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La pornografía que esconden los vídeos

La pornografía que esconden los vídeos

En aquellos primeros tiempos de la Transición, el genio Salvador Dalí parió la siguiente frase: "ahora, todo es pornografía. Si yo pudiera, sacaría la (piiiiip) y haría dos gotitas de meado sobre este bolígrafo -se supone que le estaban entrevistando- pero esto ahora lo hace todo el mundo y yo ya no puedo".

Cae como anillo al dedo esta frase a raíz de las últimas tendencias de vídeo electoral catalán de las cuáles yo no quería hablar porque esto ya "lo hace todo el mundo". Pero me veo impelido por aquello de los árboles y el bosque. Y es que, más allá de la discutible crítica puntual, deberíamos fijarnos en otros aspectos mucho más graves que contienen algunos de estos vídeos. Vaya, en concreto, los de los socialistas, pues el de Montse Nebrera me parece muy adecuado y hay que entender que juega con los parámetros publicitario-propagandísticos actuales para contar muy bien los objetivos que persigue. Que luego nos quejamos de que la propaganda política es muy aburrida. ¿En qué quedamos?.

Pero en los vídeos de los socialistas -de sus juventudes, de la JSC concretamente- sí que pasan cosas mucho más graves. Otra vez, nos hemos ido a fijar en el más anodino, el del orgasmo de la votante (que, como se ha denunciado en este diario, denota que los cachorros del socialismo catalán desconocen la ley electoral) para olvidar el que es realmente grave.

Y es que, anteriormente, ya con temática pseudosexual mediante, la JSC, parodiando a La Trinca, emitió un vídeo en que una conversación cuya temática parece versar sobre la primera relación sexual acaba desvelando la emoción del primer voto. El problema, digo, es el perfil de juventud que presenta la peliculita en cuestión: jóvenes de espectro 'ni-ni' -que ahora sí votarán socialista por aquello del 'cheque-regalo' pero que ni les importa la política ni les importa nada-, que no estudian y no trabajan; mal vestidos y 'birreros' de botellón callejero -por mucho que en el vídeo salgan en un bar: hablamos de la estética- (si no pueden pagarse las farras, no debe ser problema del resto de la ciudadanía: que se queden en casa), y con un lenguaje que hay para darles de comer aparte.

Y, claro, se les presenta desde el socialismo catalán como modelo actual de juventud cuando, precisamente, deberían ser la antítesis. Pero lo que es más grave es que esta imagen es la que se da como idílica de lo que debe ser la juventud. En definitiva, no es aquello de que 'las cosas son como son y no como quisiéramos que fueran sino que 'ya nos está bien así'. Ésta, y no otra, es la pornografía de algunos vídeos.

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