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Sobre Fraga y algún pequeño anecdotario

Sobre Fraga y algún pequeño anecdotario

lunes 23 de enero de 2012, 11:50h
En la muerte de Manuel Fraga lribarne (D. Manuel para muchos de sus amigos y seguidores), no está de más hacer una breve reflexión sobre su personalidad, que pervivirá mucho más allá de su desaparición.

Sin duda alguna, D. Manuel siempre ha sido un hombre controvertido, con grandes seguidores y admiradores y también detractores y adversarios, pero eso es consustancial a cualquier gran hombre, y D. Manuel lo era en el más amplio sentido de esta expresión. Ciertamente hay que reconocer que un hombre de grandes excesos, para lo bueno y para lo menos bueno, con luces y sombras en su vida, lo cual es muy normal en personas de gran calidad y categoría como él, pero, si hacemos un balance de lo que ha sido aquella vida pública, el saldo es muy positivo.

Los que hemos estado a su lado durante largos años y hemos vivido intensamente su peripecia política, por ejemplo cuando fue Vicepresidente y Ministro de la Gobernación, y después en la fundación de Alianza Popular, e incluso en la refundación de ésta en 1.989 para constituir el actual Partido Popular, somos testigos de excepción de su talante, de su talento, y de sus virtudes, que eran muchas, más de las que el común de la gente puede suponer.

Si algo caracterizó a D. Manuel era su amor a España, su amor a Galicia, su lucha por evitar un nuevo enfrentamiento entre españoles y la búsqueda de la libertad, la democracia y la tolerancia como ejes fundamentales sobre los que construir un futuro y un sistema político democrático mejor para los españoles.

Como todo ser humano, tuvo aciertos y errores, pero, en cualquier caso, siempre prevalecieron aquéllos sobre éstos, y fue un ejemplo de generosidad y comprensión hacia todos, incluso hacia los que le combatieron duramente en el mundo de la política.

Jamás guardó rencor a nadie, ni siquiera a los que le traicionaron en algún momento de su vida pública, y, si bien en alguna ocasión su genio prevalecía sobre la moderación y te echaba una "filipina" como me sucedió alguna vez, enseguida se le olvidaba y muchas veces te invitaba a almorzar, en modestos restaurantes, como me sucedió en 1.977, donde el entrecot que pedimos estaba tan duro que había que cortarle una "radial", lo que me obligó a decirle que "la próxima vez que me invitase a almorzar elegiría yo el restaurante, porque no era bueno que nos dejásemos la dentadura en dicho trance".

En su compañía he recorrido más de media España, inaugurando sedes de AP, luego CP (Coaición Popular), dando mítines en campañas electorales         o, simplemente,         buscando     personas     adecuadas     para constituir comisiones gestoras o comités ejecutivos en pueblos y ciudades;     aguantando     las     "ocurrencias"     de     algunos     personajes absolutamente "delirantes" y de otros que ofrecían fórmulas mágicas para ganar elecciones. España, al menos entonces estaba poblada de gentes "bienpensantes" y "bienintencionadas" que tenían recetas para todo, incluso para encontrar la "piedra filosofal", o algo así.

Recuerdo los viajes que hice a Londres con otros amigos, en su etapa de embajador, y los paseos que nos daba por Hyde Park y sus buenas recomendaciones para que fuésemos a misa el sábado por la tarde o el domingo por la mañana, lo que casi nunca cumplíamos, diciéndole la mentira piadosa de que habíamos hecho caso de su indicación.

También recuerdo las traiciones de algunos y su generosidad en recogerlos años después e invitarles a participar en el proyecto que hoy es el Partido Popular, pues su obsesión por unir a gentes variadas y en algunos casos variopintas, para construir el centro derecha, le llevaron al exceso de admitir en sus filas a algún personaje "peculiar" como aquel que siendo candidato a las elecciones generales por Sevilla, en la campaña de 1.979, quería acudir al mitin de cierre de AP, que se celebraba en un teatro, luciendo un sombrero cordobés y montado en un caballo blanco, lo que hubiera sido motivo de "chufla" y "cachondeo" por parte de todo el mundo.

En el fono D. Manuel siempre fue un gran ingenuo que creía en la bondad de los demás y en los títulos académicos de gentes que ni siquiera habían terminado el Bachillerato. Eso demuestra su grandeza y su categoría humana. Aún recuerdo cuando al principio de 1.979 llegó a la calle Silva n° 23 un individuo de blanco que quería un despacho, todo blanco, mesa y sillas blancas, y una guitarra blanca (esto último no sabemos todavía para que pues dijo ser psicólogo) y tenía que psicoanalizar a los candidatos, entre ellos, a D. Manuel. Cuando se lo dije; montó en cólera y me obligó a que le echara, por las buenas o por las malas, porque "semejante botarate no tiene sitio en un partido político y a mí no me psicoanaliza ni S. Freud, aunque viviera".

En definitiva, sólo cabe añadir, a este breve comentario sobre D. Manuel, que era, entre otras muchas cosas, un hombre sabio, en el sentido aristotélico de la palabra, honesto, culto y portador de grandes virtudes humanas, así como un intelectual de primera, que había leído todo lo que caía en sus manos y de casi todo sabía.

España y muchos españoles recordarán siempre a D. Manuel, ahora que no esta entre nosotros, y su ejemplo será un referente político, ético y moral para quienes le conocimos y aprendimos tantas buenas cosas de su magisterio. Descanse en paz un hombre preclaro y ejemplar, que son de los que nacen muy de tarde en tarde.


Carlos Argos García
Abogado
Fue Jefe del Gabinete Técnico del Vicepresidente del Gobierno y Ministro de la Gobernación, D. Manuel Fraga lribarne y durante los años fundacionales de Alianza Popular.
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