de un partido?
 
Porque el ‘affaire Bárcenas’ es, sin duda, mucho más peligroso y complejo que los que afectan a, por ejemplo, el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, o al vicepresidente tercero del Gobierno, Manuel Chaves. Ambos son engranajes de la batalla política, dos personajes que a mí me parecen básicamente honestos pero que se han desenvuelto en las peligrosas áreas del poder absoluto. Y claro, no han sabido reaccionar ante los ataques. Es lo que ocurre cuando se controla la propia televisión: olvidas, hasta que es demasiado tarde, que existen otras cadenas.
 
Alguien habla con alguien
 
Así que la resaca ha sido bronca, pero ya las miradas están en el más allá, En las elecciones catalanas del año próximo y, luego, en la gran batalla autonómica y municipal. En el primer apartado, debo advertirles a ustedes que alguien del PP está constantemente hablando con alguien de Convergencia i Unió –sobre todo, de Unió--, en busca de pactos que expulsen al tripartito del poder.
 
En el segundo apartado, puedo certificar que la pregunta que se hacen, no sin cierta angustia, en La Moncloa, es: ¿de verdad habrá comenzado la recuperación en 2011? Porque 2011 es, miren ustedes por donde, el año –mayo será el mes—en el que se celebrarán las elecciones autonómicas y municipales que son la confrontación más importante y decisiva antes de las elecciones generales. Y no falla: una victoria autonómica y municipal señala con bastante acierto al vencedor del año siguiente. No hay tiempo, pues, para resacas.

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