Escuchaba el otro día el himno a Chuquisaca, cuando me llamó la atención un ‘ritornello’, que, al ser entonado, posiblemente encienda las alarmas regionales chuquisaqueñas, pues habría que ponerlo a salvo de la viveza gubernamental. Dice la estrofa: “Fue el primero, fue el primero, en la lucha marcial”, etc.
Como también oí estos días un spot publicitario del Gobierno sobre el 16 de julio, que proclama que esa fecha de 1809 fue el comienzo de las luchas independentistas, me pareció legítimo advertir a los chuquisaqueños contra algún intento de metamorfosear la letra de su himno para readecuarla a la historia que ‘orwellianamente’ se pretende reescribir (¿qué se diría?, ¿que no fue el primero, aunque mayo llegue antes de julio?).
Fue en los años de primaria y secundaria que aprendimos todos los himnos cívicos, especialmente los departamentales. Y en las clases de historia nos inculcaron la noción de que el primer grito libertario de América se dio en Chuquisaca, hace 200 años y unos días, bajo un repique de campanas cuyas ondas sacudieron las fibras de la independencia de todo el continente.
El disparatado episodio de querer modificar unas palabras del himno cruceño porque habla de “la España grandiosa” (¡ojo!, es la misma de las 700 ambulancias), sin examinar todo su contexto histórico y significado de los términos, nos hace pensar que en Bolivia se viven tiempos de… disparates.
Igualmente disparatado es el veloz despido del general retirado Gildo Angulo de YPFB Transporte, a pocas horas de criticar la indemnización de unos $us 300 millones pagados a la empresa, nacionalizada hace un año. La indemnización, según Angulo, incluyó unos $us 50 millones en impuestos que debían haber sido deducidos de la indemnización y que ahora serán cubiertos por la empresa nacionalizada. El gerente despedido desafió al presidente de YPFB, el ex ministro Carlos Villegas, a un debate en el Congreso, donde prometió comprobar, “documentos en mano”, la veracidad de sus afirmaciones.
Angulo, que en entrevistas en la TV reiteró lealtad y amistad al presidente Morales y dijo que el mandatario era engañado por sus colaboradores, corrió el mismo destino de otro general retirado. El general César López fue destituido del cargo de presidente de la Dirección Nacional de Aduanas hace unos meses, a poco de haber denunciado el aún oscuro contrabando de 33 camiones en Pando, semanas antes de los episodios sangrientos del 11 de septiembre en ese departamento. Su esposa fue ferozmente golpeada y perdió un ojo. La conclusión que puede extraerse de ambos casos es que una denuncia mayúscula sobre irregularidades en la administración del Estado puede tener como retribución peligros físicos, un viaje no previsto a La Paz y una temporada en el penal de San Pedro.
Otro caso que hace arquear las cejas ocurre en la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados, que ordena apresar a funcionarios chuquisaqueños, incluso a la prefecta Savina Cuéllar, para que declaren… en La Paz sobre hechos ocurridos en Sucre. Un diputado oficialista estuvo tan sorprendido con la contradicción en una instancia que debe preservar los derechos humanos y que, sin embargo, los pone en peligro, que decidió no firmar ninguna orden de aprehensión. ¡Bienvenidos al surrealismo del siglo XXI!
* Periodista, http://haroldolmos.wordpress.com