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La crisis no termina mañana

La crisis no termina mañana

La contienda política oscurece el debate económico, como por otra parte es inevitable que suceda. En la derecha, pero también en los partidos nacionalistas moderados, se sospecha que Rodríguez Zapatero no está realmente interesado en una estrategia eficaz de lucha contra la crisis económica, porque su objetivo político consistiría en llegar en el poder al término de la crisis, convencido de que entonces una buena 'venta', en términos de comunicación y propaganda, del fin de la crisis, le permitiría mantenerse por largo tiempo más en el poder.

No le habrán hecho demasiada gracia al presidente los serenos y honestos análisis no precisamente de un opositor, sino de un distinguido y muy respetado dirigente de su propio partido, el socialista Joaquín Almunia, que habla además desde el excelente observatorio de su actual cargo de Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión Europea, y que acaba de advertir que España tardará por lo menos otro año en salir de la crisis. De momento, como se dice con humor, seguimos en el fondo… y escarbando.

Y es que, ideologías al margen, nadie sensato puede compartir la extraña ensoñación de Rodríguez Zapatero, si es que realmente la tiene, de que entraremos rápidamente en números positivos de crecimiento. Cualquier analista sensato sabe que el desastre inmobiliario y de la construcción tardará tiempo en corregirse, y que además atravesamos serias incertidumbres en un sector tan estratégico para España como es el turístico. Se sabe también que falta mucho por hacer en el reajuste del sistema financiero y que prácticamente ningún sector importante tiene expectativas reales de salir de la crisis a corto plazo.

Por eso advierte el comisario Almunia que “no se puede cantar victoria demasiado pronto”, incluso a pesar de los datos positivos que aparecen en las dos principales economías de la Eurozona, esto es, Alemania y Francia, conseguidos, según señala, por los programas directos de impulso a la demanda, mientras no se tenga la certeza de que haya culminado la depuración del sistema financiero, que está en el origen de la crisis, y se hayan liberado nuevamente las fuerzas positivas del mercado libre.

Sucede además que el presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, no parece dispuesto a que sus propias dificultades como empresario le recorten, como intenta conseguir el Gobierno, su conveniente libertad de expresión como líder del empresariado. Lo cierto es que, contra la terca insistencia de Rodríguez Zapatero y el ministro Corbacho de atribuir a los empresarios el actual bloqueo del diálogo social, Díaz Ferrán proclama la voluntad de CEOE de que se reanude ese diálogo social, de cuya mesa no fueron precisamente los empresarios quienes se levantaron, sino que se hizo muy visible la voluntad del ministro Corbacho de romperlo a toda costa, para levantarse de la mesa y que el Gobierno tenga manos libres al respecto. De momento, la verdad es la que es, y la CEOE aparece casi en solitario reclamando la reanudación del diálogo social tripartito con el Gobierno y los Sindicatos, a ser posible este mismo mes de septiembre a punto de iniciarse.

Desde luego, será difícil que el diálogo social prospere y sea fructífero si Corbacho se mantiene encastillado en la actitud de falsear las propuestas de sus interlocutores, por ejemplo, cuando presenta de la demanda de reforma del mercado laboral como una exigencia de 'despido libre', que nadie ha planteado. Es muy grave, y la verdad es que con pocos precedentes en nuestro país, que nada menos que el ministro de Trabajo no sea un interlocutor fiable, lo que probablemente haya motivado la sorprendente propuesta de la CEOE de que expertos de otros países medien en el diálogo social, si el Gobierno decide volver a ponerlo en marcha.

En circunstancias como las que atravesamos, el que alguien haya puesto sobre la mesa una eventual subida de impuestos es probablemente una de las cosas más socialmente peligrosas que podían hacerse. Incluso el propio Rodríguez Zapatero, consciente de la gravedad del “patinazo”, se ha apresurado a matizar que serían subidas limitadas y temporales, y que no necesariamente serían subidas, sino también “cambios o ajustes”. A ver si es verdad que, por una vez, y en tema tan importante y sensible, el PP sale de esa especie de “ni está ni se le espera” a que sus líderes parecen tan aficionados, y pone en marcha la ofensiva parlamentaria –habría que añadir que no sólo parlamentaria–  contra la subida de impuestos que ha anunciado su portavoz económico, el serio y fiable profesor Cristóbal Montoro. 

De momento, este viernes, tras el Consejo de Ministros, el propio Rodríguez Zapatero tomó el lugar habitual de la vicepresidenta Fernández de la Vega para afirmar nada menos que esto: “Lo peor de la recesión económica y de la destrucción de empleo ha pasado”, eso sí, con todas las cautelas, esto es, con la advertencia de que aún no empieza la recuperación económica y que se tardará en percibir la creación de puestos de trabajo. Lo más divertido fue su afirmación, más de mecánica de sistemas que de economía, de que es lógico que Alemania y Francia hayan empezado a recuperarse antes porque “el PIB de ambos países empezó a caer antes que el español”. Delicioso.
 

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