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La educación, una prioridad

La educación, una prioridad

miércoles 04 de enero de 2012, 09:07h
    España es uno de los países del mundo occidental con peores resultados educativos. Y, además, cada ministro de Educación intenta "inventarse", como quien saca un conejo de la chistera, una reforma que antes afecta hasta a los contenidos de los libros de texto, que ahora están en el paquete de las transferencias a las comunidades autónomas.

     Vamos a darle un voto de confianza al nuevo ministro de Educación, a José Ignacio Wert, que no ha planteado una reforma a su manera o según sus gustos, sino que ha llamado a la sociedad a un gran pacto que parta del principio de que la educación es la base del futuro, y de que el primer objetivo que tiene un país es la formación de sus ciudadanos. Primero hay que hacer un análisis de lo que ha pasado y de lo que está ocurriendo (de por qué aparecemos en el vagón de cola en el informe PISA y en otras evaluaciones) para, después, establecer unos mínimos comunes de un sistema educativo que tiene que debe ser aplicado en toda España. Y, después, garantizada esa base sustancial, que cada comunidad añada sus peculiaridades idiomáticas, históricas, artísticas, etcétera. Pero si sumar, restar, multiplicar y dividir son disciplinas iguales y comunes para todos los españoles, también lo son la Alhambra de Granada, el Quijote o la arquitectura románica.  Y, sobre todo, deben serlo el aprendizaje del esfuerzo, la cultura de la excelencia, la ética de la responsabilidad, la destreza para la convivencia y para el respeto mutuo.
    Hay muchos campos en los que trabajar cuando hablamos de educación: la autoridad del profesor, tan degradada; la implicación de los padres como primeros agentes del sistema educativo; la adecuación de los libros de texto, como herramientas, a los fines que se persiguen, heredando y compartiendo entre los hermanos esos libros, como ocurría en otros tiempos; la implantación de las nuevas tecnologías de un modo serio y eficiente, que nada tiene que ver con "jugar a marcianitos" en las aulas; el estímulo de valores como la austeridad, la higiene física, la vida sana, la práctica del deporte que sea mucho más que discutir sobre el Barça o el Madrid en los recreos.

     Son, amigos, muchas pequeñas cosas que, en el fondo, sustentan un asunto principal para un país. Con la educación somos más cultos y más personas y más libres. Por eso, en los países dictatoriales, se sustituye la educación por el adiestramiento, y la cultura por la ortodoxia ideológica de la tiranía de turno. Afortunadamente, España es un país libre pero, hoy por hoy, el sistema educativo español no supera el control de calidad. Ahí tenemos todos, y no sólo el ministro José Ignacio Wert, una gran tarea por delante.
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