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Ruiz-Gallardón, entre Millennium y los Juegos Olímpicos

martes 23 de junio de 2009, 10:21h
Actualizado: 25 de junio de 2009, 07:46h

Era la presentación en Madrid de “La reina en el palacio de las corrientes de aire”, el tercer volumen de la saga MILLENNIUM del desaparecido Stieg Larsson, el mayor éxito mundial de ventas en literatura de ficción de las últimas décadas, y no cabía un alfiler en el espacioso local habilitado por la excelente editorial DESTINO en el madrileño Parque del Retiro. Para cerrar las intervenciones, nada menos que el Alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón, que lucía muy olímpico, acompañado de su esposa y de la teniente de alcalde Ana Botella, y que asombró al auditorio con un análisis muy a fondo y muy sistemático de las raíces y razones del fenómeno MILLENNIUM. Era evidente que había leído los tres volúmenes y que había penetrado no sólo en su arquitectura literaria sino también en los propósitos culturales y sociales de Larsson, que fundamentan el extraordinario éxito de la saga en los más diversos países y culturas.

Cabía esperar, y desde luego sucedió, que en el tradicional cocktail tras el acto el Alcalde fuera asaltado por el interés de todos sobre las perspectivas de la candidatura olímpica de Madrid. Ruiz-Gallardón es probable que tenga, como todos, políticos o no, muchos defectos, pero es cualquier cosa menos un superficial o un iluso. Está empeñado en la candidatura olímpica de Madrid, pero es plenamente consciente de las dificultades. Quizá por aquello de que sólo la realidad que se conoce se puede cambiar. Frente a los más optimistas, que dicen que Obama no se implicará a fondo en la candidatura olímpica de “su” ciudad, Chicago, Ruiz-Gallardón por lo menos teme que lo haga, con toda la fuerza de gravitación que ello supondría sobre el COI.

Consciente de la posible influencia del argumento de la alternancia de continentes, ya que los próximos Juegos Olímpicos son en Londres, Europa, Ruiz-Gallardón difunde un ingenioso contra-argumento, por el que la alternancia de culturas sería más importante que la de continentes. Londres es, al fin y al cabo, como Chicago, cultura anglosajona. Lo razonable sería, por tanto, no saltar de Europa a América, sino de la cultura anglosajona a la latina. El argumento está bien traído, pero podría generar el problema de que, al fin y al cabo, Río de Janeiro es también cultura latina, con lo que sumaría varios valores: cambio de continente, cambio de cultura y un área del planeta, Sudamérica, hasta ahora desfavorecida por los Juegos Olímpicos.

En la presentación del tercer volumen de MILLENNIUM, el Alcalde de Madrid demostró algo que ya se sabía del fiscal metido a político y que es su importante nivel cultural y la cercanía con que sigue los grandes fenómenos y corrientes sociales de nuestro tiempo. En lo otro, los Juegos Olímpicos, saqué la impresión de que, aunque mantendrá la batalla hasta el último aliento, en su fuero interno piensa, o teme, que habrá que esperar a los siguientes. O no. Las espadas están en alto y es evidente que va a quemar hasta el último cartucho.
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