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Canarias: la ruptura como un grave error

Mi afecto personal hacia José Manuel Soria viene de antiguo y creo que la amistad se ha mantenido por ambas partes incluso a través de las turbulencias de estos años difíciles. Precisamente por ello me veo obligado, en estos momentos, a hacer converger la amistad y la lógica para expresarle mi completo desacuerdo con el anuncio de ruptura de la coalición de gobierno que, desde las últimas elecciones autonómicas, ha unido al PP canario con los nacionalistas de Coalición Canaria, bajo la presidencia del nacionalista Paulino Rivero y con la estratégica vicepresidencia económica en manos, precisamente, del brillante economista José Manuel Soria, que así se ocupa de aquello de lo que más sabe y en lo que difícilmente pueden discutirle. ¿Por qué esa decisión de autoexcluirse del poder en Canarias y regalar al PSC un espacio que había perdido en las urnas? Quizá no sea oportuno, pero es inevitable recordar la advertencia de aquel complejo y astuto político que fue, décadas atrás, el conde de Romanones: “¡Dimitir, jamás!”.

¿Quién gana con esa ruptura, si finalmente se consuma? No gana el PP de Canarias, que se queda fuera del juego de poder del archipiélago. No gana el PP nacional, que pierde otra posición territorial a beneficio del adversario político. ¿Y todo este maremoto por dos votos presupuestarios que, a fin de cuentas, hace ya mucho que estaban cantados? Lo escribiré por lo directo, a sabiendas de los serios enfados que voy a producir: el PSC hará lo que le manden desde Ferraz. Lo hará, quizá, protestando, pero lo hará. Y por tanto, Paulino Rivero no va a tener excesivos problemas para recomponer una mayoría suficiente que le permita seguir gobernando en Canarias, en tanto el PP del archipiélago comprobará la vieja advertencia de que “fuera, hace mucho frío”. No va a haber, en ninguna circunstancia, maremoto electoral en el archipiélago, porque los tres grandes partidos, CC, PP y PSC, tienen sus espacios electorales muy consolidados, de manera que siempre será posible formar gobierno y mantenerlo razonablemente con dos de los tres.

Cabe suponer que el líder nacional del PP, Mariano Rajoy, cuya aquiescencia necesita obviamente José Manuel Soria para romper el pacto en Canarias, hará ver a quien, por cierto, tiene todos los números para ser vicepresidente económico de un eventual Gobierno del PP en el ámbito del Estado, la inoportunidad e imprudencia de reaccionar por simple “calentón” en los complejos y enrevesados tiempos políticos que corren. Para decirlo por lo directo, lo que conviene al PP, y desde luego al PP de Canarias, es todo lo contrario: ratificar el pacto con CC y poner a la otra parte en la difícil tesitura, de improbable desarrollo, de ser la que promoviera la ruptura, que en esas condiciones, y a menos de dos años de las próximas elecciones generales, sería inviable sin un auténtico suicidio político. Con toda probabilidad, Paulino Rivero no impulsaría esa ruptura, porque el hábil político sauzalero sabe muy bien cuánto le conviene y beneficia la situación actual, esto es, el entendimiento “en temas de Estado” con La Moncloa y la coalición de centroderecha en el propio territorio.

En definitiva, aún está a tiempo José Manuel Soria de no cometer un error estratégico difícilmente reparable, manteniendo en Canarias una coalición que le beneficia y colocando con ello al presidente Rivero en la incómoda situación de verse obligado a una doble lealtad, con el PSOE en el Estado y con el PP en la Comunidad Autónoma. Así ve las cosas este modesto columnista, aunque naturalmente puedo equivocarme.


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