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¿De verdad podemos?

¿De verdad podemos?

lunes 28 de abril de 2014, 21:32h

Se presenta por vez primera una iniciativa, plataforma, o lo que sea, con la finalidad de combatir la corrupción instalada en el gobierno, en la oposición y hasta en el sursum corda, con toda la voluntad del mundo para acabar con el maniqueísmo político que nos lleva a la deriva, nos pongamos como nos pongamos. Dicen los promotores de esta iniciativa ciudadana que "La política es demasiado importante como para dejarla en manos de los políticos, esa casta de señores encorbatados a los que no les afectan los recortes"

Yo creo, desde mi modesta opinión, que no tienen nada que ver las corbatas, ni las formas más o menos elegantes de vestir, que podrían reflejar una imagen de derechas. La política, según la estamos viviendo en esta época de principios del siglo XXI, ni siquiera es patrimonio de la izquierda. Ya no quedan descamisados, ni mitineros en traje de pana, ni siquiera semblantes enjutos y barbudos que distinguían a los artífices de la izquierda de los años ochenta. Tampoco queda nada de aquellos elementos que habían mamado la política desde la cuna. Hoy todo se mezcla, y los que antes parecían una cosa, ahora son otra. Los rojos de la chaqueta de pana veranean y disfrutan en un yate de la misma eslora que los puros habanos que se fuman, no se si todavía con cargo al amigo cubano o de la tabacalera española de toda la vida, pero el caso, es que engordan como los de la derecha y adolecen de los mismos males.

Debe ser que el capital actúa como una droga, que el hambre se sacia comiendo, y que la sed se combate bebiendo, algo se eso nos dice la Biblia. Pero el caso es que sea el capital o la desidia de quien nos gobierna, el pueblo cada vez está más harto, y que ya no tiene más tragaderas, y de tan hinchado que está puede reventar en cualquier momento. Cada día el despropósito se hace más patente, los bancos cercenan cuellos inocentes a la misma velocidad que la justicia; perdón, la injusticia, se ensaña con ellos. Ya no altera la conciencia ver en la calle a un ser humano de la edad de nuestros padres, como no alteraba antaño que la ETA matase a un servidor de las fuerzas del orden u a otro, al final todos eran números; estadísticas.

Pablo Iglesias es el líder de esta plataforma, o iniciativa. Su nombre, sin embargo, podría ser la esperanza de mucha gente que tuvo como axioma a otro como él, otro luchador que revolucionó a las masas e hizo cambiar el rumbo de las cosas y de los acontecimientos. Hoy en día no sólo hacen falta voluntades, plataformas o partidos, lo que la sociedad española necesita es una verdadera revolución. Siempre hemos dicho que España camina equidistante de otros puntos de Europa, de otros países, de otros tiempos, y es cierto, España necesita una revolución del 68 que nunca tuvo, necesita acabar de una vez por todas con esa transición interminable que nos resta identidad ante el mundo, que enquistece las relaciones con las propias identidades nacionales que configuran la Carta Magna, pero sobre todo, que entristece a los ciudadanos del propio país.

España no puede ni debe hacerse la pregunta ¿Podemos? No puede asistir de espectadora en un devenir histórico que le afecta intrínsecamente. Los españoles podemos y lo hemos demostrado a lo largo de la historia cientos de veces. Somos un león dormido que en cualquier momento puede despertar, y ya va siendo hora. Nos han traicionado todos, desde la Monarquía al último concejal de pueblo. Nos han quitado y recortado la vida misma, nos suicidan a diario los bancos y las financieras porque la justicia tiene los ojos vendados, o vendidos, pero no debemos ni queremos perder nuestra dignidad, sólo nos queda eso como ciudadanos en un país a la deriva, y estimando en lo que vale el sentido filosófico de ser español, yo pregunto; ¿podemos?

Ismael Álvarez de Toledo

Escritor y periodista

http://www.ismaelalvarezdetoledo.com

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