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La obligada subida de impuestos

Los impuestos no suben por casualidad. Una vez que el Gobierno de Zapatero ha decidido mantener su política socioeconómica en tiempos de crisis -recordemos que el PIB caerá este año un 3,6%, y al menos un 0,3% en 2010-, es casi una consecuencia, más que una decisión. Veamos las razones. Para afrontar el gasto social y la inversión con una recaudación fiscal a la baja, el Gobierno optó inicialmente por tirar del déficit -este año llegará al 8,6% del PIB, según la UE-, pero ese tipo de medidas siempre tienen un límite y más de un condicionante. Para que haya déficit hay que emitir deuda pública, y esa deuda tiene que comprarla alguien. Como la chequera de los españoles no da para tanto, hay que salir a venderla fuera, y para eso hay que ofrecer garantías. Una de ellas es demostrar a los compradores de la deuda española que los propios ciudadanos del país que vende los títulos refuerzan el Estado, abonando más impuestos y aumentando, en definitiva, la credibilidad de España en los mercados financieros.

Dicho todo eso, que es fundamental para entender lo que está pasando, caben distintas opciones, pero básicamente dos: echar mano de los impuestos directos y/o indirectos. Como el objetivo de recaudación que se persigue es muy ambicioso -el Gobierno llegó a hablar de ingresar 15.000 millones de euros adicionales-, solo hay dos impuestos que pueden tirar de semejante carro: el IVA, que nos castiga a todos por igual, seamos ricos o pobres, y el IRPF, que nos clasifica por renta. Está también el impuesto de Sociedades, el que pagan las empresas, pero ahí hay poco que rascar en estos  momentos, ya que la mayoría de ellas ganan poco o pierden dinero. Las restantes figuras fiscales tienen también su importancia cualitativa e incluso cuantitativa, como los impuestos especiales (gasolina, alcoholes y tabaco), pero no dan de sí lo que aporta, por ejemplo, el IVA, que al igual que en muchos otros países del mundo es el impuesto que más avanza. Meterle mano a los ricos de las "sicavs" tiene buena prensa pero es un objetivo casi imposible, ya que terminarían yéndose.

¿Es grave la situación presupuestaria española? Mucho más de lo que era, pero también mucho menos de lo que dice la Oposición. El déficit de España supera la media comunitaria, es verdad, pero tampoco demasiado y está en una banda similar a la de países como Gran Bretaña o los Estados Unidos, dos de los que tienen más credibilidad en los mercados financieros. Digamos que este nuevo déficit da lugar a un endeudamiento soportable, aunque preocupante, sobre todo si no se contiene. España debe ahora la mitad de lo que produce en un año, menos por tanto que la media de la UE, donde hay países que deben una cifra equivalente a su PIB. Cualquiera puede extrapolar estos porcentajes a su situación personal para entender mejor lo que está sucediendo.

La clave, por tanto, está en lo que va a pasar y en si el país vuelve a funcionar, para lo cual necesita cambiar una parte de su modelo económico, ya que los tiempos del ladrillo no volverán mañana. Es ahí donde hay más riesgos, incluso dando por hecho un clima social tranquilo y la imprescindible colaboración de la patronal (con el permiso del PP). Toca innovar.

En cuanto a las subidas de impuestos, todas son dolorosas, pero tampoco tan alocadas como algunos pretenden hacernos ver. Claro que se podían subir más los impuestos sobre el ahorro pero por mucho que se incrementasen, sin incurrir en la confiscación, no resolvería el problema del ingreso fiscal que necesita España hoy. Por eso "sube" el IRPF con la eliminación de los 400 euros y se incrementa el IVA, que no podemos olvidar es que inferior al de otros países del entorno. La rebaja fiscal a las empresas suena a maquillaje, pero tampoco hay que menospreciar sus ventajas. Dicho todo eso, a nadie le apetece, obviamente, que le suban los impuestos, y menos tras casi quince años en los que han estado bajando. La transparencia es otro reto pendiente y, en ese sentido, son pocos creíbles las previsiones de reducción del déficit en 2010 y faltan explicaciones sobre algunas decisiones adoptadas en materia fiscal. Y esto sí es importante, porque es fundamental recuperar la confianza.
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