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Europa se enfrenta a un reto a gran escala con las nuevas tecnologías

Un antecedente del espionaje norteamericano y británico: la red Echelon, base del 'programa Prism'

Un antecedente del espionaje norteamericano y británico: la red Echelon, base del 'programa Prism'

jueves 20 de junio de 2013, 13:29h
La canciller alemana, Angela Merkel, ha dado un tirón de orejas al presidente norteamericano, Barack Obama, por el 'programa Prism' de espionaje informático. Días atrás se había descubierto cómo los Gobiernos norteamericano y británico utilizaban sus servicios para espiar a diplomáticos, políticos, empresas... Pero esto no es nada nuevo: ¿acaso hemos olvidado la Red Echelon? Desde finales de los 90 sabemos que nuestras conversaciones, faxes y correos electrónicos son escaneados por grandes superordenadores al servicio de las agencias norteamericanas de espionaje. Esa red, que traspasaba fronteras y vulneraba constituciones, se llamaba 'Echelon'. Ahora ocurre más de lo mismo, pero bajo el nombre de 'programa Prism'.
El mundo empezó a conocer a partir de 1998 las primeras asombrosas noticias sobre que la ciudadanía no estaba segura: era espiada por Estados Unidos a través de una compleja red de computadoras. Lo peor es que no se trataba de algo de última hora, ni se limitaba tampoco al terrorismo, sino que todo ese gigantesco sistema de interceptación llevaba husmeando en el tráfico civil políticos, diplomáticos, empresarios...- desde su concepción en los años setenta del siglo pasado.

Al principio no se creyeron esas informaciones, pero en febrero del año 2000, el Parlamento Europeo conoció un completo informe redactado por el experto británico Duncan Campbell donde se especificaba el espionaje de Echelon. A partir de ahí, todos tomaron conciencia de que las nuevas tecnologías, que ya empezaban a aflorar, lejos de facilitarnos la vida, nos la complicaban más: perdíamos en libertad y perdíamos en seguridad.

El informe de Campbell era demoledor. Se conoció que la red ultrasecreta Echelon se creó a principios de la década de los setenta y fue ampliada entre 1975 y 1995. Estaba dirigida por la NSA norteamericana y la agencia británica Comunicaciones Gubernamentales (GCHQ) y en ella participaban Canadá, Australia y Nueva Zelanda. La Administración Clinton se vio obligada a desclasificar los primeros papeles que hablaban de Echelon, a instancias de científicos de la Universidad George Washington.

Dos millones de mensajes por hora

Lo ocurrido ahora es muy parecido a lo que pasaba antes: es prácticamente lo mismo, los mismos perros con distintos collares... Entonces, con unos recursos financieros colosales, una red de 120 satélites y las tecnologías más sofisticadas, cada hora más de dos millones de mensajes pasaban ya bajo el tamiz de Echelon, menos de los que parece que pasan ahora por el programa Prism. Ni los cables de telecomunicaciones submarinos ni el correo electrónico escapan al control de la alianza entre EEUU y Gran Bretaña, que se sigue manteniendo.

Lo importante de todo es que, hoy como ayer, se trata no sólo de espionaje político, sino también económico para que empresas del mundo anglófilo puedan disfrutar de información privilegiada. Lo mismo que en Echelon: entonces, las empresas norteamericanas provocaron la pérdida a Airbus y a Thomson de contratos multimillonarios.

El informe de Campbell sobre Echelon, presentado el 23 de febrero de 2000 en la comisión de Libertades Públicas del Parlamento Europeo no sólo ponía los pelos de punta; es que avanzaba en lo que ha venido ocurriendo hasta ahora. Se conoció entonces que la Agencia de Seguridad norteamericana también utiliza programas automatizados para succionar el correo electrónico y los mensajes a través de nueve puntos neurálgicos de Internet en EEUU.

Dos de aquellos nódulos estaban directamente controlados por la Administración norteamericana: College Park, en Maryland, y Mountain View, en California. Los principales centros de intercepción y rastreo de comunicaciones de Echelon se encontraban situados en Menwith Hill (Gran Bretaña), Bad Aibling (base militar en Alemania) Sugar Grave (Virgina, EEUU), Sabana Seca (Puerto Rico), Leitrim (Canadá), Shoal Bay (Australia) y Waihopai (Nueva Zelanda), según reveló la revista Tiempo.

Los 'diccionarios' para filtrar información

Echelon contaba ya entonces con unos superordenadores especiales, denominados "Diccionario", que eran capaces de almacenar un amplio banco de datos sobre objetivos específicos partiendo de un nombre, una dirección, un número telefónico u otros criterios seleccionados.

Funcionaba así: cuando un satélite detectaba una comunicación interesante, el mensaje se seleccionaba y se enviaba a determinada carpeta en los centros especializados de la NSA y del GCHQ. Allí, un agente lo leía y le daba el curso correspondiente, con copia a la NSA. Los servicios británicos recibían las comunicaciones en Westminster, en el corazón de Londres, donde disponían de uno de esos superordenadores 'Diccionario'.

El sistema que se utilizaba era el de la preselección de los números de teléfono, pero también algo que se ha desarrollado extraordinariamente desde entonces: las identidades fónicas (la huella vocal individual).

Una red de espionaje comercial

El descubrimiento tanto de los manejos de Echelon como ahora de Prism lo que ha hecho es poner sobre el tapete un problema fundamental: el espionaje comercial. La red sajona de Echelon (denominada también Ukusa debido a que éstas son las siglas, en inglés, de Estados Unidos y del Reino Unido) utilizaba 120 satélites para interceptar las comunicaciones. Ahora parece que en su nueva formulación tiene aún mayor potencia.

Y ahora, igual que ayer, parece que la información susceptible de tener relevancia económica o comercial era transmitida por la NSA a las compañías norteamericanas para ayudarlas en sus operaciones y contratos internacionales. A nadie escandalizará recordar que la NSA, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Departamento de Comercio habían firmado el 5 de mayo de 1977 un acuerdo para crear una oficina de enlace que canalizara toda esa información, denominada Oficina de Apoyo Ejecutivo.

Los Gobiernos europeos, de momento, no han tomado ninguna decisión, pero el Gobierno de Merkel se ha pensado seriamente demandar judicialmente a Estados Unidos y al Reino Unido por espiar sus comunicaciones. El propio rotativo The Guardian destapó el escandalazo sobre que el servicio de inteligencia británico espió teléfonos y correos electrónicos de integrantes de dos cumbres del Grupo del G-20. Ahí es nada.

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