Roberto Jiménez Alli
Secretario General del PSN-PSOE
La UPNA, con el rector Julio Lafuente a la cabeza, se ha visto agitada desde la semana pasada por turbias corrientes de aire que intentan ensuciar el buen nombre de la institución. Y no han sido los radicales que colocaron en el aulario carteles en apoyo a los detenidos por su presunta vinculación con Segi quienes han situado a la UPNA en medio del vendaval político. Los que pusieron carteles deben rendir cuentas, pero también deben hacerlo quienes se aprovechan de esta acción, censurable y perseguible, para perjudicar a la Universidad Pública de Navarra.
El portavoz de la ejecutiva de Unión del Pueblo Navarro formuló la semana pasada unas acusaciones intolerables hacia el rector Lafuente. Ni el rector ni el equipo rectoral han hecho dejación de sus funciones, como mantiene UPN. No es admisible que se haga al rector responsable o copartícipe de la cartelada de los radicales. Al hacerlo, UPN ha dado un salto cualitativo en su desprecio hacia la UPNA y el equipo rectoral que la dirige. Ayudándose de los votos del nacionalismo a quien tanto critica, UPN trata a patadas la autonomía universitaria exigiendo que el rector acuda al Parlamento a explicar qué ocurrió con la colocación de estos carteles. Un esperpento sin precedentes en la Cámara foral.
Cabe preguntarse por las razones que han llevado a UPN a orquestar este triste sainete. Todos sabemos que en UPN buscan enfrentar a las dos universidades de Navarra y que, en esa confrontación, UPN tiene una clara favorita: la universidad privada. Hasta ahora, mal que bien, habían mantenido las formas en esta particular batalla que tienen emprendida contra la universidad de todos los navarros. Pero en esta ocasión se les ha ido la mano, y esto es algo que hasta distinguidos representantes de UPN reconocen en privado. El orgullo es mal consejero en política, y está resultando ser el principal asesor de más de un cargo público en UPN.
La petición de comparecencia del rector para que dé cuentas ante el Parlamento de algo sobre lo que sólo le corresponde dar explicaciones ante el claustro universitario ha sido la penúltima vuelta de tuerca con la que UPN aprieta a la UPNA. Con el 'todo vale' por bandera, UPN viene desarrollando una estrategia de desgaste y descrédito de la UPNA que ha pasado por cercenar su financiación en dos ejercicios presupuestarios consecutivos, por acusar a la universidad de todos los navarros de ser la que más financiación por alumno recibe y, en una pirueta política más propia de otros tiempos, ha concluido por exigir la comparecencia del rector. UPN pide que la UPNA se humille ante el Parlamento.
¿Por qué? El pasado mes de octubre, UPN se abstuvo ante la resolución socialista que exigía al Gobierno interlocución con la UPNA para la implantación de nuevas titulaciones. El asunto pasó casi inadvertido dentro del debate del estado de la Comunidad, pero tengo la impresión de que en él se esconde la clave que explica la animadversión de UPN hacia la universidad pública: UPN no quiere que se implante 'otra' facultad de medicina en Navarra y mucho menos si, como defendemos desde el PSN-PSOE, se trata de crear la mejor facultad de medicina posible.
Por esa razón, UPN lleva tiempo sembrando vientos para que la UPNA recoja tempestades. Porque es mucho más fácil justificar ante la sociedad navarra su oposición a que la UPNA implante una facultad de medicina si, previamente, se ha conseguido desprestigiar el nombre de esta institución. Basta de intentar engañar a los navarros y navarras. UPN no quiere 'arropar' a la UPNA. De hecho, nunca la ha sentido como suya.