miércoles 24 de octubre de 2007, 19:58h
El columnista no puede menos que compadecer a Víctor Morlán, el secretario de Estado de Infraestructuras, instalado en Barcelona para controlar e intentar paliar –fue el mandato de la ministra de Fomento-- el, desde enero, ya de por sí caótico sistema ferroviario barcelonés. Sobre él están lloviendo gran parte de los justificadísimos palos. Si terrorífica fue la situación de colapso creada a principios del verano, con la vuelta delas vacaciones, pese a lo dicho por la ministra, de que a partir del 30 de septiembre o del 4 de octubre, el ciudadano iba a notar sensibles mejoras en la red de Cercanías. La situación actual hace que las palabras de Magdalena Álvarez suenen a sarcasmo, a mofa y a befa, más propias de una Cruella de Ville doblada de dominatrix en el Palacio del Sado, que de una ministra consciente de la responsabilidad que contraía ante los ciudadanos y usuarios.
La última excusa, que uno no se cree ni harto de Jumilla, es la insinuación de que José Miguel Villar Mir, ministro en el último gobierno de Carlos Arias Navarro, ha hecho que su empresa OHL sabotee el tramo de obras a ella encomendado, que son dos kilómetros muy cerca ya de la Estación de Sants, justamente en los que se abrieron, desde el sábado pasado numerosos socavones. El razonamiento utilizado es de barata novela policíaca. Villar Mir está enfrentado con el Ministerio de Fomento a cuenta de una mina de cuarzo, la de Serrabal, en Galicia, por parte de la cual discurre el trazado del AVE a Ourense-Compostela-Vigo. En su momento, Álvarez Cascos, titular de Fomento en el último gobierno del PP, le ofreció a Villar Mir 895 millones de euros. Un dislate, dicho sea de paso. Por su parte, Álvarez, que no parece tener demasiado interés en la llegada del AVE a Galicia (se fija hacia el 2012), ofrecía 5,5 millones de euros, aunque sin atreverse a iniciar los trámites de la expropiación forzosa. Las incidencias de estos días en el AVE barcelonés, serían la forma de Villar Mir –según apuntan desde Fomento—la forma de presionar.
Bueno, pues no me lo creo. Ninguna empresa de obras públicas, que vive de los contratos de la Administración, por litigios que con ella tenga en otras zonas geográficas, haría semejante cosa. José Miguel Villar Mir no será una lumbrera –recuérdese la que montó intentando hacerse con la presidencia del Real Madrid—pero no es tan obtuso como para realizar semejante jugada. Naturalmente, OHL, como cualquier otra empresa tiene ánimo de lucro y realiza –a poco que la inspección no esté encima de ella— sus trabajos buscando el menor coste posible. No es la única empresa. Ni la última. Y eso nos lleva a la chapuza (OHL no hizo caso de las indicaciones de los técnicos supervisores de la Administración, que le instaron a que debía consolidar el subsuelo del tramo averiado), categoría funcional de la que no están exentos ninguno de los organismos implicados (Renfe, Adif, Ministerio de Fomento). Las prisas son malas consejeras y el columnista tiene constancia de las constantes prisas que Magdalena Álvarez ha ido metiendo para finalizar las obras.
El problema, por tanto, no es ya de la Administración anterior –que tiene parte importante de la culpa, con lo que el Partido Popular haría santamente en sino callarse, rebajar el tono y el volumen de sus alaridos— sino de que, en los tres últimos años, se han gestionado mal, por no decir pésimamente las obras del AVE y las consecuencias que tienen para la red ferroviarias de Cercanías de Barcelona. Naturalmente, tanto la Generalitat de Catalunya, como los ayuntamientos afectados, son víctimas inocentes del desaguisado. Inocencia que alcanza al presidente de la Generalitat, José Montilla, pese a su mutismo público –al fin y al cabo en Madrid hay un Gobierno socialista—en la petición de responsabilidades a la ministra de Fomento y, por descontado, a quien –desacertadamente para muchos—la nombró.
[Estrambote técnico: en toda la red existente en Europa de trenes de alta velocidad, sólo hay una estación soterrada, la de París-Montparnasse, el resto de las estaciones están a cielo abierto. La de Barcelona-Sants será la segunda en hacerlo. Ya cuando el Gobierno del PP empezó el proyecto, tanto la Generalitat de CiU como el Ayuntamiento de Barcelona, aparte de marear constantemente la perdiz por dónde debía llegar el AVE a Barcelona, insistieron en el soterramiento de la línea a su paso por la capital catalana. Esta exigencia ha multiplicado por tres la dificultad de las obras].