Móstoles es el único municipio exceptuando la capital que cuenta con unos peculiares policías. Se trata de 14 perros que forman parte de la Unidad Canina de la Policía Local del municipio. Los animales, debidamente adiestrados, se encargan de la búsqueda de estupefacientes y explosivos, y siempre con unos resultados increibles. Pero lo más sorprendente es cómo los encuentran: jugando.

Blanca es una rotweiller de ocho años. Desde que era cachorra ha formado parte de la Unidad Canina de la Policía Local de Móstoles y gracias a su trabajo, se ha podido localizar muchos alijos de droga. "A pesar de la fama que tiene esta especie, la mejor de nuestros perros es Blanca, pues es la más paciente, la más dócil. A veces, cuando vamos a los colegios a hacer exhibiciones, los niños le tiran de las orejas, y ni rechista", indica José Castellano, cabo de la Unidad Canina de Móstoles.
La Unidad Canina de la Policía Local de Móstoles cuenta con 14 perros de diferentes razas, desde los habituales pastores alemanes, que en este caso son diez, hasta un rotweiller, un perro de aguas y dos labradores. La mayoría de los animales son hembras, salvo tres que son machos porque, como dice el Cabo Castellano, "son más pequeñas y menos pesadas, por lo que se mueven mejor".

Los perros siempre van a acompañados con un guía y se cubren las necesidades del municipio durante las 24 horas del día en tres turnos. En total trabajan siete guías y cada uno se encarga de dos perros. Durante la jornada laboral cada perro y agente patrulla por zonas ajardinadas y por los alrededores de colegios, institutos y locales de copas, en busca de sustancias sospechosas. También hacen labores de prevención de explosivos en edificios públicos.
"Los perros están especializados en la búsqueda de una sola cosa: unos en drogas y otros en explosivos", señala el cabo. Además, la manera de señalar donde está lo que buscan es diferente según el material. Un perro que busca droga marca que lo ha encontrado con la pata o bien se pone a ladrar. En cambio, el perro que busca explosivos se queda quieto, por el riesgo de que pueda explotar.

Para llegar a ser un buen perro policía, entrenan a diario desde entran a formar parte de la Unidad Canina en el parque Prado Ovejero. La Policía Local adquiere los animales cuando son aún cachorros, con sólo un año. Tras seis meses de preparación, ya están listos para salir a la calle a patrullar. Los perros están en activo unos ocho o diez años. Los que componen la Unidad Canina en estos momentos son bastante jóvenes, con una media de edad de cuatro años.
Cuando se jubila algún animal, para sustituirlo no vale cualquier perro, según el cabo Castellano, "se buscan cachorros con instinto de caza o juego, pero que no sean agresivos. Han de ser muy sociables porque van a estar siempre en contacto con gente". Y añade que "para nosotros no es importante que el perro tenga pedigrí. De hecho tenemos un perro que estaba en la perrera municipal e iba a ser sacrificado. Lo que nos interesa realmente es los perros sean muy juguetones".
Cómo buscan la droga o los explosivos

Y es que la manera de aprender a localizar estupefacientes o explosivos no es otra que a través del juego. "Cuando entrenamos, usamos pelotas o mordedores y los impregnamos con droga o explosivos, para que adquieran su olor. De este modo, el perro se guía por el olfato para buscar esas cosas cuando se las lanzamos. Así que cuando después tiene que buscar algún alijo, en realidad lo que está buscando es su juguete", cuenta el cabo.
Otra peculiaridad de los perros policía mostoleños es que viven con sus guías. Ninguna otra Unidad Canina convive con los agentes, salvo los perros de la Ertzaintza . La razón de la convivencia es que, como cuenta uno de los agentes al cuidado de los perros, "se gana apego con el animal, más fidelidad". Por eso, cualquier policía no puede entrar en la Unidad Canina. "Los guías tienen que ser gente amante de los animales y que no les importe tener uno en su casa", señala José Castellano.

La Unidad Canina de Móstoles se creó en diciembre de 1995 y desde entonces, la Policía Local ha cerrado más de 60 bares por temas de droga y se ha erradicado el trapicheo de estupefacientes en los parques de la localidad, que, como advierte el cabo, "es lo que preocupa al vecino".
Las anécdotas son múltiples desde que empezaron a patrullar. Los perros han ayudado a localizar droga en los lugares más inverosímiles. "Se ha encontrado droga en pipicanes, en bricks de zumo, entre estiércol, en cafeteras o en un doble fondo de un cubo de una fregona", recuerda el cabo Castellano.

Pero sin duda una de las anécdotas más curiosas la protagonizó la rotweiller Blanca. En un bar, buscando posibles sustancias, la perra señaló un recogedor. Por más que miraban los agentes el recogedor no veían que contuviera nada. La perra siguió insistiendo hasta que finalmente descubrieron que la heroína estaba oculta en el tubo del recogedor.
En otra ocasión, en un bar que estaba a diez metros de un colegio, otra perra que estaba ya a punto de jubilarse marcó un futbolín y un billar como los sitios donde estaba la droga. La Policía Nacional no terminaba de creerlo, pero tras romper ambas cosas, vieron que si que había droga. "Si el perro dice que hay droga, es verdad que la hay, nunca falla", concluye José Castellano.